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67 AÑOS DESPUÉS JAPON NO OLVIDA LA TRAGEDIA DE HIROSHIMA Y NAGASAKI

   Las bombas atomicas de Hiroshima y Nagasaki

Siempre me intereso la historia de la 2da guerra mundial, aca encontre un articulo que me gusto como esta redactado y tiene buenas imagenes, muy buena la de la comparacion del antes y despues de la bomba en Nagasaki. 

El 16 de Julio de 1945 el Proyecto Manhattan alcanzó su objetivo cuando se hizo explotar la primera bomba atómica de la historia, llamada Gadget, en la prueba “Trinity” en Nuevo México. Tras esta prueba, los Aliados estaban listos para lanzar ataques nucleares contra el Eje. 

Hoy en día nos causa horror el simple planteamiento de un ataque de esa magnitud contra la población civil. Sin embargo, lanzar ese ataque fue sólo un aumento del horror en aquel momento: tanto el Eje como los Aliados habían masacrado civiles en ataques atroces contra ciudades. Los bombardeos incendiarios Aliados sobre Dresde y Tokio habían matado unas 30.000 y 80.000 personas respectivamente, creando infiernos de más de 1.500 grados: las bombas (de fósforo o napalm) hacían que la gente que ardía se tirase a los canales para apagar las llamas, pero al salir del agua prendían espontáneamente de nuevo. Que unos horrores no nos hagan olvidar otros. 

En cualquier caso, poco tiempo después de Trinity el Presidente de los Estados Unidos, Harry Truman, tomó la decisión (pues suya fue, en última instancia) de lanzar un ataque nuclear contra Japón. El número de muertos estadounidenses en la contienda (unos 400.000 en ese momento) era tan grande que Truman decidió llevar a cabo algo tan abrumador que Japón no tuviera la menor duda de que la guerra estaba perdida. 

Sólo diez días después de lanzar Gadget en Nuevo México, el 26 de Julio, los Aliados dieron un ultimatum a Japón: o los nipones se rendían o su país se enfrentaría a una “total y rápida destrucción”. Por supuesto, no se mencionaban armas atómicas en este comunicado – Truman no quería revelar ese hecho por si los japoneses conseguían detener los bombarderos. Sin embargo, Japón rechazó rendirse. 

El Comité de Objetivos en Los Alamos (del que von Neumann era miembro, como ya dijimos en su momento) propuso varias localizaciones para las bombas: Kyoto, Kokura, Hiroshima y Yokohama eran los más importantes. El Comité no quería lanzar los ataques sobre objetivos meramente militares por dos razones: una era que la propia naturaleza de las bombas, que destruían un área tan grande, se prestaba a objetivos urbanos y no pequeños objetivos militares. La otra razón era la fundamental: propinar un golpe psicológico tan terrible a Japón que la guerra acabase en ese mismo momento. 

El Secretario de la Guerra, Henry Stimson, eliminó Kyoto de la lista por su significación cultural (contra la opinión de otros miembros del proyecto). Se añadieron un par de objetivos nuevos, Nagasaki y Niigata, para reemplazar a Kyoto. 

El día 1 de Agosto de 1945, aviones americanos dejaron caer panfletos sobre 35 ciudades japonesas, en los que avisaban a la población de un inminente ataque sobre algunas de esas ciudades, invitando a la población civil a abandonarlas, pues “las bombas no tienen ojos”. Claro, todo esto al mismo tiempo que planeaban un ataque sobre una ciudad para causar bajas civiles a propósito como golpe psicológico. Los seres humanos somos así. 

El 6 de Agosto, el bombardero Enola Gay, acompañado de otros dos, salió de la base aerea de Tinian, en las Islas Marianas, hacia Hiroshima (con Nagasaki y Kokura como objetivos secundarios si el principal no podía ser alcanzado). A unos 10 kilómetros de altitud sobre Hiroshima, la bomba, Little Boy, fue soltada. 

Réplica de Little Boy. 

Little Boy tenía 60 kilogramos de Uranio-235 y tardó un minuto en alcanzar la altitud a la que la bomba estaba preparada para estallar (unos 600 metros). La explosión, de unos 13 kilotones, causó la destrucción total en un radio de 1.600 metros alrededor de ese punto. Más de 11 kilómetros cuadrados se convirtieron en un infierno de llamas: el 90% de los edificios de la ciudad fueron destruidos o dañados severamente. 

La bomba atómica de Hiroshima. 

Irónicamente, los japoneses sabían que estos aviones llegaban: los habían detectado por radar. Sin embargo, los aviones japoneses querían conservar combustible y, ¿qué tipo de bombardeo patético iban a llevar a cabo sólo tres aviones americanos? Los ataques aéreos de la época involucraban escuadrilla tras escuadrilla. No puedo imaginar lo que pensarían después. 

En los dos meses posteriores a la bomba de Hiroshima, 90.000 personas murieron directamente a consecuencia de ella. Los daños posteriores debidos a la radiación mataron a otras 50.000 personas hasta Diciembre: 140.000 muertos en total.

