Juan Bosch:  

El problema palestino -Lo que significó para los palestinos la instalación en su territorio del estado israelí-

UNA MADRE PALESTINA LLORA LA MUERTE DE SU ESPOSO E Y HIJO MAYOR DE MANO DEL EJERCITO SIONISTA DE ISRAEL    

PRIMERA PARTE

El Estado de Israel, que ocupa hoy el territorio de la antigua Palestina, partes de los territorios del Líbano, Siria, la Transjordania y la Península de Sinaí, no es, como han dicho algunos interesados, un producto de la historia; es un producto del sistema capitalista, tal como éste vino a desarrollarse en el siglo XIX.
Aunque había nacido en el último tercio del siglo XVIII, allá por el año 1765, la industria mecanizada, es decir, la industria que funciona a base de máquinas, comenzó su verdadero desarrollo en los primeros 25 ó 30 años del siglo pasado, y ese desarrollo requería una reorganización del mundo apropiada a las necesidades del crecimiento de la industria, lo que equivale a decir una reorganización del mundo apropiada al crecimiento del poderío económico, político y militar de Inglaterra, que era el país donde había nacido la industria moderna. Las máquinas fueron el producto del desarrollo del sistema capitalista, pero a su vez, gracias a la invención de la máquina de vapor el sistema capitalista iba a renovarse y a dar nacimiento dentro de él a un capitalismo más avanzado, y para el año 1838 ese capitalismo avanzado estaba viendo la necesidad de meter entre el África y Asia una cuña que debía ser un país puesto bajo la protección de Inglaterra.
Según puede ver todo el que lea el libro El Problema Palestinense escrito por Edmundo Rabbat, Mustafá Kamil Yassen Y Aicha Rateb, páginas 54 y 55, ya en el 1840 Lord Shaftesbury recomendaba “la separación del mundo árabe, entre su parte africana y su parte asiática, por medio de la creación de un Estado”; y agregan los autores del libro que acabamos de mencionar: “Un memorando del 25 de septiembre de 1840, dirigido a Palmerston (que era entonces el ministro de Relaciones Exteriores de Inglaterra, cuyo busto está aquí, me parece que en la avenida Abraham Lincoln, porque tuvo intervención en los problemas políticos y militares dominicanos y haitianos en la época de nuestra independencia), contenía ya un plan de colonización de Palestina”. Además, ese libro nos entera de que en cartas que datan de agosto de 1840 y de febrero de 1841, Palmerston daba instrucciones a su embajador en Turquía de favorecer el establecimiento de los judíos en Palestina upara impedir toda tentativa de Mohamed Alí de realizarla unión de Egipto y Siria”.
MUJERES PALESTINA REPRIMIDA POR EL EJERCITO DE ISRAEL MIENTRAS RECLAMABAN DERECHO AL LIBRE TRANSITO

Los autores de ese libro llegan a decir que un Consulado inglés que fue establecido en el año 1838 en Jerusalén, daba protección a los judíos que vivían en esa ciudad, que fue la capital del Estado judío hace 2.900 años cuando ese Estado fue fundado por David, según puede verse en la página 321 de la edición que hizo en 1967 1a editorial española CID de nuestro libro David, biografía de un rey. A fin de que no haya confusiones aclaremos desde ahora, y no después, que ese Estado fundado por David hacia el año 1000 antes de Cristo no fue verdaderamente duradero; y no lo fue, primero, porque acabó dividiéndose en dos reinos: el de Israel y el de Judá, que se mantuvieron en guerra durante años; después, porque Israel fue ocupado por el reino de Damasco en el siglo VIII antes de Cristo; luego, porque en ese mismo siglo pasó a ser un país vasallo de Asiria, a la que tenía que pagarle tributos, y cuando un país paga tributo a otro país ya no es un Estado; es un territorio dependiente, pero no un Estado; y por fin, porque en el año 721 antes de Cristo, Israel, no ya el Estado fundado por David sino el país donde estuvo ese Estado, pasó a ser territorio asirio y después pasó a ser territorio babilonio. De lo que fue el reino de David y Salomón lo que quedaba hacia el siglo VII antes de Cristo era Judá, un pequeño territorio situado entre los filisteos y el Mar Muerto, que fue también ocupado por los asirios, aunque no totalmente dominado por ellos debido a que lo impidió el levantamiento de Josías y la guerra de los medos contra Asiria cuya capital, la gran ciudad de Nínive, fue tomada y destruida por los medos. De todos modos, la suerte de los asirios no benefició a Josías, que murió hacia el año 609 en combate con los egipcios, quienes avanzaron para ocupar el territorio de Judá y el de los filisteos o filistinos, palabra de la que procede Palestina, que le iba a dar nombre a toda la región comprendida entre Gaza y el Líbano, el Mar Mediterráneo y el río Jordán y el Mar Muerto.
Mientras tanto, bajo los reyes caldeos, que fueron los reyes de Babilonia. Babilonia se hacía rápidamente poderosa y llegó a un acuerdo con los medos para repartirse Asiria. En ese acuerdo Palestina, que era parte de Asiria, quedó como zona de los caldeos, quienes se la arrebataron a Egipto; pero como los palestinos se levantaban una y otra vez contra los caldeos, éstos al fin asolaron la región, tomaron Jerusalén y la destruyeron, hecho que se produjo hacia el año 587, es decir, en el siglo V antes de Cristo.
Gran parte de la población palestina y de la de Judá o Judea fue llevada a Babilonia. El pueblo judío no se extinguió pero el Estado de Israel había dejado de existir hacía tiempo, y tras una serie de guerras que se prolongaron a lo largo de los siglos, Palestina pasó a manos de los griegos que gobernaron a Egipto después de la muerte de Alejandro, de los seléucidas que gobernaron la región después de los griegos ptoloméicos, y por fin cayó en poder de los romanos en el siglo I antes de Cristo. (Hay que tomar en cuenta que en la era cristiana contamos siglo I, II, III, IV, V hasta éste en que nos hallamos que es el XX, pero que antes de Cristo contamos al revés, es decir, V. IV, III. II, I; partimos del número más alto al más pequeño; por ejemplo, del siglo X antes de Cristo al IX antes de Cristo, al VIII antes de Cristo, al VII. VI, V. IV, III. II, I. Las dos maneras de contar el tiempo son como dos escaleras, una que baja y otra que sube, y las dos se unen en el nacimiento de la era cristiana).
Bajo el gobierno de Julio César, los sumos sacerdotes de Judea pasaron a ser ciudadanos romanos Y recibieron el título de procuradores de Judea, y Octavio, el sucesor de Julio César, le dio a Herodes el título de Rey de Judea y le proporcionó fuerzas militares romanas para que pudiera reconquistar Jerusalén, que se hallaba en manos de los partos. (Los partos eran árabes). Así, bajo protección romana, Herodes gobernó desde Jerusalén a partir del año 37 antes de Cristo, ya su muerte el reino fue dividido entre tres de los varios hijos que tuvo en sus diez o doce mujeres. (Sabemos de diez o doce oficiales, pero les aseguramos que no conocemos a fondo la vida íntima de Herodes). Uno de esos hijos fue Herodes Antipas, que no heredó el título de rey sino que fue designado tetrarca de Galilea (tetrarca era un título de origen griego y no romano), y fue él el que examinó a Jesús por petición de Poncio Pilatos, que era el procurador o gobernador de Jerusalén. Como Jesús era galileo, Pilatos quiso que lo juzgara el tetrarca de esa región de Palestina. Poco después, en el año 44, toda la Palestina pasó a ser una provincia romana gobernada por un procurador romano. Hubo varios levantamientos judíos y en el año 67, el emperador Vespasiano llegó a Palestina con su hijo Tito, que también fue emperador; pero no llegó solo: llegó con 60 mil soldados romanos. En el año 70, Jerusalén cayó en manos de Tito y la ciudad y el templo fueron destruidos por tercera vez, y para el año 73 quedaba eliminada toda clase de resistencia al poder romano y Palestina entera pasó a ser provincia del Imperio Romano con el nombre de Judea. A partir de ese momento, los procuradores pasaron a llamarse legados. En el año 132 se construyó en el lugar donde había estado Jerusalén la colonia Aelia Capitolina, con templos dedicados a los dioses romanos, y como esa decisión originó la rebelión de Bar-Kojba, los romanos actuaron con una dureza indescriptible: destruyeron todas las aldeas y mataron medio millón de personas.
Estamos contando todo esto para que ustedes vean cómo había desaparecido totalmente el Estado judío en Palestina, y no solamente había desaparecido como un Estado nacional, es decir, como una organización política, sino que también había desaparecido desde el punto de vista religioso porque ya había sido destruido tres veces lo más sagrado para los judíos, que era el templo de Jerusalén, que había levantado Salomón de acuerdo con los planos que le dejó David, y con el dinero que le dejó David para construir1o. El país había sido ocupado por numerosos, no uno, ni dos, ni tres, sino por numerosos imperios, y además en el orden religioso la ciudad de Jerusalén había dejado de ser la capital del judaísmo puesto que los romanos después de destruir1a, establecieron allí una ciudad romana con templos y dioses romanos; entre esos templos había uno dedicado al emperador porque en Roma el emperador se adoraba como si fuera un dios.

