Mons. Ramón Benito De La Rosa Y Carpio
José Vela Zanetti terminó sus murales, recién restaurados, en la Parroquia de Nuestra Señora de la Consolación, San Cristóbal, el 5 de octubre de 1949. Sobre las 11:30 de la mañana de ese día estampó su firma a los pies del último mural, el que da el nombre a la ciudad.
Entrevistado en 1981, en Madrid, para el suplemento cultural de un periódico dominicano, el artista se refirió a los sentimientos que tuvo al finalizar la obra.
Dijo: “Me senté extenuado sobre el suelo mismo de la Iglesia, tomé un termo de agua fresca, me limpié la frente, sequé mi garganta y dije: una obra que terminó hoy en el más grande de los silencios, una obra para pasado mañana”.
Ese “pasado mañana” ya llegó: ya no hay silencio en torno a las obras de Vela Zanetti en cualquier parte del mundo. Son proclamadas y aplaudidas.
La lección vale para cualquier obra: los padres de familia, por ejemplo, forjan hombres y mujeres en el silencio de cada día, sin ser aplaudidos. Lo serán, tal vez, pasado mañana, en sus nietos. Dígase lo mismo de un maestro, un sacerdote, un político, o una junta de vecinos, que, en su actuar, no se buscan a sí mismos, sino el bien común. Sus obras son, ciertamente, “para pasado mañana”. Tal vez pasen hoy desapercibidas.
Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo queremos.

Por Domingo.com/la Revista

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