Ya no se escucha el restallar de los látigos en los campos de caña de las Antillas, ni en los cafetales de Brasil o los algodonales de Luisiana, pero la esclavitud sigue en vigor en pleno siglo XXI. Resulta casi asombroso, pero hoy, cuando se calcula existen unos 30 millones de esclavos en todo el mundo, más que en cualquier momento dado de la historia, este sistema de explotación resulta menos visible que nunca antes. La ilegalidad actual de este comercio contribuye a la forma discreta en que se lleva a cabo y por ello resulta menos evidente a los ojos de las personas. Sin embargo, desde los albores de la humanidad esta forma de explotación del trabajo ajeno sigue basándose en el mismo principio de que los propietarios de esclavos son dueños de otros individuos para su beneficio. Oficialmente, la esclavitud quedó abolida en la mayoría de los países a fines del siglo XIX, por lo menos en lo que respecta al gran tráfico esclavo entre Africa y América, una de las instituciones más vergonzosas de la historia. El último país en declarar ilegal la esclavitud fue Mauritania, en 1981, pero incluso allí no fue considerada un delito hasta agosto de 2007. También existe la esclavitud por deuda, a veces contraída por la familia generaciones atrás, sistema que persiste hasta hoy en muchas partes de Asia y Africa. En teoría, el desarrollo del capitalismo industrial en Europa y Estados Unidos eliminó la necesidad del trabajo esclavo, pues resultaba más caro seguir pagando a los capataces que contratar a obreros asalariados. Pero el crecimiento de la miseria y el hambre, sobre todo en los países del Tercer Mundo, y el abaratamiento del costo del tráfico esclavista, sigue siendo, al igual que la servidumbre, una institución que rinde grandes dividendos en la actualidad. Durante la trata de esclavos de los siglos XVI al XIX, un individuo capturado y llevado a América resultaba una gran inversión y por lo general ser propietario de muchos esclavos era uno de los signos de riqueza. Hoy el moderno trabajo esclavo consigue producir extraordinarias ganancias, en dependencia del sector de actividad, pero el valor intrínseco del individuo puede ser de sólo unas decenas de dólares. En vez del látigo, el método para conseguir la sumisión se basa en la miseria, las amenazas, la coacción y el sometimiento económico y sicológico. Se ha calculado que el trabajo esclavo mueve anualmente, en sus diversas formas, una cifra superior a los 90 mil millones de dólares, sólo superada en la categoría de los negocios ilegales por la venta de estupefacientes y el tráfico de armas. Algunos estudios de las Naciones Unidas y de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) indican que las mujeres y los menores de edad son las principales víctimas de esta situación, sobre todo en lo que respecta a la explotación sexual. Según los cálculos, alrededor del 80 por ciento de quienes sufren la esclavitud moderna son féminas, de las cuales el 70 por ciento termina como un valor mercantil en el negocio del sexo. Además, aunque resulte increíble, el trabajo infantil es ampliamente explotado, sobre todo en las labores en que se requiere gran cantidad de mano de obra, tales como en minas clandestinas o en las cosechas. En mayor o menor medida muchos países, incluso del mundo industrializado, son afectados por el tráfico de mano de obra esclava. En los propios Estados Unidos, según calculan fuentes oficiales de ese país, se introducen cada año entre 14 mil y 17 mil 500 personas en forma clandestina para el comercio sexual, la servidumbre doméstica o labores agrícolas. Entre 52 mil y 87 mil son explotados de manera permanente mediante el sistema de esclavitud por deudas contraídas, virtualmente a los ojos de todos, reconocen las autoridades. De igual manera algunos países europeos están preocupados por el tráfico de menores, sobre todo de féminas, desde Europa del Este, particularmente de Rumanía. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) calcula que se ha vuelto muy lucrativo el comercio de menores como si fueran mercancía y que alrededor de 1,2 millones de niños son traficados cada año. La OIT afirma que existen en el planeta unos 246 millones de niños explotados laboralmente, el 75 por ciento en ambientes peligrosos, minas y fábricas, en contacto con pesticidas y otras sustancias químicas. 
Por Julio Hernández 

Redacción de Servicios Especiales(PL) 
 arb/jhb

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