Cuando Constantino el Grande se convirtió al cristianismo, cosa que sucedió en el siglo III, hizo construir en Jerusalén la iglesia del Santo Sepulcro. Ese dato indica que en el siglo III, Jerusalén había dejado de ser la capital de la religión judaica y había pasado a ser una ciudad de religión cristiana. Elena, la madre de Constantino, mandó levantar en Belén la iglesia de la Natividad en el lugar donde estuvo el establo en que nació Jesús, y mandó levantar en Jerusalén la Iglesia de la Asunción. Todos esos hechos indican que ya el judaísmo había desaparecido en Palestina, a pesar de que en el año 352 hubo una rebelión judía en Galilea que fue aplastada por Galo. En cuanto a rebeliones, sabemos que las hubo aun en tiempo de Cristo; pero muchas de ellas eran limitadas. Por ejemplo, había tribus que se levantaban por razones religiosas y otras veces por cualquiera otra causa; digamos porque mataban a un miembro de tal tribu y esa tribu respondía matando a miembros de la tribu del matador.
Bajo el gobierno de Constantino, la provincia de Judea fue unida a Arabia. Ustedes saben que la religión mahometana considera a Jerusalén como uno de los tres lugares santos de los árabes, no mientras era territorio judío sino cientos de años después, cuando era provincia del Imperio de Bizancio, allá por los años 634, 636 de la era cristiana, y desde entonces fue territorio árabe, hasta que en mayo de 1948 se estableció allí el Estado de Israel. Pero como dijimos al comenzar esta charla, ese Estado es el producto del sistema capitalista tal como éste vino a desarrollarse en el siglo XIX. Ya estuvimos hablando de que desde 1838 Inglaterra estableció en Jerusalén un Consulado que tenía la misión de ofrecer protección a los judíos que hubiera en la ciudad, y nos referimos a los planes ingleses, expuestos en el 1840, de formar en Palestina un Estado que fuera una cuña colocada entre los árabes de África y los árabes de Asia. Y ahora debemos decir que en el año 1839 el judío inglés Mosés Montifiori, que seguramente debió ser hijo de algún judío italiano porque su apellido quiere decir los montes de las flores, y que tenía el título de Sir, un título de nobleza de Inglaterra, propuso un plan de colonización judía en Palestina, y fue a base de ese plan de Sir Mosés Montifiori que se hizo en 1856 la primera plantación de naranjos en la región.
En el 1870, Charles Netter fundó una escuela agrícola en la colonia de judíos llamada Mileve Israel. y el Barón Edmond de Rothschild, de la familia de los grandes banqueros judíos que estaban establecidos en Inglaterra y en Francia, compró tierras y organizó en el sur de Palestina una siembra de viñedos. (El viñedo es la planta de la cual sale la uva, y con la uva se hace el vino. Fíjense que la palabra viñedo y la palabra vino se parecen mucho). Toda esa actividad, organizada por grandes figuras del judaísmo inglés del siglo pasado respondía a un plan de expansión del capitalismo industrial inglés, que era entonces el que se hallaba a la cabeza del desarrollo industrial del sistema capitalista.
No es cierto, como dice Michel Bar-Zohar en su libro Israel: el nacimiento de una Nación, que el sionismo nació el 19 de diciembre de 1894 en el tribunal militar de París mientras era juzgado el capitán Alfred Dreyfus, judío francés acusado por su jefe inmediato de haber vendido a los alemanes secretos militares. Dreyfus fue condenado a cadena perpetua en La Cayena. La Cayena queda en la Guayana Francesa, y ese lugar era conocido en el mundo entero como el presidio más espantoso de la Tierra. Michel Bar-Zohar cuenta lo siguiente:
Entre los periodistas (que se hallaban presenciando aquel juicio), un hombre es presa de una emoción intensa. Es vienés, escritor y publicista enviado especial en París del Neue Freie Presse (que era un periódico de Austria). Es un judío austriaco, el doctor Theodoro Herzl. Republicano, francófilo ferviente (es decir, que admiraba mucho a Francia), siente que todo un mundo se derrumba en el proceso Dreyfus. Bruscamente descubre la verdad: los judíos no tendrán jamás paz, seguridad ni respeto mientras estén dispersos entre las otras naciones. Su única salvación es encontrar una patria, un hogar para ellos. Ese hogar existe desde siempre: es Palestina. Herzl decide escribir un libro, El Estado Judío, en el que expone su idea, la creación de un Estado hebreo. Al año siguiente el libro es publicado en varias lenguas y suscita una emoción indescriptible en los medios judíos.
Hasta aquí llega el autor de la biografía de Ben Gurión, que tiene ese título de Israel: el nacimiento de una Nación.
Decíamos que lo que cuenta Michel Bar-Zohar no es verdad, porque el sionismo no nació de golpe debido a una emoción que sacudió el alma de Theodoro Herzl. En la naturaleza que nos rodea y en la mente de los hombres los hechos se dan como resultado de un proceso que va cubriendo etapas; todo, hasta el relámpago que vemos iluminando las nubes negras y desatando truenos que parecen cadenas de cañonazos, todo eso es resultado de un proceso. Nada se produce instantáneamente. Cuando Herzl estuvo en París enviado por un periódico austriaco para informar del juicio contra Dreyfus, que fue el juicio más célebre en su época, ya había colonias judías en Palestina; las había desde hacía muchos años. Es más, Theodoro Herzl no había nacido todavía cuando los colonos judíos sembraban naranjos en Palestina siguiendo los planes trazados por Sir Mosés Montifiori. Lo que hizo Herzl fue publicar dos años después del juicio de Dreyfus un libro titulado El Estado Judío, en el cual se le dio forma orgánica a una idea y a una práctica que tenían muchos años de vida, y es posible que la condena de Dreyfus (absolutamente injusta porque el que le vendió secretos militares a Alemania no fue él sino su jefe, que era un coronel del ejército francés) estimulara a Herzl a escribir su libro, pero no es verdad que ese libro le surgió de repente en el fondo del cerebro cuando oyó la condena de Dreyfus. Las ideas que Herzl expresó venían desarrollándose desde hacía tiempo, gradualmente, en muchas mentes judías y en otras no judías, pero el que las ordenó en un conjunto fue Herzl; en vez de hablar de enviar judíos a Palestina para formar colonias de agricultores, habló de crear un Estado Judío en Palestina. Es más, Herzl llegó hasta a señalar las fronteras de ese Estado cuando dijo estas palabras: «Debemos tener acceso al mar en razón del porvenir de nuestro comercio exterior. Debemos igualmente poseer una gran superficie de tierra para introducir nuestros cultivos modernos en gran escala”. Y más adelante decía que la consigna que los judíos debían lanzar era la de «la Palestina de David y Salomón”.
Pero a medida que pasaba el tiempo, su idea de la creación de un Estado judío en Palestina iba teniendo éxito entre la población judía de Europa y América, y con ese éxito las ambiciones de Herzl crecían también, y ya en los últimos tiempos no le parecía suficiente la Palestina de David y Salomón y quería una Palestina que fuera desde el río de Egipto, es decir, el río Nilo, hasta el Eufrates. Los judíos llegaron efectivamente hasta el río Nilo, hasta cerca del Nilo, puesto que llegaron hasta el Canal de Suez en el 1967; lo que nos parece un poco difícil es que puedan llegar hasta el Eufrates aunque podemos estar seguros de que hay muchos de ellos, si no una mayoría de ellos, que están alimentando ese sueño. Hace tres o cuatro días, por ejemplo, hubo en Jerusalén manifestaciones contra el gobierno actual de Israel porque las fuerzas judías van a retirarse unos pocos kilómetros del Canal de Suez. Centenares de jóvenes, de muchachos y muchachas, se pararon frente a las oficinas del primer ministro, jefe del gobierno, con un conejo en la mano, yeso en Israel es una manera de llamarle cobarde al primer ministro porque allí el conejo es el símbolo de la cobardía.
En sus primeros pasos como ideólogo del sionismo, Herzl pensó que el Estado judío podía establecerse en la América del Sur, y hubo sionistas que hablaron de establecerlo en la Argentina y en el Brasil y hasta en Uganda. Uganda es el país africano donde gobierna «Papacito” Amín, que fue sargento de la guardia inglesa y ahora le pone telegramas a la reina de Inglaterra diciéndole que él va para Londres y le exige que ella vaya al aeropuerto a esperarlo. Pero el primer congreso sionista, que se celebró en la ciudad suiza de Basilea en el 1897, es decir, un año después de haber sido publicado el libro de Herzl, señaló concretamente a Palestina como el lugar para formar el Estado judío, y señaló el método para penetrar en Palestina y quedarse allí diciendo que debía hacerse mediante una (y ahora leo las palabras de Herzl) «colonización racional de Palestina por medio del establecimiento de labradores, artesanos e industriales judíos”, cosa que precisamente venía haciéndose desde hacía muchos años, desde antes de que él naciera, porque Theodoro Herzl nació en el año 1860 y ya en Palestina había labradores (quiero decir, agricultores) y artesanos judíos.
El segundo congreso sionista, celebrado en 1899, decidió fundar el Banco Colonial judío, que tendría su sede en Londres y que se dedicaría a financiar el establecimiento de negocios agrícolas, industriales y comerciales en Palestina y en Oriente. Lo que planeaban los sionistas era comprarle la Palestina al gobierno turco y el propio Herzl le dijo al sultán Abdul-Hamid:
Si Su Majestad nos diera la Palestina podríamos comprometemos a regularizar completamente las finanzas de Turquía. Para Europa constituiríamos en la región un sector de la muralla contra Asia; seríamos el centinela avanzado de la civilización contra la barbarie. Nos mantendríamos, como Estado neutral, en relación constante con toda Europa, que debería garantizar nuestra existencia.

Observen que esas eran exactamente, aunque dichas con otras palabras, el plan de Lord Palmerston y la idea de Lord Saftesbury; es decir, «la separación del mundo árabe entre su parte africana y su parte asiática, por medio de la creación de un Estado», sólo que ni Palmerston ni Saftesbury llegaron a decir que el Estado sería judío. Eso vino a decirlo Herzl cincuenta años después en su proposición al sultán Abdul- Hamid, quien le respondió a Herzl, con la dignidad propia de un jefe de Estado, de esta manera: «El Imperio Turco no me pertenece a mí sino al pueblo turco. Yo no puedo distribuir ningún pedazo del mismo. Que los judíos se guarden sus millones. Cuando mi Imperio sea repartido podrán tener Palestina por nada. Pero es únicamente nuestro cadáver lo que será dividido. Yo no aceptaré una vivisección» (vivisección significa cortar a un ser humano o animal estando vivo). Efectivamente, fue después de que el Imperio Turco era un cadáver cuando los judíos pudieron adueñarse de Palestina, no antes.
El 17 de agosto de 1903, el gobierno inglés le escribió a Herzl, que iba a morir en el 1904, ofreciéndole el territorio africano de Uganda para que estableciera en él el Estado judío, lo que quiere decir que ya los ingleses aceptaban la tesis de que el Estado fuera judío aunque no estuviera situado donde ellos pensaban sino en Uganda. Herzl convocó el sexto congreso sionista para estudiar la propuesta inglesa y las conclusiones de ese congreso fueron las siguientes: «La organización sionista se atiene firmemente al principio fundamental del programa de Basilea, a saber, la creación de una patria garantizada por el derecho público para el pueblo judío en Palestina, y declina, como finalidad y como medio, toda acción colonizadora fuera de Palestina y los países colindantes».
Esas palabras «acción colonizadora» revelan que los líderes judíos comprendían de una manera clara que lo que ellos iban a hacer en Palestina era colonizarla. Herzl se oponía a la infiltración que era un método de penetración en territorio palestino seguido de manera individual por muchos judíos. Herzl murió, como dijimos hace un rato, en 1904, a mediados de ese año, y no pudo detener esa penetración que siguió dándose después de su muerte. Irse a Palestina era lo que los judíos llamaban la aliyah, el sueño de los jóvenes sionistas. Uno de los jóvenes que hicieron la aliyah fue David Ben Gurión, que iba a ser el primer jefe de gobierno del Estado de Israel.
Se estima que para el año 1903, es decir, cuando se reunió el sexto congreso sionista, el último a que asistió Herzl, la población judía en Palestina era de 60 mil almas, y esa población fue aumentando, aunque despacio; dio un salto en 1906, cuando los infiltrados judíos empezaron a establecerse en el Valle del Jordán, donde estaban las tierras más ricas de Palestina, pero para 1914 se calculaba que los judíos establecidos en Palestina no pasaban de 85 mil. Ese año de 1914 fue cuando comenzó la Primera Guerra Mundial. En esa Primera Guerra Mundial participó un cuerpo judío al lado de los ingleses. Dicen que el que a «buen árbol se arrima buena sombra lo cobija», y ellos se arrimaron a los ingleses con ese cuerpo militar. Naturalmente el inicio de la guerra no paró la infiltración judía en Palestina, que todavía era territorio turco y por tanto territorio enemigo de los ingleses. Sin embargo, la guerra provocó una salida grande de judíos de Palestina porque cuando terminó en el año 1918 había solamente 56 mil judíos y cuando comenzó cuatro años antes había 85 mil. Esa disminución se explica por la persecución turca a los que viviendo en territorio de Turquía eran partidarios de los enemigos de ese país.
Los judíos ayudaron a los ingleses en la guerra no solamente con ese cuerpo militar que se llamaba Zion Mules Corp, es decir, un cuerpo montado en mulos, una especie no de caballería sino de mulería judía, sino que en el año 1917 formaron la Legión judía y además ayudaron de muchas otras maneras. Por ejemplo, el químico Weizman, que iba a ser el primer presidente de Israel, trabajó en Londres para el gobierno inglés y logró mejorar el trinitrotolueno convirtiéndolo en un explosivo muchas veces más poderoso que lo que había sido hasta entonces y que todos los que estaban siendo usados en la guerra, y se cree que los inventos de Weizman jugaron un papel importante en la decisión del gobierno inglés de ofrecerle su respaldo a la idea de establecer una nación judía en Palestina.


