Orlando Gil
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MOTIVACIONES.- Las reacciones negativas respecto al gabinete de Danilo Medina tienen dos motivaciones. Una, de curiosidad; otra, de perversidad.
La primera responde a ese afán de la gente porque se cumpla lo más pronto posible la parte más intrigante de la pasada campaña electoral: Lo que Nunca se ha Hecho.
Como todavía se mantiene la expectativa, se quiso que un primer ensayo, una forma de iniciarse en el asombro, fuera excluir del gobierno a todos los funcionarios del régimen anterior. La cautela y el misterio de los largos días de la transición daban la sensación de que Medina se las desquitaría todas de un solo golpe. Y que daría algo así como el palo de la gata con una administración de caras nuevas. La cantera, incluso, estaba prevista: el sector externo. El cual, además de ser –en su caso– novedad, fue concebido y proyectado por el propio candidato como poderoso. Si sirvió de baluarte imponderable en la campaña, podía ser instrumento adecuado de gobierno. Como los desesperados del desierto, se extraviaron en su propio espejismo… 
VIEJO ANHELO.- La segunda motivación tiene más que ver con el partido que con el Presidente. Incluso es de mucho antes de la campaña electoral. Es el viejo anhelo de sectores de oposición que apuestan al rompimiento entre Danilo Medina y el PLD.
Aunque algunos sean más específicos y se refieran a sus estructuras de poder. O más personal, a Leonel Fernández.
El designio lleva fallando más de una ocasión, pero sus promotores persisten. El primer fracaso fue en las elecciones del 2008, cuando se pensó que el Medina vencido por el Estado se la cobraría haciendo causa común con Miguel Vargas y el PRD. El segundo ahora más reciente al considerarse como una posibilidad real el distanciamiento del candidato de la parte más fuerte del gobierno, como una manera de preservarse de los escándalos de corrupción de sus más importantes funcionarios. La reacción sería doblemente mala para el oficialismo, y doblemente buena para la oposición. Sin embargo, como una burla del destino, ese premio mayor se entaquilló… 
LA RACIÓN.- El gabinete de Danilo Medina no llenó las expectativas de los curiosos, pero tampoco de los perversos, y se realiza de acuerdo a las necesidades de un gobierno que será diferente cuando le convenga ser diferente.
Mucha gente pierde de vista lo principal, y no se da cuenta de que el presidente Medina no es un político que improvisa los hechos y van inventando por el camino.
Todo lo contrario. El actual jefe del Estado es un hombre de una sola conducta, y se cuida mucho de no entrar en contradicción con su partido o con sus principales dirigentes.
De seguro que tiene reservas con unos o con otros, pero sabe guardar las apariencias.
Conoció el peligro y sabe descubrirlo a tiempo. Además, tiene muy claro el concepto de gobernabilidad, y ejerce su mandato consciente de que el soporte mayor está en su partido, o que este no es una estructura vacía, o un local. El partido es su gente, la buena y la mala, y es justo poner orden adentro para poder trabajar afuera. La ración del boa es un imperativo de poder, y no importan las condiciones ni las circunstancias. Se hace necesario adormecer la bestia… 
LAS ENTRAÑAS.- Los curiosos y los perversos que reaccionan contrarios a que en el gabinete de Danilo Medina figuren en posiciones de importancia funcionarios del régimen anterior, no conocen el ABC de la política y mucho menos las situaciones que se dan en el interior del PLD. Por ejemplo, ¿cómo compartir en el Comité Político con compañeros que ponen en entredicho esa condición, al sentirse agraviados por la exclusión de un gobierno que entienden de su partido? No se habían producido los nombramientos ni eran tema de discusión pública, y hubo de esas insolencias que se pasan por alto porque fulano es así. Nadie sabe con qué regla midió el presidente Medina, pero hasta las razones parecen más de orden personal que política.
No hacen al gobierno mejor ni peor, pero conviene tenerlos a soga corta a que anden por los medios o en las comilonas de montaña atizando la tea de la discordia. Incluso, se desplegó demasiada humanidad.
Hubo gente que si el mandatario no la confirma, aunque sea por unos meses, se moría de pena…

Por Domingo.com/la Revista

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