Hiroshima después de la bomba. 

La destrucción fue tan absoluta que los japoneses no sabían lo que estaba pasando: sus fuerzas armadas sólo sabían que las bases de Hiroshima no contestaban, el teléfono no funcionaba y había un silencio absoluto en la radio. El gobierno japonés sólo tuvo conciencia exacta de lo que había pasado cuando la Casa Blanca emitió un comunicado dieciséis horas después del bombardeo. 

Truman fue implacable. En sus propias palabras hablando al gobierno japonés dijo: “Si después de esto no aceptan nuestras condiciones, pueden esperar una lluvia de ruina desde el aire como nunca se ha visto sobre la Tierra”. 

Sin embargo, el Emperador Hirohito se negó a rendirse, incluso después de que, sólo tres días despúes de la bomba, la Unión Soviética declarase la guerra a Japón (rompiendo el pacto que ambos países habían firmado en Abril) e invadiese Manchuria justo después de medianoche. Se declaró la Ley Marcial en todo Japón para evitar que nadie pensara en rendirse: la guerra continuaba, pero no por mucho tiempo. 

El mismo día 9, otro B-29 Superfortress, el Bockscar, partió con otros tres bombarderos hacia Kokura, con Nagasaki como objetivo secundario, acarreando en su interior la bomba llamada Fat Man. Sin embargo, cuando alcanzaron Kokura una cubierta nubosa impedía la visibilidad. Los bombarderos dieron unas cuantas vueltas esperando a ver si el cielo se aclaraba pero, al no ser así, decidieron cambiar de objetivo antes de quedarse sin combustible, y se dirigieron a Nagasaki.

Puede que esto resulte difícil de creer, pero estos bombarderos también fueron detectados por los japoneses…pero al ser tan pocos, pensaron que sería una misión de reconocimiento y no dieron la alarma. ¿Cómo es posible? No lo sé. 

La bomba atómica de Nagasaki. 

En cualquier caso, el Bockscar dejó caer la bomba de una manera similar a la de Hiroshima. Esta segunda bomba, Fat Man, tenía unos 6.4 kilos de Plutonio-239 y explotó a la altura prefijada de 470 metros sobre el suelo. Esta bomba, de unos 21 kilotones, generó temperaturas de casi 4.000 grados centígrados y vientos de más de 1.000 km/h. 

Nagasaki antes y después de la bomba. 

70.000 personas murieron casi instantáneamente. 1.6 kilómetros de radio alrededor del centro de la explosión fueron totalmente destruidos. En palabras de testigos japoneses de lo que quedó después, era “como si Nagasaki fuera un cementerio en el que hasta las lápidas están destruidas”. 

Tres días despúes, el Emperador Hirohito comunicó a su familia la decisión de rendirse. El día 14 de Agosto, hizo pública esa decisión en un comunicado a la nación. La Segunda Guerra Mundial había terminado. Por cierto, Truman tenía otras bombas preparadas por si los japoneses no se hubieran rendido: hubiera seguido lanzando ataques cada semana o dos semanas hasta la rendición. 

Los supervivientes a estas dos explosiones son llamados Hibakusha (algo así como “gente afectada por una explosión”), y aún hay más de 250.000 de ellos en Japón. El sufrimiento del país entero por esas dos explosiones ha generado una mentalidad pacifista en el país desde entonces (cuando su historia era muy militarista), y la petición reiterada por parte de Japón de eliminar las armas atómicas del mundo. 

El cambio de mentalidad que supuso para el mundo entero el poder de esas armas terribles fue tremendo: la historia desde entonces hasta finales del siglo XX está inextricablemente unida al poder de las “naciones nucleares” y al miedo a una guerra atómica que pudiera borrar a la humanidad de la faz de la Tierra. Nunca antes un único bombardero B-29 hubiera podido ser artífice de una devastación así. 

Autor: Pedro Gómez-Esteban 

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Parece q el hombre no aprendio de sus errores y ansias de poder y sigue hasta el dia de hoy desarrollando armas de destruccion masiva, y lo peor es q cada vez son mas poderosas, aca les dejo un grafico donde comparan las de Hiroshima y Nagasaki con las nuevas bombas. 

 

Aca una serie de imagenes muy buenas, lastima q detras de la belleza de las fotos se encuentre algo relacionado con la muerte de miles de personas. 

Pruebas nucleares francesas llevadas a cabo el 3 de julio de 1970 y con el nombre en clave de Licorne. 

 

 

 

 


Luego de 67 años, Japón aún llora a sus hijos

– ROBERT TAKATA

¿Cuántos fueron? Unos dicen 300 mil otros más conservadores aducen que las víctimas rondan entre los 250 y 280 mil, en fin, podrían haber sido mil, cien o tan sólo una persona, el dolor y la pena por la muerte indiscriminada de hombres, mujeres y niños, como consecuencia directa del lanzamiento de sendas bombas atómicas, el 6 y 9 de agosto de 1945, sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, continúa, al cumplirse el 67 aniversario de este aberrante hecho, presente en el corazón de japoneses y de personas que alrededor del mundo repudian la utilización inmisericorde de armas nucleares, independientemente de que se esté librando una guerra o no.