Además de la influencia que pudo tener Weizman en esa decisión, se sabe que en ella pesó grandemente la posibilidad de que el movimiento sionista norteamericano, alentado por la actividad de Inglaterra en favor de la creación del Estado judío, presionara al gobierno norteamericano para llevarlo a participar en la guerra del lado de los aliados, como sucedió en el mismo año en que Lord Balfour envió a Lord Rothschild la histórica carta que se conoce con el nombre de Declaración Balfour. Debemos aclarar, sin embargo, que la entrada de los Estados Unidos en la guerra tuvo efecto siete meses antes de que Lord Balfour enviara su carta al banquero Rothschild, lo cual, naturalmente, no significa que los sionistas norteamericanos no conocieran la posición del gobierno inglés sobre el problema judío con mucha anticipación, antes, incluso, de que se produjera, al comenzar el año 1917, el bloqueo marítimo de Inglaterra, que fue el pretexto de que se valió el gobierno norteamericano para justificar su declaración de guerra a Alemania, hecho que tuvo lugar el 6 de abril de ese año 1917.
El pueblo norteamericano era opuesto a tomar parte en la guerra, pero el número de judíos que había en los Estados Unidos era altísimo y entre ellos se habían organizado muchos grupos sionistas. Sería una tontería nuestra pensar que la decisión de enviar a Lord Rothschild la carta de Lord Balfour fue obra exclusiva de este último. Esa fue la obra del llamado Gabinete de Guerra inglés, que estaba formado por los primeros ministros de los territorios ingleses, incluyendo al primer ministro de Inglaterra; y recordemos que en esos tiempos, los territorios ingleses eran enormes y riquísimos; que entre ellos estaban Australia, Nueva Zelandia, la India, Canadá, África del Sur, Rodesia, y estamos hablando de los importantes, no de los que no tenían gobiernos propios como las islas inglesas del Caribe o los protectorados africanos, entre los cuales los había de tanta categoría como Egipto.
Decíamos que el pueblo norteamericano se oponía a tomar parte en la guerra, y para que ustedes vean cómo nos han engañado siempre les contaremos que hoy mismo (26 de agosto) leíamos en The New York Times del domingo un artículo de una señora que ha muerto de 89 años y una semana antes de morir terminó ese artículo en el cual contó cómo actuaba la democracia norteamericana (que en esa ocasión era democrática dos veces porque el país estaba gobernado por el Partido Demócrata bajo la presidencia de Woodrow Wilson, el democrático presidente que ordenó la ocupación militar de Haití y de nuestro país). A todos los que se oponían a la entrada de los Estados Unidos en la guerra se les perseguía; eran apaleados, llevados a la cárcel, sacados de sus empleos y trabajos. Esa señora y un grupo de amigos de ella fundaron la Liga de la Defensa de los Derechos Humanos, que fue la primera organización de su tipo que hubo en los Estados Unidos.
SEGUNDA PARTE
El pueblo norteamericano se oponía a entrar en la guerra y los ingleses querían presionar al gobierno de Wilson para que tomara parte en la guerra. Se habían usado todas las oportunidades para llevar a los norteamericanos a la guerra, como la que se presentó cuando un submarino alemán hundió el Lusitania, un buque yanqui de pasajeros, hecho que sucedió en el año 1915, y cuando otro submarino alemán hundió un buque francés en que viajaban muchos norteamericanos; sin embargo fue el bloqueo marítimo de Inglaterra, hecho por submarinos alemanes, lo que le sirvió a Wilson de pie para declarar la guerra a los llamados Imperios Centrales, es decir, el Imperio Alemán, el Austrohúngaro y el Turco.
¿Por qué fue ese bloqueo determinante en la declaración de guerra de los Estados Unidos? Ustedes van a comprenderlo cuando sepan, en el año 1913 la balanza comercial norteamericana era favorable en 690 millones de dólares, lo que significa que entre lo que compraban y vendían a otros países había una diferencia a su favor de 690 millones de dólares; y en el año 1916 la balanza había pasado a ser favorable en 3 mil millones de dólares, y 3 mil millones de dólares, que hoy nos parecen nada, eran en aquellos días una cantidad de dinero fantástica; era tanto dinero que la mente humana no lo concebía. Y ese enorme beneficio en el comercio internacional de los Estados Unidos procedía fundamentalmente de las compras que hacían Francia e Inglaterra en Norteamérica. Esos dos países estaban dedicados únicamente a la guerra, de manera que no tenían capacidad para producir nada que no fueran equipos militares, y sus hombres, fueran obreros o fueran intelectuales, o estaban en las trincheras o estaban preparándose para ir a ellas; y en los años de esa guerra, la mujer de los grandes países industriales no tenía aún, como la tuvo en la Segunda Guerra Mundial, preparación para ir a las fábricas a ocupar los puestos que dejaban vacíos los hombres que iban a los campos de batalla. No olvidemos que la Primera Guerra Mundial fue una verdadera hecatombe, en la que tomaron parte más de 60 millones de hombres, de los cuales murieron en las trincheras muchos millones.
En esa Primera Guerra Mundial participaron todos los grandes países capitalistas y. algunos que sin llegar a grandes, estaban en camino de serlo. En ella, el Japón peleó al lado de los aliados contra Alemania, Austria y Turquía. El propósito de los grandes países capitalistas era repartirse las materias primas de las partes más atrasadas del mundo, pero como las materias primas no están en el aire, no flotan sino que están en la tierra, y la tierra se halla repartida en países, había que tomar parte en la guerra para cuando ella terminara, tener posiciones tomadas que les permitieran participar en la distribución de esos países coloniales que se haría, sin duda alguna, al terminar la guerra, o para participar en el reparto de las zonas de influencia que harían posible la explotación de esas regiones sin necesidad de ocupar físicamente los territorios que iban a ser explotados. En el caso de nuestro país hubo ocupación física, ocupación militar. Los Estados Unidos nos ocuparon en el segundo año de la guerra, un año antes de entrar en ella, para explotarnos como productores de azúcar, como hemos explicado muchas veces, y en plena guerra le compraron a Dinamarca, Saint Thomas y las Islas Vírgenes, además de que ya habían ocupado Haití y Nicaragua.
En ese momento histórico, lo más importante para Norteamérica era controlar las zonas de influencia comercial para crear lo que iba a llamarse después la Zona del Dólar, que iba a funcionar en oposición a la Zona de la Libra Esterlina, que era la moneda que corría en todo el Imperio inglés. Al terminar ese segundo año de la guerra, el balance comercial era de 3 mil millones, y claro, el gobierno norteamericano no iba a perder un dólar de esos, de manera que los sionistas norteamericanos realmente no iban a tener necesidad de hacer mucho esfuerzo para llevar al gobierno norteamericano a la guerra. Treinta y ocho años después tampoco tendrían que hacer muchos esfuerzos para que el gobierno de Truman sustituyera al gobierno inglés como protector supremo del sionismo, pues ya para esa época, es decir, para el año 1945, los Estados Unidos habían sustituido a Inglaterra en la jefatura mundial del sistema capitalista, y ese sistema fue el padre y la madre y el hermano mayor del movimiento sionista.
La carta de Lord Balfour a Lord Rothschild decía: «El gobierno de Su Majestad ve con buenos ojos el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará todo lo que pueda para facilitar la puesta en práctica de ese objetivo». Al final le decía a Lord Rothschild que «hiciera conocer esa carta a todos los organismos sionistas», es decir, a la federación de organismos sionistas que estaban establecidos especialmente en Europa y en los Estados Unidos. Lloyd George, que fue el primer ministro del gobierno en el cual Lord Balfour era ministro de Relaciones Exteriores, dijo mucho más tarde, en un libro titulado La verdad sobre los tratados de paz, que todos los miembros del gobierno inglés pensaban (y aquí empiezo a leer sus palabras) «que cuando llegase la hora de otorgar instituciones representativas a Palestina, si los judíos habían sabido sacar provecho de la ocasión ofrecida por la idea del Hogar Nacional para llegar a ser una mayoría entre los habitantes, Palestina se convertiría en un Estado judío independiente».
Más claro no canta un gallo. Esa y no otra era la forma en que estaban pensando los gobernantes ingleses en el momento mismo en que el general Allenby lanzaba sus fuerzas sobre Palestina y poco más de un mes antes de que tomara a nombre de Inglaterra la ciudad de Jerusalén. (Ya ustedes saben que Jerusalén fue tomada en el mes de noviembre de 1917 por Allenby). Y si este testimonio del jefe del gobierno inglés en cuyo nombre habló Lord Balfour no nos bastara, tenemos el del general Jean Christian Smuts, que en su condición de primer ministro del gobierno de Sudáfrica, que era entonces parte del Imperio Inglés, pertenecía al gabinete de guerra del Imperio Británico en el momento en que Lord Balfour hizo conocer su declaración de apoyo al plan de que los judíos se establecieran en Palestina. En un discurso que pronunció el 13 de noviembre de 1919 en Johannesburgo, la capital de Sudáfrica, el general Smuts dijo estas palabras: “En las próximas generaciones vais a ver levantarse allí en Palestina una vez más el gran Estado judío”.
Creemos que no hay necesidad de presentar nuevos argumentas para convencerlos a ustedes de que desde el momento mismo en que el sionismo se organizó, lo hizo con el propósito bien definido de establecer un Estado judío en Palestina y que ese plan contó de antemano con el apoyo de Inglaterra, que era entonces el país capitalista por excelencia, el jefe del sistema capitalista en el mundo, y ese apoyo se explica porque por razones históricas que trataremos de explicar brevemente, los judíos habían producido una verdadera élite, una crema también mundial de grandes capitalistas especialmente en el campo de las finanzas, en el cual venían actuando desde hacía siglos, primero como prestamistas de reyes y gobiernos y después como banqueros de comerciantes e industriales y también de gobernantes.
¿De dónde salió esa élite, esa crema mundial judía de grandes capitalistas, especialmente en el campo de las finanzas? Salió de la última diáspora. ¿Qué quiere decir diáspora? Esa palabra quiere decir dispersión, y aplicada al caso concreto de la historia a que estamos refiriéndonos en estas charlas, significa dispersión de los judíos, es decir, se refiere al hecho de que los judíos fueron sacados de Palestina y tuvieron que ir a vivir a otros países, o lo que es igual, fueron dispersados. Así, sepan que cada vez que ustedes oigan la palabra diáspora deben darle solamente ese sentido. La primera diáspora fue la del destierro a Babilonia, que duró desde el año 597 al 538 antes de Cristo, es decir, unos 60 años, al cabo de los cuales los judíos volvieron a Palestina y muy especialmente a Jerusalén; la segunda diáspora es muy prolongada y no tiene fecha de iniciación. Algunos consideran que comenzó con la destrucción de Jerusalén por las fuerzas romanas bajo el mando de Tito, pero eso no parece cierto porque se sabe que hacia el siglo II antes de Cristo había judíos establecidos en varios lugares del Mediterráneo que se dedicaban al comercio y sobre todo al comercio de la moneda; había judíos en la propia Roma dedicados a ese negocio.


