Berlín: Conferencia funesta
Por Roberto Correa Wilson

Entre fines de 1884 y comienzos de 1885 se celebró en Berlín, capital del imperio alemán, una conferencia en la que participaron las principales potencias europeas con el objetivo de repartirse en zonas de influencia el continente africano. En la práctica, las ambiciones territoriales provocaban graves desencuentros como el ocurrido entre Francia y Reino Unido por la posesión de Mauricio en el océano Indico, que después de violentos combates quedó en poder de los últimos. Con el reparto de Africa, entre otros fines, la Conferencia intentaba evitar esos enfrentamientos por el dominio de nuevos territorios donde eran comunes el robo de los recursos naturales y el desprecio de los derechos de la población nativa. No fue una simple coincidencia la presencia en el cónclave de varias de las naciones que participaron activamente en la Trata de esclavos, iniciada en el siglo XV con la llegada de los primeros conquistadores europeos. El comercio de esclavos lo inauguraron los súbditos de Portugal, que en esa centuria habían convertido en colonia a Brasil y hacia la naciente posesión eran enviados los africanos capturados en regiones del occidente continental. En un principio los portugueses disfrutaron del monopolio de la Trata, pero en el siguiente siglo, en la medida en que Reino Unido, Francia, España y Holanda establecieron un gigantesco sistema colonial en todas las Américas y las Antillas, se generalizó esa práctica. Traficantes de esas naciones convirtieron amplias zonas africanas en un coto de caza de hombres y mujeres para enviarlos al llamado Nuevo Mundo, ante las demandas de hacendados de mano de obra para trabajar en régimen esclavista en las plantaciones agrícolas. Lugares como Gorée en Senegal, Freetown en Sierra Leona, Guinea Bissau o Sao Tomé y Príncipe fueron convertidos en almacenes de esclavos desde donde eran trasladados en barcos negreros con inhumanas condiciones para la travesía. La Trata beneficiaba económicamente a los traficantes, mientras en las colonias los dueños de plantaciones se enriquecían con el trabajo de los esclavos, para quienes reservaban un trato abusivo y degradante, que motivó frecuentes sublevaciones antiesclavistas en los territorios colonizados. Según estudios realizados por especialistas, más de 20 millones de africanos arribaron a suelo americano y caribeño, en uno de los peores crímenes cometido por el hombre contra su semejante. En 1834 la Corona británica abolió la Trata en todas sus colonias. En el país europeo tenía lugar la Revolución Industrial y no era de su interés continuar el sistema esclavista, lo cual provocó el rechazo de los hacendados que hicieron todo lo posible para impedir su aplicación. La esclavitud no fue abolida de inmediato en todo el universo colonial. Las autoridades de Londres tuvieron que establecer bases navales en Africa para castigar a los traficantes empeñados en violar la norma. En América, Brasil fue el último país en poner fin a ese flagelo. En algunas partes, los manumitidos empezaron a trabajar en sus propias parcelas con los familiares, lo que significaba el inicio de una nueva vida; en otras, no escapaban a actos discriminatorios de la clase dominante. TRAS LA CONFERENCIA A la esclavitud siguió en Africa el colonialismo. En el siglo XVIII el sistema colonial se implantó en todo el continente y algunas metrópolis habían consolidado verdaderos imperios. Francia y Reino Unido se habían llevado la mayor parte en la conquista de nuevos territorios. La región del Maghreb, en el norte del desierto del Sahara, estuvo casi por completo bajo el dominio de la primera, que también se apoderó de países del occidente y centrales del continente. En el oeste constituyó la denominada Africa Occidental Francesa, que agrupó a varias naciones. El imperio galo en Africa estuvo formado por una veintena de naciones e igual cantidad de millones de kilómetros cuadrados. Reino Unido fue su gran rival en el control de vastas zonas. Sus colonias se extendían a todas las regiones con mayor presencia en el Cono Sur. El conjunto de sus posesiones ocupaba territorios no menores que los franceses. Reino Unido resultó la potencia dominante de la época. Portugal les seguía en el número de colonias ubicadas en áreas del occidente y una en el sureste africano. El Rey de Bélgica, Leopoldo II, uno de los más entusiastas gestores de la Conferencia, tuvo como recompensa la ratificación de su dominio sobre el Congo (actual República Democrática del Congo), tercera nación mayor del continente. En lo que pudiera considerarse el momento más importante del colonialismo en Africa, Alemania también tuvo colonias en el continente alentada por algunos de sus súbditos ante los avances de otras potencias, principalmente Francia y Reino Unido. Esa nación perdió todas sus posesiones al ser derrotada en la Primera Guerra Mundial (1914- 1918), y pasaron al poder de París y Londres. Las áreas de influencia de Italia, además de Libia, estuvo en el denominado Cuerno de Africa; España fue la de menor posesión. Los efectos de la Conferencia de Berlín se prolongaron hasta el fin del sistema colonial, ocurrido muchas décadas después de la desaparición física de sus gestores, tras una enconada lucha política o armada, protagonizada por los pueblos antes sojuzgados.

Por Roberto Correa Wilson
Periodista cubano especializado en política internacional, ha sido corresponsal en varios países africanos y es colaborador de Prensa Latina. arb/rcw

Por Domingo.com/la Revista

Tiene por propósito poner a disposición de nuestros amigos lectores temas e informaciones de carácter social, económico, político, entre otras variedades que le permitan tener informaciones veraces y oportunas para su formación e información. Por igual, nos proponemos empoderar a nuestros amigos lectores de conocimientos de prácticas de salud para una vida placentera y productiva.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: