8 asombrosos datos de China

1. La tierra donde el tiempo se detiene
Con un ancho de más de 4.800 kilómetros, China debería tener tres distintos husos horarios, del este al oeste. Sin embargo, desde que los comunistas tomaron el poder, en 1949, sólo existe uno, el de Pekín, como demostración de la unidad nacional. Eso significa que en el invierno, en el lejano oeste, amanece tan tarde como las diez de la mañana, y los oficinistas y los chicos que van a la escuela pasan las primeras dos horas del día en la oscuridad.

Sin embargo, algunos tratan de vivir de acuerdo con un horario local más cómodo biológicamente, aunque extraoficial. Así, durante las vacaciones, puede observarse a los chicos viendo televisión a altas horas de la noche mientras disfrutan su té.

2. Gruñones, excéntricos y chismosos

Los chinos distan mucho de ser los conformistas dóciles y robóticos que algunos occidentales imaginan. Una de las mejores fotos que he sacado en el país es la de un chiquito de unos nueve años, con traje de Superman, con su caniche blanco por el centro de una ciudad. Una que, tristemente, no alcancé a tomar era la de una señora de mediana edad de Shanghai, que había sacado a pasear a un caniche… teñido, desde la nariz hasta la cola, de lunares color de rosa. Los chinos son sociables, chismosos, discuten en público, tienen excelente sentido del humor, producen una enorme cantidad de arte de vanguardia, tocan la bocina mientras manejan el auto y se quejan sin cesar de la burocracia y de la atención al cliente.

3. Totalmente conectados

China es el mercado de teléfonos celulares más grande del mundo, con 900 millones de ciudadanos dueños de un shojin (máquina manual): prácticamente todos los adultos del país, al igual que en Occidente. Por otra parte, los habitantes urbanos chinos también se pasan el 70 por ciento de su tiempo de ocio online, en comparación con un 30 por ciento en Gran Bretaña. El gobierno emplea a unas 50.000 personas para vigilar Internet, y la oposición política al gobierno está prohibida, supuestamente. Sin embargo, es muy difícil controlarla, y China tiene 200 millones de blogueros, muchos de los cuales se quejan de las autoridades. Las quejas sociales del año pasado, impulsadas por Internet, provocaron medidas drásticas por parte de las autoridades, pero sólo acusaron a 30 personas. Los sitios de redes sociales occidentales, como Facebook y Twitter, también están vedados, pero sus
equivalentes chinos —Sina Weibo y Tencent, en el caso de Twitter, y Renren y Kaixin en el de Facebook— son igual de poderosos.

Cuando dos trenes chocaron el pasado mes de julio en la provincia de Zheijang, accidente que cobró la vida de 40 personas, las autoridades trataron de censurar todos los detalles. Sin embargo, hubo víctimas que se encontraban dentro de los restos y publicaron mensajes en Sina Weibo antes de que las rescataran. Este es el primer triunfo político para las redes sociales en China.

4. Sea amable: eructe


Los buenos modales chinos constituyen una especie de campo minado: Jamás debe abrir un regalo cuando lo recibe. Sorber ruidosamente los líquidos y eructar se consideran respetuosos. Siempre pruebe todo lo que le ofrezcan en la mesa. Es de mala educación hablar de negocios en los almuerzos y cenas de negocios. No es grosero contestar el celular durante una reunión y luego hablar en voz alta de manera que tengan que interrumpir la misma. Un contrato de negocios es el comienzo de una negociación. En cuanto las partes hayan convenido en el precio y se den la mano, es normal que la contraparte pida un descuento.

5. Los relojes de la muerte

Incluso los chinos cultos pueden ser intensamente supersticiosos. La creencia de que el ocho es número de buena suerte y el cuatro de mala es casi universal, y en pocos edificios se conoce como cuarto el piso encima del tercero. La superstición convierte la compra de un regalo en algo muy difícil. Los diversos artículos que hay que evitar incluyen: tijeras (simbolizan cortar la relación); relojes (la palabra significa también muerte); peras (tienen la connotación de que las parejas se están separando); y zapatos (sugieren que desea que el destinatario se vaya). Ah, sí, y los sombreros verdes: “Ponerse un sombrero verde” es un viejo dicho chino que significa engañar amorosamente a alguien.

6. Por qué es bueno ser hijo único



Los productos de marca pueden ser tan caros en China como en Occidente: 160 dólares por un par de zapatillas, por ejemplo. Un buen salario chino de clase media es de 80 dólares por semana, entonces, ¿cómo puede darse la gente el lujo? Por la política comunista de tener un solo hijo. Como tienen sólo un descendiente en el que gastar su dinero, los padres, abuelos y bisabuelos pueden prodigarle todo lo que les sobre, lo cual a menudo le garantiza su estilo de vida hasta muy entrada la edad adulta.

7. La fe se mueve en formas misteriosas


País oficialmente ateo, China vive un auge masivo del cristianismo. Según estimaciones, existen 54 millones de fieles activos en el país —más que en Italia—, con 40 millones de ellos protestantes y 14 millones católicos. De vez en cuando, la policía secreta —la ASP (Agencia de Seguridad Pública)— interrumpe las celebraciones e incluso detiene a los devotos unas cuantas horas antes de ponerlos en libertad, sólo para demostrar quién sigue mandando. Sin embargo, esta persecución de bajo nivel no entorpece en nada el auge. Los hombres de negocios pudientes incluso están iniciando sus propias iglesias y hablan ambiciosamente de desarrollar “marcas” religiosas por toda China. No obstante, la interpretación china del cristianismo puede resultar algo confusa. Una amiga mía “practicante” me dijo que jamás había oído hablar de Jesús y desconocía el significado del crucifijo, más allá de ser un símbolo religioso. Va a la iglesia más que nada con la esperanza de poder hablar con su finado padre.

8. Arroz frito no tan especial


Los platos chinos más conocidos en Occidente son una versión restringida de la comida cantonesa de Hong Kong, así que algo como el cerdo agridulce casi es desconocido para la mayoría de los chinos… que consumen arroz frito en el desayuno. De hecho, la madre de un chino amigo mío describe el plato agridulce como “cerdo de los extranjeros”. Existen al menos ocho cocinas principales chinas y miles de variantes locales.

Así que, además de la comida cantonesa que nos resulta familiar, también existe la picante de Hunan y Szechuan, la de Anhui (que emplea mucho bambú y hongos), la de Fujian (importante cocina de mariscos), la de Shandong (con mucho maní, granos y vinagre), la de Jiangsu (dulce, con mucho pescado blanco cocido a fuego lento y al vapor) y la de Zhejiang (que usa poco aceite y grasa, y enfatiza los sabores frescos). A los chinos les encantan las texturas interesantes, así que adoran comer cosas tales como cabezas de pescado, pero la carne blanca del resto del pescado les parece aburrida. Consideran las hamburguesas y los bifes repugnantes por su sabor y textura uniformes. Y la pechuga de pollo es tan insípida al paladar chino que es la carne más barata en el supermercado, y se compra principalmente como alimento para mascotas.

Los chinos consumen otras cocinas occidentales, como la italiana —y la francesa en Shanghai, ciudad sofisticada—, más por moda que por gusto. Y aunque se encuentran bares en cada cuadra, a poca gente le gusta realmente el café. China está convirtiéndose en un enorme mercado para los vinos finos, pero la gente toma con frecuencia una botella de cosecha clásica mezclada con té verde o incluso bebidas cola. Botellas que cuestan cientos de dólares también circulan sin descorcharse, como regalos.
ADICTAMENTE


Por Domingo.com/la Revista

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