Parece que a raíz de la destrucción de Jerusalén por los romanos en el año 70 de nuestra era y los años del dominio romano, los judíos seguían saliendo del país y se dedicaban en Alejandría, en Roma y en las ciudades grandes del Mediterráneo al comercio de dinero. Los romanos prohibieron a los judíos ir a Jerusalén. A medida que los judíos fueron penetrando en los países europeos comenzaron a ser vistos como extranjeros peligrosos porque el cristianismo se extendía rápidamente por esos países y los judíos no eran cristianos; y peor aún, a los judíos se les acusaba de haber dado muerte a Cristo. Pero el odio religioso tenía una base de otro tipo: era el comercio de dinero a que se dedicaban muchos judíos. Ese comercio los convertía en objetivos del odio popular porque cobraban muy caro por el dinero que prestaban, pero además resultaba que al mismo tiempo que ellos les prestaban dinero a las gentes del pueblo se convertían en amigos de los reyes y los nobles que cuando necesitaban dinero lo conseguían prestado de los judíos ricos.
Ahora bien, para asegurarse el cobro de esos préstamos que ellos les hacían a los reyes, a los príncipes, a los nobles (incluso se dice que el dinero para el viaje del descubrimiento de América fue proporcionado a la reina Isabel la Católica por judíos de España), esos judíos reclamaban que se les autorizara a hacer el cobro de los impuestos, y el cobro de los impuestos era cosa que no les agradaba ni a los nobles ni a los pueblos; así fue como en muchos países se fue creando un distanciamiento entre los pueblos y los judíos en el cual se mezclaban las luchas de los explotados contra los explotadores con los odios religiosos, y como el desarrollo político era en esos siglos casi inexistente porque entonces las ideologías se expresaban en términos religiosos y no en términos políticos, en vez de unirse los explotados cristianos y los explotados judíos (que los había, y eran la mayoría de los judíos como ha sucedido siempre en todos los pueblos), unos y otros se dejaban engañar por los explotadores judíos y cristianos que siempre se entendían para hacer negocios y repartirse los beneficios en las alturas en que vivían.
Cuando decimos que las ideologías de aquellos tiempos se expresaban en términos religiosos y no políticos nos referíamos a que los capitalistas que fueron formándose en el seno de la sociedad feudal eran políticamente más avanzados que los señores feudales y que los siervos feudales, pero ese avance no se manifestaba en términos políticos sino en términos religiosos; es decir, dentro del cristianismo, por ejemplo, se formaba una secta religiosa más avanzada que la religión de los más atrasados, y esa secta religiosa nueva trataba de conquistar el poder y entraba en guerra contra la parte de la población políticamente más atrasada que defendía la religión en los valores anteriores. Muchas de esas cosas están sucediendo hoy en el mundo y tenemos el ejemplo del padre Camilo Torres en Colombia, y tenemos el ejemplo de muchos sacerdotes que políticamente son más avanzados que otros. Así vino a suceder que cuando comenzó la formación del capitalismo dentro del seno de la sociedad feudal, los judíos, pero especialmente los judíos pobres, tuvieron que irse a vivir a barrios para ellos solos, barrios que a veces tenían que ser amurallados, es decir, tenían que hacerse cercas de piedras para que sus habitantes pudieran defenderse de los ataques de las poblaciones cristianas.
Esos barrios judíos se llamaban ghettos, palabra de origen italiano que se usa hoy para referirse a barrios donde viven razas consideradas inferiores, como es el caso de los negros en los Estados Unidos. Había otra palabra que se relacionaba con esa y que ya no se usa. Era la palabra progrom, que significa ataque, destrucción y saqueo de un ghetto judío por parte de cristianos, generalmente azuzados por las autoridades que necesitaban distraer la atención del pueblo por razones políticas o porque querían quedarse con los bienes de los judíos e inventaban, cada vez que la situación económica o política se les ponía difícil, cualquier argumento que pudiera sublevar a las masas cristianas o católicas, como por ejemplo, la noticia de que varios judíos habían sido sorprendidos comiéndose un niño cristiano o sacándole la sangre para bebérsela o que unos cuantos judíos se habían robado la hostia sagrada de tal iglesia o que habían quemado una imagen de la virgen talo de Jesús.
A veces las matanzas de judíos llevadas a cabo en los progroms eran impresionantes, y aunque los progroms fueron desapareciendo en los países de Europa a medida que iba avanzando la conciencia política de las masas, siguieron llevándose a cabo en algunas partes, como en Rusia, y aunque sea difícil de admitir, esa persistencia de los progroms y en general de la discriminación violenta contra su pueblo, llevó a muchos intelectuales judíos a elaborar lo que podríamos llamar una ideología del aislamiento y diferenciación que los separaba de los pueblos mientras otros, como fue el caso de Marx, respondieron buscando la verdad profunda acerca de lo que dividía a cristianos y judíos y encontraron que esa era una división falsa y concebida para engañar a los pueblos; que lo que realmente dividía a la gente no era la religión sino el lugar que cada quien ocupa en las relaciones de producción.
Así por ejemplo, en Inglaterra, el país más desarrollado del mundo dentro del sistema capitalista, un judío como Disraeli llegó a ser en el siglo pasado jefe del gobierno, es decir, primer ministro, y un banquero como Rothschild llegó a Lord del reino, es decir, fue declarado noble. En otro país donde el capitalismo se desarrollaba rápidamente, los Estados Unidos, muchos judíos pasaron a ocupar posiciones de mando en la banca, las industrias, el comercio y varias actividades, especialmente, en las que forman o ayudan a formar la opinión pública. Debemos insistir especialmente en el caso de los comerciantes judíos de dinero que se dedicaban a ese negocio ya en tiempos de Roma, en la provincia capital del imperio Romano y en tiempos de los reyes ptoloméicos en Alejandría.
Recordemos a los cambistas, esto es, a los que compraban y vendían monedas, a los peregrinos que iban al templo de Jerusalén, a quienes Jesús echó de allí a latigazos. Pues bien, el manejo de ese negocio durante siglos formó entre los judíos expertos banqueros y financistas, como la venta de joyas formó entre ellos grandes capitalistas joyeros. En pocas palabras, a medida que la sociedad occidental se desarrollaba y entraba en la era capitalista y el capitalismo se desarrollaba a su vez, entre los judíos fueron desarrollándose habilidades y mentalidades capitalistas que pasaron a asociarse de manera natural y lógica con los grandes capitalistas no judíos, porque tal como aclaró Marx, las sociedades no primitivas se dividen en clases, y tal como dice la gente del pueblo desde tiempo inmemorial siglos antes de que naciera Marx, cada oveja busca su pareja.
Digamos que no todos los judíos que se destacaron se hicieron capitalistas. La necesidad de sobrevivir en un mundo que los perseguía y la división del trabajo que se va dando en cada sociedad a medida que aumenta el número de sus miembros y la vida se va haciendo más compleja debido al desarrollo de las fuerzas productivas, llevó a muchos judíos a hacer esfuerzos gigantescos para destacarse en sus medios respectivos, porque un judío que se destacaba como médico o como matemático o como músico o como político se ponía a salvo de la persecución y sobre todo de la discriminación injuriante. Eso es lo que explica que en la historia de Inglaterra, Francia, Italia, Alemania, Rusia y otros países haya tantos judíos que conquistaron nombres famosos, que entre ellos surgieron sabios en todas las ciencias y figuras mundiales en todas las actividades. Pero hay que convenir en que el mayor número de los judíos que se destacaron lo hicieron como capitalistas o como ideólogos del sistema capitalista, y hay que convenir también en que la mayor parte de la masa judía de la diáspora siguió a esos capitalistas y a esos ideólogos del sistema capitalista. Ahí es donde hay que ir a buscar la fuerza original y actual del sionismo. Hay que buscarla en el hecho de que es una organización que defiende y expande violentamente lo que se llama el status quo, es decir, lo que está establecido, el sistema en que vive, y lo defiende con todas las armas, las ideológicas y las de hierro.
La semana pasada mencionamos el caso del segundo congreso del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, organización de categoría histórica porque ella fue la que estableció el primer Estado socialista que conoció la humanidad, de manera que dentro de 50 ó 100 años, cuando la mayoría de los países del mundo sean socialistas, hecho que nadie podrá evitar, ese partido será reconocido en todas partes como lo han sido durante 1.900 años los apóstoles del cristianismo, esto es, como los propagandistas de una nueva era. Pues bien, el segundo congreso del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, que se celebró en Bruselas entre el 17 de julio y el 10 de agosto de 1903, casi al mismo tiempo que se celebraba el congreso sionista de ese mismo año, fue de importancia excepcional porque en él quedó definida la forma en que debían organizarse los partidarios rusos del marxismo para poder alcanzar el poder, y en la tarea de lograr esa definición los miembros del congreso quedaron divididos en dos grupos; uno llamado mayoría que en ruso se dice bolchevique, y otro llamado minoría que en la misma lengua se dice menchevique.
Pues bien, entre los mencheviques estaba un sector formado principalmente por judíos marxistas que exigían que el congreso los reconociese como los únicos representantes de los trabajadores judíos, yeso significaba nada más y nada menos que para esos marxistas judíos la sociedad no estaba dividida en clases como lo habían demostrado Marx y Engels sino en nacionalidades, la cual era la tesis capitalista no expresada todavía en esa época de manera organizada por ninguna doctrina. Esa sería precisamente la tesis que iba a justificar la guerra de un país rico contra uno pobre para quitarle sus riquezas arrebatándole la soberanía a fin de poder arrebatarle, a través de la dependencia política, sus materias primas, su comercio, y pagarle a bajo precio su mano de obra. La actitud de esos judíos marxistas rusos es una prueba de hasta qué punto muchos judíos, aun llamándose revolucionarios eran en realidad partidarios del sistema -y hablamos del sistema capitalista- que aparentemente deseaban o se proponían derrocar. Todavía hoy miles de soviéticos de origen judío luchan por salir del país donde nacieron y se formaron para irse a Israel Eso demuestra que habiendo nacido socialistas y habiéndose formado en un ambiente socialista, realmente son partidarios a rajatabla del capitalismo, y eso, el capitalismo, es lo que les atrae de Israel.
El sionismo nació como una expresión ideológica y práctica del capitalismo en el mismo momento en que en Europa se desarrollaban las organizaciones nacientes del socialismo, de manera que si vemos los acontecimientos del Cercano Oriente desde el punto de vista marxista tenemos que concluir en que lo que está sucediendo en esa región es un reflejo a nivel internacional de la lucha de clases que se lleva a cabo en todo el mundo, yeso y no otra cosa es lo que explica el papel que han jugado, y siguen jugando en los acontecimientos del Cercano Oriente, los Estados Unidos, de parte de Israel, y la Unión Soviética y otros países socialistas, de parte de los pueblos árabes. Esa lucha, cuando se lleva a cabo de parte de un país rico y poderoso contra uno pobre y débil, tiene un nombre, o mejor dicho dos nombres, se llama imperialismo por un lado y por el otro se llama colonialismo.
Israel está llevando a cabo en el Cercano Oriente una lucha imperialista con el propósito de colonizar a los pueblos de la región a partir de la base que ha establecido en Palestina. Si se vuelven los ojos atrás se puede comprobar lo que decimos recordando que desde el primer momento los judíos se prepararon para esa lucha organizándose como se organiza una empresa económica que persigue un fin político. Comenzaron reuniendo dinero para comprar tierras en Palestina o consiguiendo que las compraran banqueros como los Rothschild; después organizaron un banco que no podía tener un nombre más significativo, Banco Colonial judío, que cosa de medio siglo más tarde pasaría a ser el Banco Nacional de Israel. Para capitalizar ese banco, es decir, para proporcionarle fondos, se creó el Fondo Nacional Judío y casi 30 años después, en el 1929, se organizó en la ciudad suiza de Zurich la Agencia Judía, cuya función consistía en dirigir desde el punto de vista económico, pero con criterio político, las actividades de los judíos que se hallaban en Palestina.
TERCERA PARTE