Solo habían transcurrido tres días de que, aquel fatídico 06 de agosto a las 8:15 de la mañana, la ciudad de Hiroshima, a poco más de 300 kilómetros de distancia aérea de Nagasaki, se convirtiera en blanco de la primera bomba atómica utilizada en territorio civil y en faenas no experimentales, dejando una estela de muerte y una especie de desierto humeante en el que la mitad de la población de la ciudad simplemente había muerto, de forma instantánea unos, otros quemados hasta los huesos, otros exhalaban sus últimos hálitos de vida y otros, jamás fueron encontrados ni sus cuerpos, ni sus ropas, ni incluso sus huesos, pues simplemente, los alrededor de 4000 grados de temperatura inmediata producida por la explosión, les había evaporado dejando tan solo, en algunos casos, su sombra (hasta el día de hoy) plasmada en paredes o en alguna escalera en donde se encontrara coincidencialmente. En medio de ese dantesco escenario, una segunda bomba atómica, autorizada por el presidente Harry Truman, caía en Nagasaki el 9 de agosto, sorprendiendo a los habitantes de aquella tranquila ciudad mientras dormían y enviando al sueño eterno a cerca de 70 mil personas.

Eran las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial y desde abril hasta junio de 1945 Japón había luchado cuerpo a cuerpo con los Estados Unidos en Okinawa, creándole unas 50 mil bajas a su ejército y cuerpo naval, aunque de la parte japonesa las bajas civiles y militares eran mayores. No obstante eso, la resistencia extrema y el honor aguerrido con el que combatía el ejército imperial japonés en Iwo Jima y en la propia Okinawa, habían creado un nivel de desmoralización importante entre las tropas norteamericanas, tanto así que incluso, la Unión Soviética, aprovechando la situación de virtual incapacidad de los Estados Unidos de avanzar solos en una ocupación terrestre hacia el centro de Japón,  no dudó en declarar la guerra al imperio nipón y en invadir Manchuria.

Este acontecimiento, despertó suspicacia en el presidente Truman y, tal como ocurriera en la apacible,  inofensiva y totalmente desarmada ciudad alemana de Dresde, en que los Estados Unidos y aliados, adelantándose al avance de Stalin, la convirtió con sus bombardeos en una gran hoguera en la que murieron calcinados cientos de miles de civiles, ordenó el lanzamiento de la primera bomba atómica sobre la ciudad de Hiroshima, yendo un paso adelante, como en esa ocasión, a las escaramuzas soviéticas que avanzaban sobre territorio manchuriano con la intención de invadir posteriormente ciudades importantes de Japón. Con esta estrategia, evitaría Estados Unidos tener que repartir cualquier beneficio surgido de la posterior victoria sobre Japon y sobre todo, pondría en alerta a la Unión Soviética sobre su infernal poderío bélico, reconformándose de ese modo las diferencias entre estas dos potencias y que llevarían al mundo a la “tensamente” equilibrada Guerra Fría.

Paralelamente a estas dos bombas, cientos de B 29 bombardearon Tokio desde finales de 1944 hasta el día 10 de agosto del 1945 con Napalm, un combustible gelatinoso que produce una llama más voraz y duradera que la gasolina, y que calcinó por completo a más de 100 mil personas.

A 67 años de estos sucesos y justamente cuando se lee en los periódicos que el presidente de un Estado envía emisarios diplomáticos a zonas de conflicto, mientras por otro lado, violando todos los principios de derecho internacional, rubrica una orden para abastecer de armas y pertrechos bélicos a un ejército beligerante;  o cuando se habla en otro país de la posibilidad de usar armas biológicas y químicas contra la población civil, debe la opinión pública preguntarse si los niveles de salvajismo en las relaciones internacionales deben llevar a los Estados, bajo el anónimo alegato de que el fin justifica los medios, a repetir episodios de horror como los tristemente vividos por Japón, que dicho sea de paso es uno de los países más pacifistas y cooperantes de todo el planeta.

La energía nuclear usada para fines pacíficos puede iluminar ciudades, impulsar el desarrollo económico, puede incluso llevar al hombre al espacio; sin embargo, en manos de asesinos en masa, y bajo el entendido de que existen ahora bombas atómicas con un potencial expansivo y explosivo mil veces mayor que el que tenían las bombas lanzadas sobre estas dos ciudades niponas, puede terminar con gran parte del planeta.

Ojalá que la diplomacia, el buen sentido y la cooperación venzan siempre a las armas.

Guardo silencio por un minuto en honor a mis hermanos japoneses, muertos bajo el manto vil de la barbarie.

 TOMADO DEL CARIBE



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