Para la embajadora de Trinidad y Tobago en Cuba, Jennifer Jones-Kernahan, el festejo debe verse como un homenaje a los que murieron por la independencia del área. «Celebramos ese día también la vida y la obra de los que lucharon por la liberación de nuestros pueblos», consideró. Pero 179 años después de aquella fecha, el drama y la historia del Caribe no son muy diferentes. Nuevas esclavitudes, junto a las mismas de siempre, recuerdan que el drama del látigo y la plantación no es fábula antigua. 
La Habana (PL) En la mañana inicial del octavo mes de 1833, el rumor saltó entre las islas del Caribe y luego los tambores y las danzas de la noche se encargaron de difundir la noticia: los esclavos, al fin, serían liberados. 
Por ahí decían que las goletas, llegadas días antes desde Inglaterra, traían el anuncio esperado desde las sombras de la Conquista. Los negros de ojo bien entrenado lo habían percibido antes en las señales de los tiempos. Dicen que el mes anterior, las palomas huyeron de la plaza de Kingston, unos calamares gigantes llegaron a las costas de Anguila y una lluvia de estrellas desgarró las noches del Trópico. Pero ningún cronista de la época describió la alegría de los recién libertos en la mañana del 1 de agosto cuando, por decreto real, quedó abolida la esclavitud en los territorios ingleses del ultramar americano. Ninguno lo hizo, probablemente, porque nadie creyó en verdad la historia de que esos, hasta el día anterior esclavos, pudieran ser sus iguales en la mañana. O tal vez porque es imposible describir la fiesta infinita de un hombre, esclavo desde antes de nacer, cuando conoce el nuevo día de la libertad. 
 Lamentablemente, aquel agosto de fiesta y carnaval y baile para el Caribe, no fue más que un simulacro. La corona inglesa se mostraba magnánima frente al mundo, mientras ataba a los antes esclavos con nuevas cadenas. Sólo los menores de seis meses quedaron libres, pero el resto, los que habían cargado toda su vida con el estigma de la esclavitud, continuaron sirviendo a sus dueños. No se llamarían esclavos a partir de entonces, sino aprendices, y por unas cuantas monedas y una vida miserable siguieron trabajando en la agricultura, en la industria azucarera y en las manufacturas, hasta varios años después. Visto así, muy pocos motivos parecen haber hoy para celebrar aquellas fechas, aunque todo el Caribe anglófono se una en fiesta desde entonces cada agosto para recordar la emancipación que realmente no fue
Sin embargo, para el cubano Jesús Guanche, miembro del Comité científico del proyecto internacional La ruta del esclavo, agosto de 1833 constituyó un punto de partida para luchas posteriores. «Sirvió para comprender que la liberación de la esclavitud no basta, pues se convierte en un nuevo punto de partida», aseguró durante un simposio en la Casa de las Américas sobre los 179 años del Día de la Emancipación.
Para la embajadora de Trinidad y Tobago en Cuba, Jennifer Jones-Kernahan, el festejo debe verse como un homenaje a los que murieron por la independencia del área. «Celebramos ese día también la vida y la obra de los que lucharon por la liberación de nuestros pueblos», consideró. Pero 179 años después de aquella fecha, el drama y la historia del Caribe no son muy diferentes. Nuevas esclavitudes, junto a las mismas de siempre, recuerdan que el drama del látigo y la plantación no es fábula antigua. 
 LAS NUEVAS ESCLAVITUDES 
 Según Olga Rufins, de la Oficina Regional de la Unesco en Cuba, la discriminación por el color de la piel es todavía una lacra en la región, un espacio geográfico donde, contradictoriamente, casi 150 millones de personas se auto reconocen como afrodescendientes. «Recordar hoy la tragedia de la esclavitud no puede ser cuestión de memoria, sino de acción para identificar nuevas formas de servidumbre», afirma. De acuerdo con la Organización de Naciones Unidas, la situación de explotación en países del área como Haití, República Dominicana, Guyana y Trinidad y Tobago es hoy «alarmante».
 La escritora martiniqueña Nicole Cage-Florentiny añade nuevas perspectivas a este drama, cuando se pregunta sobre la medida en que aquel agosto significó también liberación para los pueblos del Caribe. «Es tiempo de reflexionar cuán lejos hemos llegado como naciones y cuán lejos debemos llegar aún. Me temo que todavía tenemos mucha emancipación por delante», comentó por vía electrónica a Prensa Latina. Mi país y una decena de naciones del Caribe siguen bajo la tutela de las viejas metrópolis europeas, ¿podemos hablar de emancipación, de libertad, cuando en el siglo XXI seguimos bajo sus faldas?, cuestionó. La libertad, lo sabrían mucho tiempo después los recién libertos, no es cuestión de decretos, aunque quizás esa noche de agosto de 1833 apenas lo intuían, mientras celebraban frente a la hoguera el primer día de la Emancipación. Así, aquella fecha de ilusión frustrada, dejó entrever a los esclavos, por primera vez, de lejos, como posibilidad, la violenta sacudida de la libertad. A partir entonces, sabrían que los decretos no bastan, que para ser en verdad libres a veces es necesaria la locura, la sangre misma, llegar al más profundo de los abismos. 

 Por Liomán Lima
Periodista de la redacción Centroamérica y Caribe de Prensa Latina

Por Domingo.com/la Revista

Tiene por propósito poner a disposición de nuestros amigos lectores temas e informaciones de carácter social, económico, político, entre otras variedades que le permitan tener informaciones veraces y oportunas para su formación e información. Por igual, nos proponemos empoderar a nuestros amigos lectores de conocimientos de prácticas de salud para una vida placentera y productiva.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: