EL EMISARIO DE HIPOLITO

FUERA DE CAMARA
El emisario de Hipólito y el fallo del Superior Electoral
César Medina
Lobarnechea1@hotmail.com
Electoral El jueves 31 de mayo, cerca de las 6:00 de la tarde, entró a la oficina de Danilo Medina un enviado de Hipólito Mejía para comunicarle que la Comisión Política del PRD estaba siendo convocada para el día siguiente, viernes primero de junio, a las 5:00 de la tarde, para expulsar del partido a Miguel Vargas y a algunos de sus más cercanos colaboradores. Y le pedía que “si quería gobernar en paz” buscara la forma de que el Tribunal Superior Electoral no se inmiscuyera en sus asuntos internos.
El lunes 4 de junio narré en esta columna semejante ocurrencia. Y dije más: Expliqué la reacción molesta del presidente electo y la forma diplomática en que prácticamente dio por concluida esa reunión.
Tres días después, el jueves 7, el señor César Cedeño envió una carta a la dirección del Listín negando que él se hubiera reunido con Danilo Medina, y que a mí me habían “sorprendido en mi buena fe” para que dijera una mentira de ese tamaño.
Lo dijo Martí. Lo repitió Bosch muchísimos años después. Y desde entonces la frase anda de boca en boca y se ha quedado como un cliché: “En política hay cosas que se ven y cosas que no se ven…” Porque aquí ha habido un manejo político de esos que no se ven. Y yo, que recibí la versión de primera mano, he permanecido en silencio consciente de que como bien dice la gente “el cojo y el mentiroso no llegan lejos”.
Aunque admito mi error, impropio de un hombre tan viejo en este oficio: La versión me la dieron fuera de record, y aunque no me pidieron explícitamente que la publicara, tampoco me pidieron que no lo hiciera, por lo que entendí que reservando la fuente en su origen podía compartir una información de tanta importancia, sobre todo porque era el primer contacto, aunque indirecto, entre el candidato perdedor y el presidente electo.
Por varias vías se me ha pedido ser discreto con el tema, por la delicadeza que entraña en este momento, bajo la promesa de que en muy poco tiempo se ofrecerá la versión oficial de este acontecimiento. Mientras tanto… ¡Espero… espero! 
¿Por qué ahora?
El tema vuelve ante la sentencia del Tribunal Superior Electoral del pasado viernes. El grupo de Hipólito Mejía entendía que desde fuera de la corte podía ejercer presión política para validar la chapuza legal en que incurrió suspendiendo a Miguel Vargas y expulsando a otros de sus seguidores. De antemano sabían que se verían en los tribunales porque el propio Vargas se lo había dicho a los tres emisarios de Mejía –Andrés Bautista, Jorge Mera, Geanilda Vásquez– que fueron a sugerirle que renunciara “antes de ser expulsado”.

Es por eso que Mejía manda a su emisario a ver a Danilo como forma de presionar a Leonel y al PLD “para que hicieran valer su influencia” ante el Superior Electoral a fin de que se declarase incompetente para dirimir un asunto de carácter disciplinario en el PRD.
La respuesta de Danilo al emisario de Hipólito no podía ser más contundente: “Ni Leonel, ni el PLD ni yo nos meteremos en ese conflicto. Resuelvan ustedes sus problemas internos”.
Al fallar el intento de chantaje, se desbordaron los acontecimientos del día siguiente en el Centro de los Héroes, en los alrededores del Tribunal Electoral. Y miren cómo ocurrieron las cosas: La noche de ese jueves 31 de mayo les cogió la tarde a los “estrategas” del grupo de Hipólito. La audiencia estaba fijada para el día siguiente, viernes 1 de junio, y había que hacer algo, pero no era ya posible convocar “a las masas” del partido. Les quedaba una esperanza: Los tígueres de Hubieres.
Y en efecto, a él acudieron esa noche ya bastante tarde. Hubieres les dijo que era difícil reunir a su gente para el día siguiente tan temprano. Pero prometió que vería qué se podía hacer. Y en efecto, hizo algo…
Llevó a los alrededores del Tribunal a unos 40 tígueres armados, algunos de los cuales ni siquiera sabían a qué iban. Por eso en la columna “El Espía” del Diario Libre se publicó al día siguiente la versión de un periodista que le preguntó a uno de esos “rebeldes” qué buscaba en ese lugar, y el tíguere le respondió: ¡Oh, protestando contra un hombre que se llama Miguel, que está ahí adentro…” Lo que quiere decir que esa gente ni siquiera sabía por qué y contra quién protestaba.
Esa “paz social” fue la que el enviado de Hipólito Mejía fue a decirle a Danilo que tenía que preservar desde antes de jurar como Presidente.
Pero lo del viernes 1 de junio frente al Superior Electoral fueron los avances. Porque la película completa viene ahora.
El inefable Bautista 
Andrés Bautista siempre había sobresalido por su afabilidad y decencia, distinguiéndose en la dirección perredeista por la altura con que manejaba las diferencias tanto externas como a lo interno de su partido.

Tal vez por la forma espuria en que llegó a la “presidencia titular” del PRD le ha brotado de pronto un temperamento agresivo, propio de la manigua mocana en los tiempos de Concho Primo.
Aún no se conocía la sentencia del pasado viernes del Tribunal Superior Electoral invalidando la chapuza contra Vargas, Bautista envió a la prensa una declaración de guerra diciendo que el PRD “hará valer sus derechos a la protesta y a la rebeldía”. Obsérvese bien que “rebeldía” es el término usado por Hubieres y su tigueraje, y lo invoca Bautista al denunciar que “está en marcha la instalación de una dictadura que niega los derechos ciudadanos, individuales y colectivos…” La disyuntiva que se le presenta ahora al grupo de Hipólito Mejía en el PRD es bastante complicada. Acatar el dispositivo de la sentencia que invalida la exclusión de Miguel Vargas del partido sería lo más lógico para aplicar adentro la mayoría que dicen tener en los organismos.
Pero sería aceptar una derrota que no han tenido la grandeza de admitir ni siquiera en las urnas el 20 de mayo. Eso ni pensarlo.
Lo otro es casar la sentencia del Superior Electoral ante el Tribunal Constitucional, lo que parece improbable si ya han denunciado que la política peledeísta ha contaminado todas las instancias superiores de la Justicia.
¿Cuál recurso les queda entonces? Bueno, muy simple: ¡La guerra popular! El problema es determinar quién es el primero en tomar el fusil. ¿Fello, Ivelisse, Esquea, Milagros, Alburquerque, Hipólito, Vicente, Abinader…? ¡A luchar, soldados valientes…!
Fuente: Listin Diario
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