En algún libro cuyo título no recuerdo ahora, leí este razonamiento: Los grandes terratenientes árabes de Palestina, muchos de ellos absentistas (palabra que significa personas que viven ausentes de sus tierras o de sus negocios) les vendieron sus propiedades a los judíos sin que éstos los forzaran en ningún sentido, y en la mayoría de los casos los judíos pagaron esas tierras en más de lo que valían. Bien, aceptemos eso como verdad irrebatible, pero se trata de una verdad dentro de un concepto capitalista de la moral pública y privada, no dentro de un concepto humanitarista y por tanto de justicia auténtica. A millones y a cientos de millones y a miles de millones de personas se les ha hecho creer que la moral capitalista es la moral verdadera y por esa razón hay enormes cantidades de gente que consideran que es absolutamente moral que el que tiene algo lo venda, sobre todo si quien lo compra lo paga en algo más de lo que vale, y que es absolutamente moral que el que dispone de dinero compre lo que necesite o lo que le guste sin tomar en cuenta para nada a los demás. En el caso concreto de las tierras, que son bienes de producción con los que se ganan la vida, aun dentro del sistema capitalista, los que trabajan en ella aunque sean trabajadores que reciben un salario injusto, el propietario que se las vende a un extranjero está vendiendo un pedazo de su patria que no le pertenece solamente a él, porque al mismo tiempo que esa tierra es suya dentro de la ley fundamental del sistema capitalista que es la que establece la propiedad privada de los bienes de producción, esa tierra es también de las generaciones que no han nacido, puesto que los que van a nacer necesitarán un territorio para tener una patria.
Una patria es el hogar de un pueblo, y un pueblo sin el territorio donde debe vivir y producir no puede formar una patria. Ahora bien, esos grandes propietarios árabes, muchos de ellos absentistas como dijimos hace poco, les vendieron sus tierras a los judíos sin tomar en cuenta lo que iba a sufrir el pueblo de Palestina cuando no tuviera tierras para trabajar en ellas, para producir en ellas lo que tenía que alimentarlo, y lo hicieron sin remordimiento de conciencia porque actuaban de acuerdo con la moralidad capitalista. En esa moral, lo que me deja beneficios económicos es bueno aunque perjudique a otros, y lo que me perjudica económicamente, o sin llegar a perjudicarme no me deja beneficios en dinero, es malo aunque beneficie a mi pueblo o a todo el mundo.
Ustedes recordarán que hace poco dijimos que al terminar la Primera Guerra Mundial, lo que equivale decir al terminar el año 1918, la población judía en Palestina era de 56 mil personas, pero recordemos también que al finalizar ese año de 1918, los ingleses estaban en Palestina desde hacía un año, y que iban a estar ahí hasta el 15 de mayo de 1948, esto es, 30 años más; recordemos que desde el año 1938, los ingleses tenían el propósito de meter una cuña entre los países árabes de África y los de Asia, y que esa cuña iba a ser concebida después como un Estado judío establecido en Palestina, y recordemos por fin que al comenzar el mes de noviembre de 1917 el gobierno inglés por boca de su ministro de Relaciones Exteriores declaró que Inglaterra estaba dispuesta a emplear todos sus esfuerzos para que se estableciera en Palestina un Hogar Nacional judío. Esos puntos que acabamos de recordarles forman una línea clara, coherente; esto es, todos esos puntos están relacionados entre sí como parte de un plan general que había surgido como una idea ochenta años antes y que se había ido realizando a lo largo de ese tiempo a medida que las circunstancias iban permitiéndolo.
A partir del final de la Primera Guerra Mundial resultaría más fácil llevar adelante ese plan porque Palestina había quedado bajo mandato inglés. Según se dice con acierto en el número 70 de Les Cahiers de l’Histoire, tal como aparece en la traducción al español del libro El Problema Palestinense, páginas 63-64, «Los estados árabes vecinos de Israel no han cesado de temer que la inmigración sea el origen de un engranaje sin fin (que es lo que nosotros llamamos aquí tornillo sin fin) al pedir los judíos tierras para ubicar sus inmigrantes (es decir, los judíos que llegaban a Palestina), y al instalar inmigrantes para poder pedir tierras… Los árabes tenían, pues, fundamentos para considerar la creación del Estado de Israel, no como el comienzo de una era de estabilidad, sino, como el origen de una expansión» (destinada a llevar a Palestina a los judíos de todos los países) como en efecto ha resultado ser.
Golda Meier, quien originalmente se llamaba Golda Meyerson, tenía razón cuando declaró, siendo una jovencita, el 24 de agosto de 1921: «No es a los árabes a quienes los ingleses van a elegir para colonizar Palestina, sino a nosotros». Y efectivamente así fue, y así tenía que ser dado que en ese terreno los ingleses no estaban improvisando; seguían, como dijimos hace poco, una línea adoptada desde hacía 80 años. Para el 1920, los ingleses habían autorizado una entrada anual de 16 mil 500 inmigrantes judíos y para el 1922 la población judía llegaba a ser el 11 por ciento de la población total de Palestina.
En un libro titulado Palestine, Loss of a Heritage, cuyo autor es Sami Hadawi, encontramos datos muy precisos y bien organizados, lo que se explica porque Sami Hadawi fue funcionario evaluador de tierras e inspector de mediciones para el pago de los impuestos en el Departamento de Establecimiento en las tierras del gobierno de Palestina de 1937 a 1948, lo que le dio oportunidad de mantenerse bien informado en materia de tierras ocupadas por judíos y por árabes así como del número de judíos que llegaban a Palestina; y dice él que al ocupar los ingleses en 1917 el territorio de Palestina, la población era aproximadamente de 700 mil personas, de las cuales 574 mil eran mahometanas, 70 mil eran cristianas y 56 mil judías; pero que datos de confianza, en los que podía creerse, solamente vinieron a tenerse en el censo hecho el 23 de octubre de 1922 y en el que se hizo el 18 de noviembre de 1931, aunque del último, el de 1931, se excluyeron, o se sacaron para fines de cálculos futuros, los soldados ingleses de ocupación, que eran unos 2 mil 500, y los beduinos del sub distrito de Besheba, que eran 66 mil 553. (Debemos aclarar que los beduinos son los habitantes árabes del desierto, que viven trasladándose constantemente de un sitio a otro). Los datos de ese censo mostraron que de 752 mil 48 habitantes que tenía Palestina en el año 1922, se había pasado en 1931 a 1 millón 33 mil 314, de los cuales eran mahometanos, incluyendo los nómadas, 759 mil 700; judíos, 174 mil 606; cristianos, 88 mil 907, y de otras religiones, 10 mil l0l.
Los únicos que habían aumentado más del doble habían sido los judíos, que de 83 mil 790 habían pasado a 174 mil 606; el aumento de la población árabe apenas pasó rozando de la tercera parte. En cuanto a la tierra, los 56 mil judíos que había en el país en el 1918 ocupaban 162 mil 500 acres, cantidad que equivale a un millón 45 mil 528 tareas; pero el total de las tierras llegaba a 6 millones 580 mil 755 acres, o dicho en tareas, 42 millones 375 mil 700.
Ahora bien, esos números y los tantos por ciento de ellos parecen decir una verdad pero no dicen la verdad, porque cuando se habla de tierra lo más importante no es la cantidad; lo más importante es la calidad. Diez tareas de tierra en Moca producen muchas veces más que 200 tareas de tierra en Guayacanes, y me refiero a Guayacanes de la costa Este que queda a unos 10 ó 12 kilómetros de San Pedro de Macorís; y además de la calidad, la tierra tiene más valor si está cerca de una ciudad importante donde hay población que pueda consumir el producto de esa tierra, y si se estudia el mapa de los suelos de Palestina en esa época, se aprecia en el acto que los judíos se adueñaron de las tierras de mejor calidad, aunque cuando las Naciones Unidas planearon en el año 1947 el reparto de Palestina entre los judíos y los árabes, a ellos les tocaron, además de las mejores tierras, la mayor parte de las de Neguev, que eran las más pobres, pero también a los árabes les tocaron esas del Neguev y las de las orillas del Mar Muerto y del Jordán, hasta el Norte de Nablus, y todas esas son tierras de la misma pobre calidad que las de Neguev.
La inmensa mayoría de las tierras destinadas a los árabes, tal vez más del 80 por ciento, era de calidad o mediana o pobre, pero digamos también que calidad mediana o pobre no significa en Palestina tierras improductivas. Esas tierras de Neguev y de la orilla derecha del Jordán produjeron siempre olivos, que es el árbol de la aceituna, de la cual se saca el aceite, y viñedo s, es decir, la planta de la uva de la cual se hace el vino. Los grandes propietarios árabes, especialmente los absentistas como dijimos hace poco, iban vendiendo sus tierras a los judíos, y la organización obrera judía llamada Histadruth prohibía que los propietarios judíos, fueran privados o fuera la Agencia judía, emplearan trabajadores no judíos, de manera que la masa del pueblo palestino árabe que no disponía de tierras sino que vendía su fuerza de trabajo quedaba en una situación desesperada. Esa situación dio lugar a explosiones de violencia que se hicieron graves a partir de 1929.
Debemos aclarar que la violencia no detuvo la llegada de judíos a Palestina. En 1939 ya había allí unos 400 mil judíos. Ese mismo año el gobierno inglés reconoció que había ido demasiado lejos en su apoyo a los judíos porque los árabes se levantaban y mantenían un estado de sublevación permanente, y en el Libro Blanco de ese año declaró que no tenía la intención de patrocinar un Estado judío en Palestina sino que Palestina debía convertirse en un Estado independiente, en el cual debían vivir juntos árabes y judíos con iguales derechos y responsabilidades, y fijó la cantidad de emigrantes judíos en 10 mil por año, más 25 mil refugiados por año, durante 5 años.
Pero sucedió que en ese año de 1939, estalló la Segunda Guerra Mundial provocada por el ataque alemán a Polonia, como dijimos en la charla anterior, y sucedió también que Hitler y su partido nazi tenían como base de su doctrina al mismo tiempo que la destrucción de la Unión Soviética, el aniquilamiento de la raza judía, a la que Hitler consideraba la culpable de todos los males de Alemania. La salida de judíos de Alemania, Austria y Checoeslovaquia aumentó enormemente en ese año de 1939 y pasó a convertirse en un torrente humano a partir de la ocupación de Polonia. Una parte de esos judíos iba a otros países, especialmente a los Estados Unidos, pero gran parte iba a Palestina. La enorme matanza de judíos hecha por los nazis en los años de la guerra agravó la situación de los palestinos porque creó un clima mundial de horror hacia los crímenes nazis que se manifestaba en un apoyo general al propósito de establecer un Estado judío en Palestina. De nada valió que en el protocolo de Alejandría, que sirvió de base a la formación de la Liga Árabe, se dijera esta verdad más grande que las pirámides egipcias: «No puede haber mayor injusticia que resolver el problema de los judíos tan injustamente tratados en Europa, mediante otra injusticia causada a los árabes de Palestina».


