La salvaje belleza de el desierto del Sahara

En el corazón del Sahara, el agua de lluvia caída hace miles de años se acumula en el cráter volcánico de Waw an-Namus. El viento arrastró la ceniza negra de la última erupción a 20 kilómetros de distancia a través del desierto. 

Semienterrados entre las dunas, los pináculos de arenisca de Maridet hacen que una camioneta parezca pequeña (abajo, derecha). Hace mucho tiempo, en un Sahara verde, las lluvias tropicales disolvieron la roca circundante y dejaron estas formaciones. 

Palmeras datileras y juncos alimentados por un acuífero subterráneo jalonan la orilla de Umm al-Maa, una de las doce lagunas de agua salada en el mar de arena de Ubari, recuerdo del antiguo lago Megafezzán. 

La lucha entre dos felinos salvajes grabada en la piedra junto al uadi Matkandush hace 5.000 años, antes de que las lluvias cesaran y el Fezzán se volviera un desierto, podría evocar los poderes que para los cazadores de la región tenían los feroces carnívoros. 



Los turistas que viajaron a Waw an Namus para ver el eclipse total de sol el 29 de marzo de 2006 dejaron su huella en las rocas del desierto. Miles de personas se instalaron en una «ciudad-desierto» provisional para presenciar el acontecimiento. 

Apenas hay accidentes de tráfico, pero los carteles con la imagen del líder libio Muammar al-Gadafi están por todas partes en Sabha, la principal ciudad del Fezzán, donde las precipitaciones son de apenas unos diez milímetros al año. Más allá de la ciudad y de unos cuantos pueblos se extiende el Sahara, donde no hay carreteras. 

Moldeadas por los vientos, las dunas del mar de arena de Murzuq se extienden hasta el horizonte. Durante siglos, las caravanas han cruzado el Sahara: de norte a sur, cargadas de aceite, vino y piezas de vidrio; de sur a norte, con oro, marfil y esclavos. 

La arena y los fuertes vientos tallaron este arco en los montes Akakus. aLa creciente sequedad del clima obligó a los antiguosa pobladores de la zona a abandonarla, dejando atrás la árida y silenciosa belleza del Fezzán bajo el cielo del desierto. 

Las Montañas Akakus, sometidas a un largo proceso de erosión, atraviesan el Fezzán, formando una sinuosa línea de enormes masas rocosas y abruptas mesetas. El arte rupestre y los grabados de hace 8.000 años abundan en las grutas de estas montañas de piedra 

Piedras de distintas tonalidades y cuidadosamente seleccionadas señalan la tumba solitaria de un pastor que murió hace entre 3.000 y 5.000 años. A medida que las lluvias empezaron a escasear, los habitantes del Fezzán se concentraron en torno a oasis dispersos. 

Palmeras datileras y juncos forman un exuberante vergel en Umm al-Maa, recuerdo del antiguo lago Megafezzán, que hace unos 200.000 años llegó a cubrir una superficie del tamaño de Inglaterra. 

De color rojo intenso debido a las algas que se han adaptado para sobrevivir en unas aguas hipersalinas, este lago salado de Ubari se alimenta de manantiales de un acuífero subterráneo creado por antiguas lluvias. El agua dulce se evapora, provocando grandes concentraciones de sal.


TOMADO DE ADICTAMENTE

Por Domingo.com/la Revista

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