LAS IRREDENTAS PLAYAS DE AZUA


Sin sus playas, Azua califica como una efectiva fragua de la libertad y un bastión de la dominicanidad. Fue en Azua que se libró la Batalla del 19 de Marzo, donde con dos mil doscientos hombres Pedro Santana derrotó un ejército haitiano de diez mil. Por Juan Lladó
Cuando la Junta Gubernativa creó en 1844 la provincia de Azua de Compostela no aspiraba a que sus 13 kilómetros de playas se llenaran de turistas. Sin embargo, hoy día, los nacionales y los extranjeros podrían acudir en masa a redimirlas si conocieran la historia de la comarca. Pero el inexistente desarrollo turístico sugiere que habrá que añadir algo más a la historia, para que esas formidables playas puedan atraer inversiones hoteleras y turistas extranjeros a raudales.
Sin sus playas, Azua califica como una efectiva fragua de la libertad y un bastión de la dominicanidad. En lo primero debutó con la invencible resistencia de Cuyocagua, el nitaíno del lugar, a Cristóbal Colón cuando éste ancló en la Bahía de Ocoa. Más tarde, Caonabo, el jefe del Cacicazgo de Maguana al cual Azua pertenecía, echó a los españoles de La Isabela. Su esposa, la soberbia Anacaona (o Flor de Oro en taíno), enfrentó a los españoles en las inmediaciones. Ambos pagaron con sus vidas, pero dejaron plantada la semilla de la rebelión contra la opresión aunque sus batallas no se libraran en las playas.
Anacaona fue ejecutada en 1504, el año en que Diego Velázquez, quien posteriormente conquistaría a Cuba, fundó la villa de Azua (eso la hace una de las más antiguas ciudades de América). La llamó «de Compostela» en honor a un gallego que vivía cerca, (ya que Santiago de Compostela está en Galicia). Desde entonces y hasta 1511, el célebre Hernán Cortés residió en Azua ejerciendo como escribano público y de ahí luego partió para conquistar a México. Dicen que Hernán se bañaba con frecuencia en la playa de Monte Río, pero por eso no podría alegarse que esta ejerza sortilegios conquistadores ni que rivalice con las playas de Puerto Plata o Bávaro.
Años más tarde, un sobrino de Anacaona, Enriquillo, prosiguió la lucha contra los españoles. El fraile español Bartolomé de las Casas lo había cristianizado de niño, siendo un ardiente defensor de los derechos de los indígenas, después que conoció del Sermón de Adviento de Montesinos. Las Casas, quien según reportes vivió en Azua, jugó un papel fundamental en la emancipación de los indígenas proclamada por la Corte española en 1542. No sorprende que un municipio de la provincia Azua lleve hoy su nombre, pero a diferencia de Cortés, no se conoce de una afición del iluminado fraile por sus playas.
Luego Azua fue barrida por un terremoto en el 1751, y tuvo que ser reubicada más al norte del litoral. A partir de 1844, y en los albores de la nueva República, Azua se convirtió en «la cabecera más antigua de las provincias sureñas», y la capital del suroeste profundo, en vista de que todas las provincias que hoy lo componen pertenecieron a ella. Pero no se sabe si los que pasaban por Azua en dirección al sur profundo preferían sus playas a las de Barahona o Pedernales.
Como bastión de la dominicanidad, Azua comenzó su epopeya renegando de ella. Su rechazo a la declaración por Núñez de Cáceres de un «Haití Español» en 1821, la convirtió en parte de Haití y Buenaventura Báez, un comerciante del lugar, fue su representante ante las cortes haitianas. Posteriormente, el mismo Báez sumó a Azua a la causa independentista, paradójicamente llegando a ser Presidente de la República cinco veces. Sólo Balaguer, proveniente del Cibao, logró superar ese récord histórico.