Para el año 1939, Inglaterra comenzaba a ver con preocupación la situación de Palestina, pero para 1945, al terminar la Segunda Guerra Mundial, la corona de reina del sistema capitalista había pasado de la cabeza de Inglaterra a la de los Estados Unidos. La crema mundial judía del sistema capitalista, que había establecido en el siglo pasado su cuartel general en Inglaterra, porque Inglaterra fue desde el siglo XVIII el centro mundial del capitalismo, había ido a establecerse en los Estados Unidos a partir de los años que siguieron el final de la guerra de secesión norteamericana, debido a que después de esa guerra comenzó el violento desarrollo de ese país que iba a llevarlo a la posición de líder del capitalismo mundial, puesto que alcanzó gracias a las dos grandes guerras de 1914-1918 y 1939-1945.
Al terminar la segunda de esas guerras, los judíos norteamericanos se hallaban a la cabeza de grandes industrias, grandes bancos y especialmente dominaban los medios de comunicación de masas como periódicos, estaciones de radio, agencias de publicidad, editoras de libros, cátedras de universidades y colegios, y dominaban también organizaciones de trabajadores y el pequeño comercio de las ciudades más importantes del país, y además la población judía de los Estados Unidos había llegado a ser muy numerosa. Un ejemplo de lo numerosa que llegó a ser la población judía, lo tenemos en el caso de Henry Kissinger. Henry Kissinger era un niño judío alemán y salió huyendo con su familia de Alemania cuando tenía 13 años, durante esa Segunda Guerra Mundial; fue a dar a los Estados Unidos y ahí lo tienen ustedes ahora de Secretario de Estado de ese país. Imagínense si será o no será influyente.
Después de la conferencia de Yalta, en la que tomaron parte el presidente de los Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt, el jefe del gobierno y del partido comunista de la Unión Soviética, Josef Stalin, y Winston Churchill, el jefe del gobierno inglés, Roosevelt se reunió con Abdul Aziz Ibn Saud, que era el rey de Arabia (de su nombre Saud sale el nombre de Arabia Saudita) y era el padre de Faisal, a quien acaba de matar hace poco un sobrino.
La reunión tuvo lugar a bordo del crucero Quincy; en el que viajaba Roosevelt, y según cuenta Leonard Mosley en su libro El peligroso juego del petróleo, mientras los dos jefes de Estado hablaban de cultivos y de la cooperación entre los Estados Unidos y la Arabia Saudita para la extracción y comercialización del petróleo, parecían dos viejos amigos. Menos armonía hubo al tratar de la solución del problema palestino. La conversación derivó, entonces, hacia una serie de malentendidos que iban a enturbiar las relaciones entre ambos países en los meses siguientes.
Hasta ahí llega ese párrafo de Mosley, quien sigue diciendo que «Roosevelt prometió, primero de palabra y después confirmándolo por carta, que como presidente nunca llevaría a cabo ninguna acción hostil para los árabes, y que el gobierno de Washington no cambiaría su política palestina sin consultar de antemano tanto a los árabes como a los judíos». Ibn Saud quedó muy contento con esa declaración, pero sucedió que Roosevelt murió dos meses y medio después de haberla hecho, y según dice Mosley «su promesa murió con él»; y en una nota al pie, Mosley explica lo siguiente: Al romper la promesa de Roosevelt el presidente Harry S. Truman usó unas palabras que desde entonces han venido obsesionando, dice Mosley, tanto a los petroleros como a los diplomáticos que intentan negociar con los árabes. Las palabras de Truman que Mosley pone entre comillas son éstas:»Lo siento, señores, pero me debo a cientos de miles de personas que están deseosas de ver el éxito del sionismo. Entre mis electores carezco de cientos de miles de árabes».
Para ganarse el apoyo de los judíos norteamericanos, un apoyo que significaba su elección como presidente de los Estados Unidos, Truman respaldaba la petición judía de que se permitiera la entrada inmediata en Palestina de otros 100 mil judíos. De hecho, ya para ese momento, año de 1947, el poder que decidía en Palestina no era Inglaterra, eran los Estados Unidos. Cuando la Agencia Judía resolvió respaldar a las organizaciones terroristas judías que actuaban en Palestina contra las autoridades inglesas y contra los árabes, desde luego, los ingleses arrestaron a algunos jefes de la Agencia Judía. Eso ocurrió cuando los terroristas judíos volaron el hotel David, donde había varios jefes ingleses. Truman protestó de esa medida mientras al mismo tiempo el Congreso norteamericano se negaba a dar fondos pedidos por los ingleses para cubrir gastos que ellos hacían precisamente en Palestina.

