La globalización

Los países ricos alaban sin cesar las ventajas del libre mercado. Desde hace décadas piden a los pobres que abran sus mercados. Permitan el flujo de capitales, manufacturas, bienes.

Predican pero no practican. En Japón prohíben la importación de esquís porque «la nieve japonesa es diferente». Vetan el arroz extranjero porque «es dañino» al estómago japonés.

La Unión Europea gasta 41.000 millones de euros anuales en subvenciones agrícolas. Para proteger el campo de abandono, despoblación. Amparar la cultura agrícola milenaria, dicen.

Sus políticas despueblan los campos de los países pobres. Arruinan sus economías. Obligan a los campesinos a hacinarse en núcleos urbanos míseros. Emigrar clandestinos al horror.

La UE gasta 3.000 millones de dólares al año en subsidiar el azúcar de remolacha. Castiga con aranceles altos el azúcar de caña de los pobres. En Cuba, Sudáfrica cierran ingenios.

EEUU gasta 20.000 millones de dólares anuales en subsidios agrícolas. El maíz subsidiado arruina el campo mexicano. Amenaza el centroamericano. Donde se concentra la pobreza.

Los gobiernos, eso sí, firman obedientes tratados de libre comercio. Sacrifican a sus países para que los ricos multipliquen su riqueza. Lo único realmente globalizado es el expolio.

Augusto Zamora R.
El Nuevo Diario

Por Domingo.com/la Revista

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