El apodo es el nombre que suele darse a una persona, en sustitución del propio, normalmente tomado de sus exclusividades físicas o de alguna otra circunstancia.
 Al correr de los años y desde los inicios de nuestra República, los presidentes dominicanos no se han salvado de tal “distinción” y han tenido sus apelativos añadidos a sus nombres propios expresándoles una o más de sus características particulares.
Ulises Heureaux era apodado Lilís o El Manco, llamado así quizá porque repartió los bienes del erario con una mano y con la otra llenó sus bolsillos para satisfacer su peculiar egocentrismo.
Buenaventura Báez fue conocido con dos apodos: Pan Sobao y El Mariscal. Suponemos que el de pan sobao se aplicó porque fue un gran asesino y permitía que sus seguidores también lo hicieran. El Segundo porque consiguió el grado de Mariscal de Campo en el ejército español.
A Ramón Cáceres le decían Mon, lógicamente es la derivación de Ramón, al igual que Eladio Victoria que era llamado Don Quiquí. Alfredo Victoria era El Chacal de Jacagua, por la mala reputación de ese mamífero carnívoro y carroñero. Al que apodan chacal no es por otra cosa que por ser hombre ávido y cruel.
Al general Pedro Santana le llamaban el Capitán araña, porque como dice el dicho, es aquella persona que embarca a la gente y se queda en tierra. A Manuel Jiménes lo apodaron Caravana; Jacinto B. Peynado era Mozo.
Al presidente Horacio Vásquez le endilgaron el apodo de La Vírgen de la Altagracia con Chiva. Su honradez y decencia fueron cualidades incuestionables y nunca fueron puestas en duda, esa identidad fue de tal magnitud que lo llegaron a comparar con la Virgen.
Rafael L. Trujillo Molina era apodado Chapita por tantas insignias y condecoraciones que ostentaba; y El Chivo, apelativo que se refuerza por la imagen del macho cabrío que aparece en la cubierta a los pies del demonio que ostenta los símbolos del poder.
A Héctor Trujillo lo apodaron Negro, quizás por el color de su tez. Don Pipí fue el mote del presidente títere de Trujillo llamado Manuel de Jesús Troncoso de la Concha.
A Joaquín Balaguer le decían indistintamente El Doctor y en círculos muy íntimos era Elito.  
Juan Bosch fue denominado El Profesor, por sus dotes de narrador, ensayista, educador, historiador y biógrafo y los enemigos políticos lo llamaron El Ovejo.
El general Antonio Imbert Barreras era llamado Cremelin, y asimismo le decían Buchito, por sus mejillas pronunciadas. A don Antonio Guzmán lo apodaron Mano de Piedra; asumiendo la presidencia y decretando sustituciones en los principales mandos de poder del gobierno anterior.
Al presidente Jacobo Majluta lo llamaron El Turco, y sus enemigos políticos le decían Gatobo. Lo de Turco por sus raices árabes.
A Leonel le dicen El León, por doce años rey de esta selva.
Hipolito Mejía fue bautizado por el pueblo como El Calvo y ahora le dicen Papá.
A Danilo antes lo llamábamos El Gran Estratega Morado, ahora lo bautizo como Gladiador, puso a dormir profundamente al Guapo de Gurabo.
Efraín Guerra Carbuccia (LD)

Por Domingo.com/la Revista

Tiene por propósito poner a disposición de nuestros amigos lectores temas e informaciones de carácter social, económico, político, entre otras variedades que le permitan tener informaciones veraces y oportunas para su formación e información. Por igual, nos proponemos empoderar a nuestros amigos lectores de conocimientos de prácticas de salud para una vida placentera y productiva.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: