César Medina
lobarnechea1@hotmail.com
El mundo literario y académico de Iberoamérica no acaba de salir del asombro, el estupor y la pena: Plinio Apuleyo Mendoza– escritor, periodista, politólogo colombiano– ha confirmado que Gabriel García Márquez padece una terrible enfermedad neurológica que ha reducido a la nada su prodigiosa memoria.
Y aunque se comentaba que su enclaustramiento de los últimos años no auguraba nada bueno, jamás nadie imaginó que sus padecimientos iban tan avanzados.
A sus 86 años, “Gabo” conoce sólo a las personas de su entorno más íntimo. Y sus recuerdos más remotos– los de sus Cien años de Soledad– han dejado de existir.
Su enfermedad está diagnosticada: Alzheimer, de lo que murió su madre y un hermano mayor. Se trata de un mal genético degenerativo para el que la ciencia médica no ha encontrado cura. Va matando las neuronas cerebrales poco a poco hasta que el enfermo pierde completamente la memoria.
García Márquez vive en México desde que se fue de Colombia, donde nació en el 1926. Se marchó de su país prácticamente acosado por la violencia, después de cansarse de denunciar la corrupción, la maleabilidad del sistema, la complicidad de las autoridades, lo mismo que en el resto de nuestros países. Ejerció el periodismo desde los niveles más bajos, corresponsal de pueblo, reportero de la calle, articulista, columnista… Hasta que se fue de Colombia y ya no volvió jamás sino con la gloria.
Fue el quinto latinoamericano en ganar el Nobel de Literatura, después de los chilenos Gabriela Mistral, en el 1945, y Pablo Neruda, en el 1971; el guatemalteco Miguel Ángel Asturias, en el 1967, y el mexicano Octavio Paz, en el 1990.
Y el sexto– ¡oh, ironías de la vida!–, el sexto latinoamericano en ganar el Nobel de Literatura fue Mario Vargas Llosa, peruano, un poco más joven que él, pero contemporáneos en su desarrollo intelectual y compañeros de lucha para abrirse un espacio en el complicado mundo literario, cuando Latinoamérica andaba en pañales y Europa reservaba la gloria sólo a los grandes.
Fueron amigos íntimos, compartieron habitación en París, juntos deambularon por toda Europa y tocaron las puertas a los principales editores y casas editoriales con sus originales bajo el brazo– entre ellos el “primer borrón” de Cien Años de Soledad–; acompañándose uno del otro pasaron hambre, frío, toda suerte de penurias…
Y por alguna razón que ninguno de los dos ha explicado nunca se separaron y no volvieron a juntarse jamás… ¡Hasta aquél día a la entrada del cine…! 
Un “trompón” histórico La historia la contó por primera vez el propio García Márquez hace poco más de 10 años: “Ocurrió en Ciudad de México, en el 1976, todo por un malentendido que tuvimos cuando los cuatro vivíamos en París (ellos dos con sus respectivas esposas), cuando todavía Mario y yo éramos amigos.
Cosas de parejas. Nos cruzamos en la entrada del cine y sin muchas vueltas me soltó un puñetazo en este ojo. Y creo que me dijo: “Por lo que le hiciste a Patricia (la mujer de Vargas Llosa). Aunque nunca supe bien si dijo “hiciste” o “dijiste”. Ahora ya no importa…
Con aquella trompada “Gabo” rodó por el suelo, y de allí fue conducido a la enfermería y luego a la Comisaría a poner una querella contra su compañero y amigo.
Y aunque poco después desistió de querellarse contra Vargas Llosa, parece que el destino quiso documentar con imágenes aquel episodio entre dos de los más grandes escritores que ha dado Latinoamérica en toda su historia.
En la comisaría le tomaron esta foto que aparece más abajo, donde García Márquez figura con el ojo izquierdo amoratado y una herida en la parte superior del tabique, además de leves heridas en los labios.
Vargas Llosa no habla
Vargas Llosa nunca ha querido referirse a ese incidente. En una entrevista muy reciente para la televisión española se negó en todo momento a recrear aquellos hechos. “No hablaré de ese hecho, jamás tocaré ese tema…”, le dijo a la periodista que lo entrevistó para la cadena Tele-3.

Y ella, aprovechando su descomunal belleza, insistía: “Pero ustedes eran muy jóvenes… ya lo puedes contar”.
Y él replicaba: “No hablaré nunca de ese acontecimiento; fueron cosas que ocurrieron hace casi 40 años. Todos éramos muy jóvenes. Le repito que no tocaré nunca ese tema”. Y entonces la entrevistadora desistió.
La popular revista Esquire, en su último número, publica a toda portada la foto que le tomaron a García Márquez aquella noche en la comisaría de Policía cuando fue a poner la querella contra Vargas Llosa, con el sugerente titular: “Enemigos íntimos”.
En páginas interiores publica otras fotos de García Márquez de la época, lo mismo que una de Vargas Llosa también jovencito, y recrea con detalles el penoso acontecimiento.
El hecho es que ahora, como consecuencia del estado en que se encuentra el laureado novelista colombiano, el mundo intelectual y académico Iberoamericano quiere que Vargas Llosa lo visite en su residencia de Ciudad de México.
A fin de cuentas…ya Gabo no recuerda nada de eso… ¡Y él fue el agredido!
Fuente: Listin Diario

Por Domingo.com/la Revista

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