COMANDO SUR DE LOS ESTADOS UNIDOS  MERODEA AMÉRICA DEL SUR Y EL CARIBE

Un nuevo contexto político en Suramérica, en el que predominan gobiernos progresistas enfocados en la integración y el desarrollo de sus pueblos, trasluce como la principal divisa para el incremento de la presencia del Comando Sur de Estados Unidos en esta región. Un área aparentemente descuidada por la gran potencia, enfrascada en su Estrategia de la Guerra Preventiva que llevó a la ocupación de Irak y Afganistán, vuelve a reforzarse como objetivo. La vigilancia militar sobre los abundantes recursos naturales del área, el afianzamiento de organismos como la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), forman parte de los motivos para la ofensiva del Comando sur. También sobresalen la sostenida intensificación de las relaciones de los países del continente con China, en particular los de la región andina, y el liderazgo y crecimiento económico de Brasil. El presidente de Bolivia, Evo Morales, alertó en diciembre último durante la cumbre fundacional de la Celac sobre las intenciones estadounidenses de incrementar sus enclaves militares. «No podemos permitir bases militares de Estados Unidos en nuestros territorios», subrayó el gobernante al expresar que la Casa Blanca tiene su mirada puesta en América Latina y el Caribe, especialmente en sus recursos naturales y en la desestabilización de los gobiernos soberanos de la región. Lo cierto es que Estados Unidos pretende recuperar su hegemonía en Suramérica y cercar a las potencias emergentes, según diversos analistas, entre ellos Elsa Bruzzone y José Luis García, del Centro de Militares para la Democracia Argentina. Para ese fin Washington se apoya en la instalación de bases militares bajo eufemísticos nombres o en la organización de maniobras como Fuerzas Comando 2012, realizadas en Colombia en los primeros días de este mes. Cooperación en seguridad, la lucha contra el narcotráfico, la influencia de China y Rusia en el continente, la inequidad y la pobreza, desastres naturales, son pretextos que figuran en la «Estrategia del comando sur de los Estados Unidos 2018, amistad y cooperación para las América». Con ellos el Comando, cuya misión es controlar la estabilidad política de Suramérica por medio de la instalación de enclaves estratégicos en los países del sur, repta por la región entre éxitos y fracasos. FRACASOS La frustración de su «misión humanitaria», a través de la cual Washington instalaría un Centro para Emergencias en el aeropuerto internacional de Resistencia, provincia argentina del Chaco, es uno de esos planes fallidos, gracias al rechazo popular y a la actuación del Gobierno de Cristina Fernández. El gobernador de esa provincia, Jorge Capitanich, en relación con militares y diplomáticos norteamericanos suscribió un acuerdo por medio del cual se autorizaba a fuerzas estadounidenses a utilizar el aeropuerto ante catástrofes naturales o epidemias. La cancillería y el Ministerio de Defensa argentinos suspendieron todos los acuerdos firmados entre las partes. No se puede olvidar un objetivo histórico de Washington: instalarse en la Triple Frontera, compartida por Argentina, Brasil y Paraguay, donde se localiza el Acuífero Guaraní, una de las mayores reservas de agua dulce del mundo. Una base militar en El Chaco, bajo el argumento habitual del combate al terrorismo, le brinda al Comando Sur una oportunidad ideal para monitorear el área de la Triple Frontera. Resalta como otro golpe a las aspiraciones de dominación de Washington el obligado abandono por parte las fuerzas estadounidenses de las instalaciones ocupadas en la Base Militar de Manta, en un área adjunta al aeropuerto internacional del mismo nombre en Ecuador. Manta era el principal centro de espionaje electrónico con tecnología satelital del Pentágono en América del Sur, desde donde partían cada día a su rutina aviones espías Orion C-130 de la armada de Estados Unidos. Esa base formaba parte de una estructura militar estratégica de interrelación entre Centros Operativos de Avanzada, junto con Comalapa, en El Salvador; Reina Beatriz, en Aruba; y Hato Rey, en Curazao. Según el Departamento de Defensa de Estados Unidos, los cuatro sitios juntos cubrían un área geográfica más grande que la Base Aérea Howard, en su territorio continental, y ofrecía una cobertura más profunda. AMENAZANTES ÉXITOS No obstante, nuevos éxitos apuntalan