El perder se hace costumbre

¿Había razón para arriesgarse a una derrota inútil?

    Los perredeístas están tan acostumbrados a las derrotas, que les hacen falta, y cuando no tienen algo mejor que hacer, se inventan una.

Como en la escogencia del vocero de la cámara.
Pudieron haberse juntado setenta y un diputados de setenta y ocho (Hubieres se queda fuera) y decidir quien sería la voz principal.
Sin embargo, cuarenta y uno fueron a la Casa Nacional y treinta a la oficina del bloque, y cada cual seleccionó el suyo. Uno con cuarenta y uno y el otro con treinta.
La puja no fue de aspirantes, sino de bandos, y uno le ganó al otro, cuando la competencia, triunfo y derrota pudo haberse quedado a nivel de los candidatos.
¿Qué importancia tienen Ruddy y Eugenio? Ninguna ¿Qué se ganó con fuera uno y no el otro? Nada. Solo que uno será vocero y el otro representante.
Lo peor de todo es que uno que siempre ocupa posiciones sin someterse a escrutinio, se sintió en el derecho de discriminar. Los suyos, una minoría hiriente, encarnaban los principios, y los oponentes, una mayoría comprobada, las violaciones.
Es decir, que como siempre, la derrota es más digna y valiosa que el triunfo.
DIARIO LIBRE

Por Domingo.com/la Revista

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