CUARTA PARTE

El desplazamiento de Inglaterra de su papel de país líder del sistema capitalista mundial y la ocupación del lugar que dejó vacío Inglaterra por los Estados Unidos, determinó a su vez un movimiento del bloque socialista para enfrentarse a los Estados Unidos. Todavía la revolución socialista no había triunfado en China ni en ningún país fuera de la Unión Soviética y de la Europa Oriental y Central, y el líder natural de los países socialistas en los que el socialismo había triunfado en los años finales de la Segunda Guerra Mundial era la Unión Soviética. Así pues, en términos de liderazgo hubo un enfrentamiento de tipo político entre los Estados Unidos y la Unión Soviética que no llegó a manifestarse en hechos porque la Unión Soviética apoyaba la idea de que se estableciera en Palestina un Estado en el que vivieran conjuntamente árabes y judíos, es decir, no un Estado judío ni un Estado árabe sino un Estado para árabes y judíos. En el resto de Europa el enfrentamiento fue más agudo especialmente en el caso del bloqueo de Berlín y tomó el nombre de la guerra fría, pero en esa guerra fría los soviéticos no perdieron de vista la situación que iba creándose en el Cercano Oriente a causa de la cual en 1945 se creó la Liga de Estados Árabes.
Cuando los ingleses se dieron cuenta de que si la guerra fría se extendía al Cercano Oriente ellos no tenían nada que ganar, pero podían perder su ventajosa posición en Egipto, decidieron retirarse de Palestina, y esa decisión precipitó los acontecimientos que iban a dar lugar al nacimiento del Estado de Israel. Sin embargo, desde el mes de noviembre de 1947 en las Naciones Unidas se había hecho un reparto de las tierras que debían ocupar los árabes y de las tierras que debían ocupar los judíos.
Dijimos que la decisión de Inglaterra de retirarse de Palestina precipitó los acontecimientos que iban a dar lugar al nacimiento del Estado de Israel, y ese Estado nació protegido, no ya por Inglaterra sino por los Estados Unidos. Hubo, pues, una traslación de poderes. Así vino a suceder que al heredar el lugar de Inglaterra como jefe del mundo capitalista, los Estados Unidos heredaron también la paternidad del Estado de Israel, que había sido planeado por Inglaterra desde hacía más de 100 años.
Al mismo tiempo que la decisión inglesa de abandonar Palestina colocó a los Estados Unidos en el papel de protectores del Estado de Israel, que iba a nacer el día antes de la retirada de los ingleses, esa decisión prolongó la autoridad de los ingleses en Egipto varios años, por lo menos, hasta e1 26 de julio de 1956, es decir, un poco más de ocho años después del nacimiento del Estado de Israel.
En ese 26 de julio de 1956, Nasser declaró la nacionalización del Canal de Suez; y la nacionalización del Canal de Suez fue el fruto de la lucha política entre Estados Unidos y la Unión Soviética, que eran los dos poderes enfrentados en el Cercano Oriente. Ya no eran Inglaterra y los árabes; ya eran los Estados Unidos y la Unión Soviética en su condición de potencias mundiales. Nasser necesitaba enormes cantidades de dinero para levantar la presa de Assuán, que es la más grande del mundo, y los Estados Unidos se las negaban porque su protegido en el Cercano Oriente era Israel. Estamos hablando de 1956; ya había pasado la guerra de 1948 entre Israel y Egipto, y como país líder de la Liga Árabe, Egipto estaba a la cabeza de la lucha contra Israel. Nasser respondió a la negativa norteamericana nacionalizando el Canal de Suez, y los gobiernos dueños de la compañía que administraba el Canal, que eran Inglaterra y Francia, respondieron a su vez organizando un ataque israelí a Egipto, para lo cual Ben Gurión, jefe del gobierno de Israel, fue llevado en secreto a Francia a fin de decidirlo a que Israel atacara en Egipto, con lo cual se justificaría la intervención inglesa y francesa en el conflicto.
Esa justificación era indispensable porque ni Inglaterra ni Francia podían contar en ese momento con la aprobación norteamericana debido a que por detrás de Nasser estaba el poder soviético, y los Estados Unidos temían que su participación en un ataque a Egipto, aunque fuera encubierta, desatara una nueva guerra mundial.
Ben Gurión, Shimon Perés y Mosé Dayán llegaron a la ciudad francesa de Sevres, en viaje secreto, el 22 de octubre de 1956, y las elecciones norteamericanas, en las cuales el presidente Eisenhower iba como candidato a la reelección, se celebrarían dos semanas después. Cualquier desliz en la política exterior de los Estados Unidos podía significar la derrota de Eisenhower, que equivalía a la derrota del Partido Republicano; y por esa razón lo que hicieran los ingleses y los franceses en Egipto tenía que ser hecho sin que se enterara el gobierno norteamericano; de ahí que el viaje de los líderes israelistas a Francia y el de los altos jefes políticos ingleses y franceses a la ciudad de Sevres para entrevistarse con ellos fueran movimientos hechos con tantas precauciones que ni la CIA se enteró, pero seamos justos y digamos que tampoco se enteraron los servicios soviéticos de contraespionaje. No se enteró nadie; sólo los que actuaron. En esas entrevistas de Sevres se decidió el ataque israelí, inglés y francés a Egipto.
El ataque comenzó con un avance inesperado del ejército israelí iniciado el 29 de octubre en dirección del Canal de Suez por la vía de EI-Arish, donde se estableció el cuartel general israelí, y el día 30, los ingleses y los franceses enviaron un ultimátum a los israelitas y a los egipcios, pero se trataba de un ultimátum que los israelitas estaban esperando porque eso se había planeado en Sevres, y que los egipcios no esperaban porque ellos eran las víctimas de ese plan secreto.
A la una del día 31 de octubre, Nasser rechazó el ultimátum y a las 4 de la mañana del día siguiente empezaron los ingleses a bombardear los suburbios de El Cairo y los alrededores del Canal de Suez. Los ingleses y los franceses habían reunido una fuerza gigantesca para atacar a Egipto; tenían 130 buques de guerra, entre ellos 6 portaviones, 15 cruceros y barcos auxiliares, 9 mil vehículos, 500 aviones, 75 mil hombres; todo eso para actuar como intermediarios que iban a garantizar la paz, pero en realidad era para quedarse con el Canal de Suez a fin de que los barcos ingleses y franceses y los que se les añadieran de las flotas del llamado Mundo Libre pudieran hacer su camino hacia Oriente con una economía de 9 mil kilómetros, como explicamos la semana pasada.
Permítasenos que al llegar aquí hagamos la historia de un episodio personal. Yendo de Cienfuegos, en Cuba, para Amberes, a participar en un congreso de trabajadores del transporte que debía celebrarse parte en Bélgica y parte en Austria, aprovechamos el viaje, que hacíamos en un barco alemán de carga que aceptaba de 10 a 12 pasajeros, para escribir el borrador de una biografía de David que habíamos planeado mientras vivíamos en Chile, allá por el año 1955. La razón del viaje era conseguir que en ese congreso de trabajadores se declarara un boicot a Trujillo, lo que no pudo conseguirse porque los representantes de los sindicatos ingleses se opusieron con el argumento de que Inglaterra compraba en la República Dominicana cacao, azúcar y café, y si ellos aceptaban el boicot el comercio inglés sufriría pérdidas. Esa conclusión tan revolucionaria de los ingleses fue aceptada por el congreso en sus sesiones de Viena, y de Viena nos fuimos a Roma junto con los otros dos delegados dominicanos, y en Roma pasamos en limpio el borrador de la biografía de David.
Ahora bien, estando en Roma se nos ocurrió que no debíamos volver a América sin aprovechar la oportunidad de ver la tierra de David y de comprobar qué cambios se habían operado en ella desde los tiempos bíblicos hasta los actuales. No teníamos dinero para hacer el viaje, pero tuvimos la suerte de encontrar en Roma a una amiga cubana que nos prestó 300 dólares, con los cuales nos fuimos en tren a Bríndisi, que queda situada en la base del tacón de la bota en que termina la península italiana; y de Bríndisi salimos hacia Haifa en un barco llamado el Mesaphia. Íbamos en tercera clase, porque el dinero no daba para ir en segunda, y como en tercera no se disponía de camarote debíamos dormir en cubierta; pero eso sí, de noche nos daban un colchón, lo que nos permitía pararnos al amanecer con cierta agilidad. El Mesaphia estaba anclado en un puerto de la isla de Chipre cuando vimos, por primera vez, aviones militares a reacción. Eran aviones ingleses y franceses que salían de Chipre -donde todavía hay bases inglesas- para ir a bombardear los alrededores de El Cairo; pero de esto último vinimos a enterarnos después de nuestra llegada a Haifa, que fue al día siguiente. Y perdonen el tiempo perdido en hablar de ese episodio personal.
Los planes ingleses y franceses fracasaron por la intervención yanqui. Ya los ingleses no eran el gran poder mundial; el gran poder mundial eran los Estados Unidos, y Eisenhower, temeroso de las complicaciones que podía traer el ataque anglo-francés a Egipto, intervino inmediatamente para ponerle fin. Foster Dulles hizo unas declaraciones muy enérgicas pidiendo que cesaran esos ataques, y los ataques cesaron cesó también el avance israelí en Egipto. Los Estados Unidos se habían convertido en el líder mundial del sistema capitalista y naturalmente no podían tolerar que por motivos económicos o políticos, unos paisitos como Inglaterra y Francia, se tomaran la libertad de actuar por su cuenta, poniendo en peligro el liderazgo norteamericano.
Ahora vamos a dar un salto atrás para explicarles la clave del conflicto del Cercano Oriente, que se originó con la apropiación, por parte de los judíos, de las tierras de Palestina, con lo cual dejaron al pueblo palestino sin uno de los dos requisitos esenciales de una nación. Esos dos requisitos son pueblo y tierras. Un pueblo asentado sobre un territorio dado forma una nación, y una nación puede constituirse en Estado solamente si reúne esos dos requisitos. Palestina pudo haber pasado a ser un Estado, pero la ocupación inglesa lo impidió, y las infiltraciones judías primero, y las inmigraciones judías después, realizadas unas y otras con apoyo inglés, le arrebataron al pueblo palestino las tierras que ocupaba desde hacía varios siglos; en cambio los judíos, que eran un pueblo sin tierras y por tanto no constituían una nación, se convirtieron en nación al apropiarse de tierras palestinas, y de nación pasaron a Estado, el Estado de Israel, que quedó proclamado un día antes de abandonar las fuerzas inglesas el territorio palestino. Los ingleses evacuaron ese territorio el día 15 de mayo del año 1948 y los israelíes proclamaron la existencia del Estado de Israel en la tarde del día 14.
El pueblo judío no tenía tierras porque desde hacía más de mil quinientos años vivía en medio de otras sociedades. En la Historia de Palestina de Lorand Gaspar (págs. 167 y 168), hallamos una nota que dice lo siguiente: «En 1964, sobre una cifra total de 2 millones 525 mil 600 habitantes de Israel, había 123 mil judíos iraquíes, 61 mil judíos yemeníes y de Adén, 44 mil judíos turcos, 37 mil judíos iraníes, 112 mil judíos marroquíes, 40 mil judíos argelinos y tunecinos, 36 mil judíos egipcios, 39 mil judíos holandeses, 219 mil judíos polacos, 147 mil judíos rumanos, 11 mil 88 judíos rusos, 53 mil judíos alemanes y austriacos, 26 mil judíos checoeslovacos, 29 mil judíos húngaros, 29 mil judíos búlgaros, 11 mil judíos griegos, 8 mil judíos yugoeslavos», y sigue diciendo: «Hay judíos del Cochín (Cochín es la Cochinchina, Vietnam del Sur) y del sur de la India y de Abisinia, muy oscuros de piel, los judíos rubios de ojos azules de Europa Central y del Este, muchos de ellos con una osamenta facial prominente de tipo eslavo (es decir, ruso), judíos de pelo negro y de cráneo dolicocéfalo, de tipo mediterráneo del Norte de África, judíos de tipo fornido de Kurdistán y Bujara, yemeníes delgados y muchos más»; es decir, como ustedes ven solamente faltaban judíos dominicanos. Y decimos que solamente faltaban judíos dominicanos porque conocimos en Israel judíos argentinos, judíos brasileros, judíos chilenos, y asómbrense, también judíos cubanos.