el afán del citado Comando estadounidense por afianzarse en Suramérica. El pasado 5 de abril, autoridades chilenas y norteamericanas inauguraron el «Centro de Entrenamiento para Personal de Operaciones de Paz en Zonas Urbanas». El emplazamiento edificado en el Fuerte Aguayo de Concón, Valparaíso, imita una zona urbana, con ocho modelos de edificios. Fue construido con un aporte de casi 500 mil dólares proporcionados por el Comando Sur de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos bajo el subterfugio de que sirve para «ejecutar operaciones de mantenimiento de paz o de estabilidad civil», según la propia embajada norteamericana. Por supuesto, la instalación con la venia del presidente Sebastián Piñera, la que apunta a la estrategia de control y militarización del Océano Pacífico desarrollada por Estados Unidos, ha generado el rechazo de organizaciones civiles del país y del continente. En Uruguay, según recientes denuncias, «desde el pasado 15 de mayo fuerzas especiales de Mar, Aire y Tierra (SEALs por su sigla en inglés) de la IV Flota de la Marina norteamericana (Comando Sur) están» en el país. Los analistas Bruzzone y García advierten en un reciente artículo que las fuerzas estadounidenses llegaron para «entrenar a efectivos del Cuerpo de Fusileros Navales de la Armada Nacional en Contra Interferencia Ilícita de Buques, por solicitud de la Armada uruguaya. El embajador argentino en Guatemala, Ernesto López, al referirse a esta situación expresó que «la costa uruguaya es hoy un teatro de operaciones de la fuerza militar más letal de los Estados Unidos: los temibles marines SEALs», refiere el texto de Bruzzone y García, titulado Una avanzada del Comando Sur en Uruguay. El comando entrena al Cuerpo de Fusileros Navales uruguayos, y «el Consejo de Defensa regional no fue consultado al respecto», subrayó el diplomático. Las SEALs constituyen un cuerpo de tropas especiales de la Armada norteamericana y normalmente actúan por afuera del protocolo militar clásico, lo que les permite realizar operaciones al nivel más alto de la clasificación y, a menudo, fuera de los límites del derecho internacional. BASES MILITARES Según una investigación del Movimiento por la Paz, la Soberanía y la Solidaridad entre los Pueblos, de mayo de 2012, el número de bases militares extranjeras operativas en América Latina y el Caribe asciende a 46. Estas pertenecen a varios países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte y mayoritariamente a Estados Unidos, señala. Sin contar el caso colonial de Puerto Rico, son al menos 46 bases militares extranjeras en funcionamiento, o en construcción, vinculadas por vía aérea y marítima con la IV Flota naval reactivada desde el 2008, precisa el Movimiento por la Paz. Estados Unidos tiene enclaves militares en Colombia, El Salvador, Honduras, Guatemala, Costa Rica, Panamá, Perú y Paraguay, mientras que el Comando Sur cuenta con estaciones navales propias en Curazao y Aruba. Colombia fue el centro de una intensa polémica cuando en el 2009 las autoridades del país firmaron un acuerdo con Estados Unidos, que permitía la presencia de militares de la nación norteña en siete bases colombianas. Sin embargo, el tema está latente, porque de acuerdo con denuncias del senador por el Polo Democrático Alternativo, Jorge Enrique Robledo, el Ejército de Estados Unidos ha firmado 126 contratos por más de 12 millones de dólares para construcciones en instalaciones militares del país. Algunos de esos contratos, remarca, se suscribieron luego de que la Corte Constitucional declarara inaplicable el tratado que permitía a Washington, a través del Comando Sur, usar y adecuar las siete bases. Ante la presencia de este en la región, la Unasur ha reiterado su compromiso para impedir «la injerencia en la soberanía de los pueblos latinoamericanos» y mantiene su deseo de fortalecer la región como una zona de paz. La presidenta de Argentina, Cristina Fernández, subraya que todo país tiene el derecho de hacer los acuerdos que quiera y establecer en su territorio las instalaciones que quiera. Pero, recalca, no tiene derecho a que el alcance extraterritorial de las actividades militares tenga incidencia sobre cualquiera de los países miembros de la Unasur. 

Por Odalys Troya Flores
Jefe de la Redacción de América del Sur de Prensa Latina. 

Por Domingo.com/la Revista

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