Tal vez la más gloriosa de toda la campaña independentista, fue en Azua, que se libró la Batalla del 19 de Marzo, donde con 2,200 hombres, Pedro Santana derrotó un ejército haitiano de 10,000. Y fue en Puerto Tortuguero de Azua donde se libró la única batalla naval de la historia dominicana y donde tres goletas nuestras vencieron a los navíos haitianos, imponiendo así la supremacía naval para el resto de la guerra. Las subsecuentes batallas de El Número y El Memizo tuvieron también un sostén fundamental desde Azua, pero sus playas no jugaron ningún papel en sus resultados.
Donde las playas de Azua volvieron a enhiestar la bandera de la libertad fue en el desembarco guerrillero de 1973, al frente del cual iba el coronel Francisco Caamaño. En esa ocasión, Caracoles, hoy un destino que acoge a pocos visitantes, se vistió de gloria, según el cristal epocal, por la causa de la libertad y el fin del autoritarismo.
Si esa historia de libertad y dominicanidad no explica por qué las playas de Azua no estén hoy colmadas de turistas extranjeros, las cosas podrían cambiar y otra sería la historia. Es cierto que esas playas: Monte Rio, Palmar de Ocoa, Los Negros, Playa Blanca, Caracoles, Caney, Caobita, Guano, etc., no tienen las mieles que los extranjeros asocian con la clásica playa caribeña: amplia franja de arena blanca, suave pendiente, densos cocales. Pero no menos cierto es que en otras latitudes del planeta existen muchas playas similares con soberbio desarrollo turístico. Algunas de las del Mediterráneo, que palidecen en atractivo frente a las de Azua.
¿Por qué las playas azuanas no atraen inversionistas que planten en ellas rutilantes hoteles? Eso podría tener que ver con la ausencia de un aeropuerto en las cercanías. Pero el de Barahona queda a apenas 80 kilómetros y el trayecto se hace en menos de una hora, un tiempo aceptable para los extranjeros. La explicación habría entonces que buscarla en la competencia de otros litorales, tal vez con mejores mieles. Pero Haití tiene 900 kilómetros de lindas playas y tampoco ha conseguido despegar. ¿Será que la suerte de Azua está todavía ligada a la de Haití?
Lo que no saben los inversionistas es que dicen que al levantar una piedra en Azua, es seguro que se descubra un poeta. Por eso algunos la han llamado «la Atenas dominicana» y por eso tal vez pueda ponérsele poesía a las playas.
Tampoco saben que la cascada de Vichi y el balneario La Sulsa ofrecen aguas medicinales como para curar a cualquier turista. Ellos tendrían que conocer a Única Marte, la imperturbable cacica de Ansonia que hereda la majestad de Anacaona y que cura el mal de ojo y la inquina sin recurrir a las artes de la nigromancia.
En definitiva, no se debe permitir que las playas de Azua parezcan las autoras de las siguientes letras: «Que nadie me conozca y que nadie me quiera/Que nadie se preocupe de mi triste destino/Quiero ser incansable y eterno peregrino/Que camina sin rumbo porque nadie lo espera.» Si bien Héctor J. Díaz fue oriundo de Azua y cocinó en su seno estas letras, de seguro que ese insigne bardo querría su desarrollo turístico.
Al final, si la historia no auxilia lo suficiente para despegar el desarrollo turístico, Azua debe recurrir a otros formidables congéneres. Ya que Compostela significa «campo de estrellas» y las playas de su litoral de seguro que lo son, no debe descartarse la opción de que la cacica Única Marte cierre filas con la Virgen de los Remedios, la patrona de Azua, para vender esas estrellas.
¿Por qué las playas azuanas no atraen inversionistas que planten en ellas rutilantes hoteles?
(TOMADO DEL D. LIBRE)

Por Domingo.com/la Revista

Tiene por propósito poner a disposición de nuestros amigos lectores temas e informaciones de carácter social, económico, político, entre otras variedades que le permitan tener informaciones veraces y oportunas para su formación e información. Por igual, nos proponemos empoderar a nuestros amigos lectores de conocimientos de prácticas de salud para una vida placentera y productiva.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: