FUERA DE CÁMARA
España y una crisis nueva en el viejo continente (1)
Cesar Medina
lobarnechea1@hotmail.com
Detrás de las cifras fabulosas que montan los déficits fiscales de los países europeos, los costos de los rescates bancarios y de los presupuestos que se manejan para devolver la sanidad a economías que hasta hace unos pocos años parecían blindadas y nadaban en la abundancia, se esconden realidades tan complejas que llevan a pensar si en el catálogo de la teoría económica hay recetas válidas para problemas con características estructurales más que pasajeras.
Y más allá de lo meramente académico hay otra realidad, dolorosa por demás, que amenaza con desembocar en estallidos sociales cuyos resultados son imposibles de proyectar y mucho menos de predecir.
En España, por ejemplo, donde me desempeño como embajador desde hace más de tres años, de cada 100 personas adultas económicamente activas, 25 están desempleadas, en el paro, como le llaman aquí.
De cada dos jóvenes, uno está sentado en su casa, imposibilitado de encontrar ocupación en una economía que oficialmente entró en recesión.
Portugueses, irlandeses, griegos e italianos no andan mejor que los españoles. Porque en España, por lo menos, el cáncer está diagnosticado y aún no se encuentra en fase terminal.
Pensiones en Europa
Las pensiones son el sueño dorado de todos los europeos. Nadie quiere ponerse viejo, pero todos siempre piensan en el retiro. Porque si los años llegan como quiera… ¡que vengan con una buena jubilación!

Pero ahora mismo ese sistema está puesto en duda. O, por lo menos, el régimen que lo ordena tendrá que ser necesariamente modificado. Este es un tema tan curioso que en Europa se dice que sólo algo así podría unificar el interés de los más viejos con el de los más jóvenes. Los primeros porque quieren irse a casa ante de los 65, los otros porque quieren salir de casa antes de los 18.
Unos y otros se juntan en la calle para protestar, son los “indignados”, para quienes la edad no cuenta. Los muchachos buscan trabajo; los viejos, dejar el trabajo. El hecho es que todos andan por ahí “acojonados” y agobiados por la crisis.
¿La Tierra Prometida?
Europa hace rato dejó de ser la tierra prometida para los inmigrantes del mundo en vías de desarrollo. Nuestro país, en particular, siente ya las turbonadas financieras: Las remesas y el número de turistas bajan, el desempleo entre los dominicanos en Europa alcanza cada vez cotas más elevadas.

Muchos han puesto proa otra vez hacia la isla. Sin un céntimo de ahorro, “sin curro”, sin casa…Llevándose sólo los recuerdos.
A mi Embajada llegan todos los días compatriotas que quieren regresar, pero no tienen ni siquiera cómo pagarse el billete de avión. Los consulados dominicanos en España viven llenos de criollos que no pueden ni siquiera renovar sus documentos de viajes, pasaportes, DNI, actas de nacimientos… Y los capítulos para esas eventualidades están agotados.
 Los cónsules y el personal de apoyo en esas oficinas están con el grito en el cielo, porque de los ingresos por esos servicios es que tienen que sacar para cubrir la burocracia de las oficinas, nóminas, alquileres de locales, agua, luz, recogida de basura, impuestos… todo.
Pero más que todo eso, cubrir el alto costo social que generan más de 150 mil dominicanos, con un 37 por ciento en el paro— ese es el porcentaje de parados en la comunidad de inmigrantes, 12 por ciento más que el promedio nacional—, sin contar con el necesario apoyo que es preciso dar a los familiares de quienes mueren aquí y acuden a las oficinas consulares como último recurso para repatriar sus cadáveres. Es una situación realmente dramática.
El anterior cónsul, Marcos Cross, logró hace unos cuantos años establecer un sistema de igualas con una compañía de seguros para garantizar la repatriación de quienes mueran en este exilio económico. El pago anual es módico, menos de 50 euros, y el consulado en Madrid cubre la mayor parte. Pero la mayoría ha perdido ese beneficio porque ni siquiera esos 50 euros pueden pagar.
Origen de la crisis
La crisis se incubó originalmente en los Estados Unidos con las hipotecas basuras y su embalado de sofisticados instrumentos financieros que, como una peste, han contagiado a la gran banca. La burbuja de los precios ascendentes de los bienes raíces explotó.

La prensa española recoge hoy el dato de que entre el 2007 y el 2010, el hogar promedio norteamericano perdió el 39 por ciento de su riqueza, de acuerdo a cifras de la Reserva Federal. O sea, que el mundo desarrollado ha pasado a ser en apenas tres años, mucho más pobre en casi un 50 por ciento de sus ingresos promedios. Y consecuentemente los ricos han perdido la mitad de sus riquezas.
Pero las perspectivas europeas son las más preocupantes. Dada la integración, a todos los niveles, el contagio es mayor. La quiebra de Grecia causa escalofríos, por ejemplo, en la banca española, francesa y alemana, con préstamos billonarios a empresas y entidades financieras helénicas.
La misma historia se repite en Portugal, donde los capitales españoles son importantes, lo mismo que en Irlanda, con un cordón umbilical que la une directo con Londres. La bancarrota de Islandia causó pérdidas importantes a ayuntamientos ingleses que tenían sus depósitos allí, y ni hablar de los estragos que provocó en los fondos de pensiones, incluyendo los de algunas policías municipales.
Hace apenas unos días España obtuvo 100 mil millones de euros en préstamos de la Unión Europea para apuntalar su tambaleante sector financiero. Pero esto ha puesto al descubierto el desvertebramiento de la solidaridad intraeuropea con Alemania jugando con cartas marcadas en una crisis que cada vez fortalece más su economía y deja a sus socios más débiles– incluyendo a España– hipotecados por los siglos de los siglos.
¿Que cómo saldremos los dominicanos perjudicados aún más de este embrollo europeo…? Ya veremos mañana. 

Por Domingo.com/la Revista

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