César Medina
lobarnechea1@hotmail.com
Hipólito Mejía debería revisar su suerte, darse un baño de cola de bacalao, botar a todos sus asesores y retirarse de la política.
Su estrategia ha venido en picada y sus planes han fracasado uno por uno, desde el momento en que creyó sincero el apoyo de un sector del peledeísmo ñprecisamente del más poderoso en ese momentoñ, que le inyectó recursos y logística para hacerlo ganar la convención perredeísta del 6 de marzo del año pasado.
Ni siquiera sospechó que estaba recibiendo un regalo envenenado y cayendo en la trampa que le tendía el enemigo.
Esa victoria pírrica no le dejó ver el bosque detrás del árbol, y al medirse su popularidad en ese momento, cuando aún estaba por definirse la candidatura del PLD y se debatía si Leonel podía o no presentarse a la reelección, apareció con una intención de voto que rondaba el 60 por ciento. Y el PLD con un rechazo de mayor proporción.
Parece que nadie se atrevió a decirle que era el más vulnerable de todos los candidatos posibles ñdel gobierno y de la oposiciónñ y que tenía que actuar rápido para salirse del cerco que poco a poco comenzaría a estrecharse.
En cambio cayó en la ilusión de una realidad fingida, sin analizar siquiera los factores que en ese momento determinaban tal ocurrencia. Y de ahí entonces que sus fracasos siguieran en cadena, hasta el último que acaba de conocerse: el de la OEA.
Prestigio y dinero
La Organización de los Estados Americanos recibió en Washington tres cartas remitidas por Mejía a su secretario general José Miguel Insulza para denunciar irregularidades en los comicios del 20 de mayo y declarándose ganador de las elecciones y víctima de un fraude.

Los autores de la idea y redactores de la carta fueron los señores Jaime Aparicio Otero y Rubén M. Perina, dos conocidas figuras residentes en Washington y por años importantes funcionarios de la OEA y expertos en asuntos políticos y electorales de la América Latina.
Como olvidaron que esa misiva no podía conocerla el pleno de la OEA sin ser adicionada al informe de la comisión de observación electoral del organismo que pasó varios días aquí viendo el desarrollo del proceso, entonces Mejía envió otras dos cartas con argumentos que según él escaparon a esa observación. Como fue, por ejemplo, el uso de más de 80 mil millones de pesos del Estado para comprar la candidatura de Danilo Medina y la existencia de una estructura de poder bajo control de Leonel Fernández que incluía la Junta Central Electoral, las altas cortes y la Cámara de Cuentas.
El fraude, consecuentemente, era estructural mediante un mecanismo puesto en marcha por Leonel para instaurar en el país un sistema de partido único. Una situación de esa naturaleza tenía que ser investigada porque de ser cierta se estaba violando la esencia de la Carta Interamericana que compromete a los países firmantes de la OEA a garantizar el pluralismo partidario con igualdad de oportunidades.
Y otro argumento era que había que desestimar el informe de la comisión de observación porque no contempló la magnitud del engaño electoral por la forma concertada en que actuaron esas instancias del poder para lograr un resultado electoral adecuado a sus intereses.
Por poco sorprende
El pleno de la OEA iba a conocer el informe oficial de su observación electoral en la República Dominicana a finales de julio pasado, aprovechando que el jefe de la misión que realizó el trabajo, el expresidente de Uruguay Tabaré Vázquez, había solicitado una licencia de viaje: Ninguna ocasión para agregarle al informe las cartas de Mejía y leerlas en el pleno para que formaran parte del expediente.

Enterado de la trama, una rápida gestión del canciller Carlos Morales directamente con José Miguel Insulza, dispuso aplazar la reunión del pleno que se hará el próximo 5 de septiembre, encabezada por el propio Insulza y dirigida por Tabaré Vázquez con la garantía de que las tres cartas de Mejía serán declaradas irrecibibles y consecuentemente devueltas al remitente. De los detalles se ha ocupado con eficiencia el embajador Roberto Saladín. Con esta última derrota, Mejía ya no tiene dónde recurrir. Porque la única instancia de presión que le podría quedar para llevar sus lloros es la Internacional Socialista. Pero esa relación se maneja a través de la institucionalidad partidaria que encabeza Miguel Vargas. Después de tantas derrotas juntas Hipólito debería visitar algunos altares.

Por Domingo.com/la Revista

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