En el calor preelectoral de México, el movimiento #YoSoy132 cobró notoriedad y logró convertirse en un factor de peso de los comicios recientes en los que el candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Enrique Peña Nieto, consiguió el mayor número de votos.
Su irrupción en la escena pública sorprendió a muchos: fue la primera movilización de estudiantes que aunó a representantes de institutos públicos y privados del país y ganó la adhesión espontánea de ciudadanos comunes con sus reclamos de democratización de los medios y transparencia del proceso democrático.
Ahora, a los jóvenes desconformes les llegó la hora de redefinirse si quieren mantenerse en la escena política mexicana.
La elección les dio una excusa para alzar la voz y los pedidos de recuento de votos -en los que acompañan a partidos e instituciones que denuncian la compra de voluntades y otras violaciones de las leyes electorales- les darán razón de ser en los meses que siguen, ya que la confirmación de Peña Nieto podría demorar hasta septiembre.
Pero, ¿y después? ¿Podrán los #132 convertirse en actores sociales de largo plazo?
BBC Mundo revisa cinco cuestiones clave, a los ojos de los analistas locales, para garantizar la vida de un fenómeno surgido hace apenas 60 días.

Agenda propia, pero inclusiva

Los reclamos de #YoSoy132 se dispararon a partir de los manejos de los conglomerados mediáticos del país, como las televisoras Azteca y Televisa, a las que acusan de haber manipulado información para favorecer al candidato del PRI.
«Ya sabemos el ‘qué’: generar conciencia política en la sociedad y democratizar los medios. Nos falta el ‘cómo’ y para eso estamos trabajando en asambleas«
Ari Santillán, estudiante miembro del #132

Ahora deberán articular una agenda más amplia, en la que se incluyan temas de interés público. La demanda de democratización de los medios, dicen los representantes del grupo, sigue teniendo vigencia. Pero en la primera reunión nacional que han organizado -en Huesca (Morelos), apenas días después de los comicios- han definido otras áreas de trabajo.
«Los ejes son medios y libertad de expresión, educación y desmilitarización de México, sobre todo. Lo que viene es una organización interna: este fue el primer encuentro nacional y de lo que más se ha hablado es de cómo organizarnos para tener fuerza», le dijo a BBC Mundo Ignacio Martínez, estudiante de la Universidad Iberoamericana y parte de la asamblea de #YoSoy132.
«Ya sabemos el ‘qué’: generar conciencia política en la sociedad y democratizar los medios. Nos falta el ‘cómo’ y para eso estamos trabajando en asambleas», agregó Ari Santillán, miembro del #132 y alumno de la Escuela de Periodismo Carlos Septién.

Juntos… ¿son más?

Muñecos del movimiento #132

El pedido de recuento de votos ha sido una de sus principales demandas tras las elecciones.

En su agrupación, los estudiantes han elegido un esquema horizontal sin jerarquías, con voceros rotativos escogidos por voluntad comunal, y han levantado orgullosos la bandera de la independencia partidaria.
Sin embargo, muchos consideran que para garantizar su supervivencia deberán encontrar puntos de contacto con otros actores, desde sindicatos a organizaciones no gubernamentales o partidos de izquierda.
«Van camino a articularse con otros movimientos sociales, sobre eso ya hay indicios. Están descentrados de cualquier partido político y eso los hace más fuertes, los pone más cerca de la sociedad civil», opinó ante BBC Mundo Alfredo Nateras, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana.
Pero las potenciales alianzas podrían tener una consecuencia indeseada: el debilitamiento de un grupo recién nacido bajo la fuerza de otros más experimentados en las pulseadas políticas.
«Debería mantenerse como un movimiento estudiantil crítico, sin dejarse absorber por otras corrientes. Pero creo que esto es sólo una expresión de deseo, es probable que en este barullo las voces originales del #132 se diluyan», consideró el antropólogo Roger Bartra, emérito de la Universidad Autónoma de México (UNAM).

