Es difícil establecer los relatos que hacen los hombres y mujeres de su propia experiencia porque muchas veces estas narrativas personales se remodelan desde los diversos escenarios contextuales. En parte, el desempeño de las relaciones humanas como categorías biopsico- culturales es todo un reto porque hay que determinar que desde la mirada de género, los acontecimientos son parte de procesos con historia y en constante cambio, donde las relaciones de poder son componentes decisivos de cada cultura.
 Pero, el tema que nos ocupa ahora es: ¿Cómo se ha debatido en el decurso histórico contemporáneo la violencia de género desde los medios masivos de comunicación? Pensamos que la modernidad es la etapa que identitariamente movilizó el horizonte de los medios de comunicación en la medida en que estos comenzaron a mostrar rasgos dinámicos para masificar los mensajes y discursos e interconectar a los diversos grupos y clases sociales.
Desde la articulación e interpretación de las prácticas discursivas modernas, la temática de la violencia de género ha estado contenida. En la medida que han sido deslegitimados los derechos de las mujeres y se han obstaculizado las vías para su ejercicio. De ahí el proceso interactivo de las mujeres en pos de la contraviolencia cultural para constituirse en sujetos donde se incluya la apropiación del cuerpo como territorio de soberanía individual y la construcción de la voz como expresión de tal autogestión, lo cual es casi imposible sin condiciones políticas, culturales y sociales que lo legitimen.
En ese escenario de violencia y contraviolencia los medios de comunicación articulan engranajes invisibles. La televisión es una de las mediaciones rectoras de ese universo de reclamo y reconocimiento social. Los medios de comunicación masiva, principalmente la televisión, han puesto a la luz dos ejes temáticos rectores en el campo de la violencia de género: por una parte, el debate sobre el cuerpo y, por otra, el ejercicio de la ciudadanía. En el encuentro con los medios de comunicación, estos tópicos son tratados en muchos casos desde el escenario de la neutralidad, pues a veces no se cuestionan los mensajes que desatan la exclusión y las desigualdades, donde lo que se pretende es que los medios de comunicación se tornen como punto de partida y no como punto de llegada, en el avanzar en el contexto de la equidad.
Otra arista de la problemática es el empleo de lenguajes sexistas en los productos televisivos, sobre todo en los videos clips, donde en la mayoría de los casos se estimula la violencia de género, con los mensajes de macho­/rico, proveedor y carismático. Se  fomentan y reproducen, además, los patrones morales y culturales, donde la virilidad del hombre es vista desde su fuerza sexual, una característica latente de la herencia histórico-cultural que afirma al poder patriarcal desde las temáticas que esbozan los productos televisivos que contienen una atomización del placer y la satisfacción sexual masculina.
También es importante analizar la manera en que los medios de comunicación esbozan el tema de la heterosexualidad y como esta se concibe como una relación de poder y como orientación sexual legítima. En muchas ocasiones la forma de concebir las relaciones de poder en la difusión de los medios masivos de comunicación ha hecho que se juzgue a la heterosexualidad como si esta en sí estuviera desautorizada en algún sentido. En vez de esto, lo que hay es que cuestionar cómo se usa ese poder en contra de las mujeres, los hombres gay y las lesbianas, y cómo se “normaliza” hasta llegar a descartar la validez de otras formas de orientación sexual. Una concepción de la construcción social podría estimular a los hombres heterosexuales a pensar, por ejemplo, que sus sentimientos de atracción sexual son ilegítimos y que se debe disimular o negar, y esos sentimientos deberían ser reconocidos y abordados críticamente.
Desde los medios masivos de comunicación la educación en la equidad es crucial. ¿Cómo divulgan los medios masivos la violencia en las relaciones de pareja? ¿Y cómo se expresa desde los medios la violencia en su expresión más aguda dentro de la sexualidad a través de la violación como acto de poder sobre las mujeres y también sobre otros hombres?
En ese ámbito la telenovela latinoamericana y cubana han esbozado las problemáticas de las mujeres violentadas por los efectos del alcohol, en la sexualidad y en la construcción de nuestras identidades nacionales; la división entre el sexo, el afecto y la reproducción; y, por último, la poca información que brindan los medios sobre la andropausia, pues se ve y escucha material informativo sobre la menopausia, y hasta existen centros donde se llevan a cabo talleres para ayudar a las mujeres en ese tránsito, pero sobre la andropausia los medios ofrecen poca información y se carece de investigación.
Los medios de comunicación deben revisitar los nuevos estilos y valores desde el cuestionamiento de las redes de poder genéricas. El diseño de los discursos se establece desde sus paradojas, pues si bien en muchos casos se reproducen estereotipos en los mensajes, también por una parte, hay un intento de negociar el desempeño de los roles.
Se esboza el derecho de las mujeres y los hombres a reconocerse en tiempo, lugar y persona. Los medios masivos de comunicación permiten, por tanto, en el camino por una  “cultura de la sororidad” y la participación social, develar estereotipos, valores, actitudes, roles y formas particulares de vida atribuidas a lo femenino y a lo masculino como construcciones sociales. Los medios de comunicación no sólo pueden servir de canal de expresión en la denuncia contra la violencia de género, sino significar las relaciones del entorno y cuestionar las normativas de vida desde el rescate de las nuevas relaciones de género mediante el análisis de los cambios en el entramado histórico del siglo XXI en torno a las relaciones sociales y cómo se han definido las identidades culturales desde lo femenino o lo masculino basados en una orientación emancipadora.
Irina Pacheco Valera 
Publicado por Cubarte