Al adueñarse de las tierras de los palestinos y asentarse en ellas, el pueblo judío pasó a ser nación, y una vez convertido en nación fue llevado a la categoría de Estado con la ayuda principalmente de Inglaterra, que les dio su apoyo durante un siglo a los grandes capitalistas judíos de Europa para que establecieran ese Estado como una cuña metida entre los países árabes de África y de Asia. Después con el apoyo político, económico y militar de los Estados Unidos, que vieron en Israel un aliado insuperable para mantener una base política y militar en la región del Cercano Oriente donde estaba dejándose sentir la penetración soviética.
Veamos cómo fue desarrollándose el proceso de convertir al pueblo judío en nación y cómo después que esa nación pasó a ser Estado usó el poder que tienen los Estados para acabar adueñándose del resto de las tierras palestinas, quitándoles a los árabes palestinos su medio de vida fundamental, pues tratándose, como se trataba, de que el pueblo árabe de Palestina era agricultor y pastor de cabras y de ovejas, si le faltaba la tierra le faltaba la base misma de su vida. Ya hemos dicho que la organización obrera judía llamada Histadruth, que es uno de los engranajes de la organización del Estado de Israel y antes de la existencia del Estado lo era de la Agencia Judía, rechazaba de manera tajante que los inmigrantes judíos les dieran trabajo a personas que no fueran judías, de manera que los árabes que iban perdiendo la tierra donde producían para ir viviendo porque sus propietarios se las vendían a los judíos, o por otras razones, no tenían oportunidad de trabajar ni siquiera como peones de los judíos; pero esa situación iba a agravarse con la creación del Estado de Israel, como veremos dentro de poco.
Por ahora, veamos algunos números que nos ayudarán a comprender la situación. Antes habíamos dicho que en el censo de 1931, 174 mil 606 judíos vivían para ese año en Palestina. En ese momento la población total del país era un millón 33 mil 314. Entonces se estimó que para el 1944 en Palestina habría un millón 739 mil 524 habitantes, de los cuales 528 mil 702 iban a ser judíos; pero resultó que un año antes, en 1943, los judíos eran, no 528 mil 702, sino 539 mil, y la población total un millón 676 mil, de manera que para 1943 los judíos eran poquito menos que la tercera parte de todos los habitantes de Palestina. En 1949, es decir, un año después de haberse constituido el Estado de Israel, los judíos eran 219 mil más que en 1943. En 1954 habían pasado a ser un millón 500 mil y en 1958 eran un millón 800 mil. Como pueden ustedes ver, en 14 años los judíos, ellos solos, pasaron a ser más que todos los habitantes de Palestina que se estimaba iba a haber en 1944, incluyendo entre ellos más de medio millón de judíos (528 mil 702). Como es natural, ese aumento de la población judía requería más tierras, no sólo para la producción judía sino también para sus viviendas. Ahora bien, una vez constituido el Estado de Israel, como dicen los autores de El Problema Palestinense tomándolo de otras publicaciones, ¿se pasó de la etapa de la adquisición a la de la confiscación?
Tan pronto los ingleses abandonaron Palestina los países árabes vecinos atacaron Israel, y al terminar esa guerra, cuando se hizo el armisticio en julio de 1949, Israel sometió a la autoridad militar israelí la Alta Galilea y una gran parte de la región Central; y toda la parte norte de la costa entre Gaza e Isdud pasó también a ser sometida a la autoridad militar israelí, así como la región del Neguev; al sur de Rafah.
En el año 1941, las tierras de judíos en Palestina tenían una superficie de 528 kilómetros cuadrados, y para el 1951 llegaban a 16 mil 324 kilómetros cuadrados. ¿Cómo se obtuvo ese aumento de propiedades judías que alcanzó a casi 18 veces? Pues se obtuvo con las leyes que votó el gobierno judío inmediatamente después de haberse constituido el Estado de Israel, porque la constitución de un Estado autoriza la formación inmediata del gobierno que ha de administrarlo o dirigirlo, y un gobierno a su vez está autorizado a producir leyes en nombre y en defensa de ese Estado, y por eso, señores, es que los procesos políticos van dirigidos a la conquista del poder dentro de los límites del Estado porque el poder, que es ejercido por el gobierno, tiene la capacidad de organizar la vida de un pueblo de acuerdo con los intereses de aquellos que lo gobiernan.
Tan pronto constituyeron el Estado de Israel, los judíos pasaron a organizar la incautación o la conquista de las tierras de los árabes mediante varias leyes, de las cuales las tres primeras fueron promulgadas en el año 1948, es decir, el mismo año de la instalación del Estado de Israel. Esas tres leyes fueron la Ordenanza de las Áreas Abandonadas, la Regulación de las Propiedades de los Ausentes y las Regulaciones de Emergencia para el Cultivo de las Tierras no Cultivadas. Por la primera se declararon ausentes a todos los árabes que no se hallaban en sus ciudades o aldeas después del 29 de noviembre de 1947; se estableció que todos los árabes que teman propiedades en la ciudad nueva de Acre serian clasificados como ausentes aunque nunca hubieran salido a más de 30 metros de la parte vieja de la ciudad. Parece increíble, pero así sucedió. También fueron declarados ausentes todos los que salieron de un lugar de Israel hacia otro dentro del país, y se llegó a colmos como el de que los árabes que fueron de visita a Beirut o a Belén en los últimos días del mandato inglés, aunque la visita durara sólo un día, fueron declarados ausentes, y se nombró al ministro de Agricultura ya un custodio especial para que tomara posesión de las tierras de esos ausentes, y luego, por ley del 14 de marzo de 1950 se autorizó al custodio a vender las tierras de esos ausentes y se legalizaron todas las distribuciones de tierras propiedades de árabes que se habían hecho hasta ese momento sin autorización legal.
Decía Sami Hadawi (página 54): «Bajo esas regulaciones y leyes las autoridades israelíes legalizaron la toma de las propiedades de los árabes refugiados e hicieron legales las confiscaciones de cualesquiera otras propiedades de árabes, fueran o no fueran refugiados». Y agregaba esta conclusión: «El resultado actual es que todas las tierras agrícolas pertenecientes a refugiados (árabes) han sido vendidas por el custodio israelí, o la (llamada) Autoridad para el Desarrollo, que fue creada especialmente para liquidar los derechos y los intereses de los árabes».
Además de las tierras, la Palestina árabe tenía instalaciones telegráficas, telefónicas, ferrocarriles, acueductos, carreteras, puertos, edificios de gobierno, incluyendo entre ellos escuelas, hospitales, cuarteles de la policía y terrenos públicos y ciudades y aldeas; y los árabes palestinos teman hogares y muebles y negocios, sobre todo comercios, miles de comercios, aunque fueran pequeños; y con la mayoría de todo eso se quedaron los israelíes. En resumen, no es que al pueblo árabe de Palestina le quitaron su tierra y sus bienes. Lo que ha sucedido es algo infinitamente peor, pues si le hubieran quitado su tierra y sus bienes y le hubieran permitido quedarse en lo que durante más de mil 200 años había sido su país, en 20, en 40, en 60 años de trabajo hubiera podido rehacer lo que le habían arrebatado. Pero lo que se hizo con ese pueblo fue arrancarlo de raíz de su patria y lanzarlo fuera de ella, de tal manera que ahora hay fuera de Palestina más de un millón y medio de palestinos, de los cuales una gran cantidad ha nacido en el exilio.
La raíz del conflicto del Cercano Oriente está en ese hecho; en que un pueblo entero fue despojado de su patria natural para que fuera a ocuparlo otro pueblo que estaba fuera de ella hacía más de mil 200 años. Pero si la raíz está en ese despojo, que ha sido un crimen descomunal propio de un sistema que ha reemplazado el sentimiento de la confraternidad humana y el concepto de lo justo por la persecución del beneficio económico, su medida trágica, lo que le da una grandeza dolorosa difícil de medir es que la víctima de ese crimen es un pueblo que forma parte de una hermandad de pueblos que siente en carne propia el puñal que les han clavado a sus hermanos palestinos. Nosotros los latinoamericanos nos damos cuenta de lo que sufren los pueblos árabes con lo que les está sucediendo a sus hermanos de Palestina porque sabemos lo que nos duele el asesinato de un estudiante argentino o la desaparición misteriosa de un combatiente chileno.
Estando en España, allá por el año 1967, doña Carmen y yo fuimos a Córdoba, y naturalmente visitamos ese monumento de belleza increíble que se llama la Mezquita de Córdoba. En la Mezquita de Córdoba se avanza de asombro en asombro por entre columnas de mármoles de todos los colores, verde, rosado, gris, blanco, y de todos los estilos, el dórico, el jónico, el salomónico, y además de todos los tamaños, porque los árabes recogieron esas columnas especialmente de las antiguas ciudades romanas del Norte de África para llevarlas a Córdoba a montar con ellas un verdadero bosque de columnas. Unas son más altas y se les hicieron hoyos para que penetraran más en tierra; otras son más cortas y a esas se les hicieron bases para que quedaran más levantadas, porque en la parte superior, en el final de los capiteles, todas debían estar a la misma altura.
Yendo por entre ese bosque de sorpresas, dejándonos llevar de belleza en belleza, nos dimos de pronto con que en medio de aquella construcción gigantesca que es la Mezquita de Córdoba, había un lugar de donde habían quitado las columnas para fabricar, bajo el techo de la Mezquita, una iglesia católica. El guía que iba acompañándonos nos contó que cuando llevaron allí al emperador Carlos V, que por haber nacido y haberse criado fuera de España era menos fanático que la mayoría de los españoles, miró despaciosamente la iglesia católica y el bosque de columnas que la rodeaba y dijo más o menos estas palabras: «Ustedes han hecho dos cosas malas a la vez; han echado a perder la Mezquita y han echado a perder la iglesia católica».
Todas las mezquitas o templos musulmanes tienen un nicho que está colocado en dirección a la Meca, y ese nicho es el lugar sagrado de una mezquita. Su nombre árabe es el mihrab. Pues bien, paseando por aquel mundo de columnas que nos tenía deslumbrados, doña Carmen y yo desembocamos de pronto en el mihrab de la Mezquita de Córdoba. y nuestra sorpresa fue tal que nos miramos a los ojos. Ese mihrab era la culminación de todo lo bello que habíamos visto en la Mezquita. Las letras y los signos que hay en él están hechos de oro sobre mármol, y despedían una fuerza artística impresionante. Al darse cuenta de que nosotros nos habíamos quedado mudos, el guía, que parecía un árabe, dijo estas palabras:
«Aquí han venido muchos árabes que al llegar a este sitio no han podido seguir caminando y se han echado a llorar».
Y nosotros comprendimos a cabalidad por qué lloraban esos árabes. Lloraban porque al llegar ante el mihrab de la Mezquita de Córdoba veían de manera material, viva, con sus propios ojos, lo que había sido la cultura de ese imperio que al cabo de tantos siglos de haber desaparecido sigue iluminando con el resplandor de un sol naciente el alma de todos los pueblos árabes y sigue uniéndolos tanto como la lengua, tanto como a nosotros los latinoamericanos nos une la lengua española; y lo que no comprenden los judíos que han establecido un Estado judío en Palestina arrancando de allí, como quien arranca un árbol, al pueblo que habitaba esa tierra. y lo que no comprende el gran poder que está detrás de ellos, es que cuando hay pueblos con sentimientos tan profundos de unidad; cuando hay pueblos que sienten el dolor de sus hermanos como si fuera su propio dolor, entonces, aunque se necesiten muchos años de lucha y aunque esa lucha cueste muchas vidas, no hay sobre esta tierra poder alguno que pueda convertir en permanente una injusticia tan repugnante como la que se ha cometido con el pueblo árabe de Palestina.

Por Domingo.com/la Revista

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