Yo no soy #132

Las divisiones internas también pueden minar la influencia del movimiento en el futuro inmediato.
«El #132 es un movimiento que se rebasó a sí mismo. Pero aquí somos todos, somos los estudiantes pero también somos otras comunidades, gente con filiación partidaria, trabajadores…«
Herz Jossa, miembro de #YoSoy132 y ahora parte del Frente Nacional contra la Imposición

Algunas señales ya están a la vista: desde hace unos días, un grupo de jóvenes instaló un campamento de protesta ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial -el organismo encargado de convalidar el triunfo de Peña Nieto una vez se resuelvan los reclamos- y se encargó de diferenciarse de los #132. Se autodenominaron Frente Nacional contra la Imposición y se dicen más inclusivos que sus pares universitarios.
«El #132 es un movimiento que se rebasó a sí mismo. Pero aquí somos todos, somos los estudiantes pero también somos otras comunidades, gente con filiación partidaria, trabajadores… todos», señaló a BBC Mundo Herz Jossa, que porta una insignia de #YoSoy132 sobre su chaqueta mientras camina por la acampada.
El #132, por su parte, se deslindó de la convocatoria de la marcha contra Peña Nieto que sacó a miles a la calle tras las elecciones, reprobando lo que consideran un «intento de utilizar al movimiento para fines particulares», según un comunicado publicado en su página web.
«Surgieron como una causa espontánea, pero actualmente están divididos en tendencias y posiblemente se irán marginando paulatinamente. Es un riesgo como en todo grupo que surjan divisiones, pero más cuando son un movimiento tan joven», opinó el académico Bartra.

Las calles se enfrían

El ajetreo electoral y la confrontación abierta con los grandes medios llevaron a los #132 a tomar el espacio público, donde lograron no sólo visibilidad sino múltiples adhesiones.

Así nació el #132

Algunos consideraron al #YoSoy132 como germen de una suerte de Primavera mexicana, comparándolo con el movimiento que recientemente sacudió el cuadro político en Oriente Medio, mientras que otros los vieron como herederos de los Indignados de España o del Ocuppy estadounidense.
El grupo saltó a la vida pública cuando el candidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto, dio una charla en la Universidad Iberoamericana y fue abucheado por cientos de estudiantes.
Desde el partido, se descalificó la protesta estudiantil tildando a los jóvenes de «infiltrados» políticos.
A modo de respuesta, los estudiantes difundieron un video por YouTube en el que mostraban sus credenciales de membresía legítima a la institución educativa. Lo titularon “131 alumnos de la Ibero responden».
La difusión del video logró repercusión en Twitter, donde un alumno de otra universidad acuñó elhashtag #YoSoy132 que se usaría para convocar a la primera movilización, contra la cadena Televisa, y a las múltiples marchas que siguieron hasta la elección del pasado 1 de julio.

La primera marcha fue hacia una de las oficinas de Televisa, la principal televisora de México, para reclamar una cobertura equilibrada de los reclamos estudiantiles que se habían hecho a Peña Nieto en ocasión de su visita a la Ibero. A ésa le siguieron otras, donde la inconformidad fue en aumento.
Pero, ¿hasta cuándo es válido tomarse las calles sin debilitar la causa?
Los mismos integrantes del grupo ya se plantean iniciar una «nueva era» en la que las manifestaciones sean un elemento más de una estrategia de intervención más amplia.
«Tomar las calles es una muestra de músculo, pero no es todo lo que hace el movimiento. Estamos planeando hacer talleres ciudadanos sobre medios, por ejemplo, y eso es sólo una de las iniciativas que están dando vueltas», indicó el estudiante Santillán.

Manos a la obra

Una de las vías que sugieren los analistas políticos para garantizar la subsistencia de los estudiantes movilizados es la de participar en la gestión de gobierno que se inicie el próximo diciembre.
«Con el nuevo gobierno, deberían tratar de incorporarse en la definición de una política pública de juventud, por ejemplo. Sería una forma favorable de trascender», sugirió Nateras.
Aunque, de ser ratificado por el Tribunal Electoral, Peña Nieto será el próximo presidente del país con quien tendrían que dialogar. Y la confrontación de #YoSoy132 con el priísta no sólo ha sido abierta: ha sido, incluso, el disparador para que el grupo cobrara forma.
Por lo pronto, los jóvenes han enviado una solicitud formal para participar como vigilantes en el proceso de licitación de una cadena de televisión abierta, que comenzará a definirse cerca de fin de año. También hablan de promover la «Ley #YoSoy132» sobre medios alternativos, aunque el debate interno sobre la materia es incipiente.
«Tenemos planeado promover varias leyes que tengan que ver con nuestros ejes temáticos. No sé qué es lo que la gente espera, pero hay cosas que son parte de un cambio a largo plazo y esa cultura (cortoplacista) es algo que nos tenemos que quitar», defendió el vocero Martínez.
Valeria Perasso
Ciudad de México

Por Domingo.com/la Revista

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