Silvio Herasme Peña
Poco trascendió en su momento de la escasamente publicitada reunión del presidente Leonel Fernández y el expresidente Hipólito Mejía en la Plaza de la Salud. No hubo testigos.
Hipólito Mejía se internó en el prestigioso centro de salud para que le realizaran una operación prostática, según se dijo en la ocasión.
El presidente Leonel Fernández acudió al lugar a visitar al ex presidente y todo parecería una simple e intrascendente visita de cortesía. Pero por lo que ocurrió después, uno se siente tentado a creer que no fue tan simple el asunto.
Era el momento previo a la convención interna del PRD en la que todo parecía indicar que Miguel Vargas Maldonado sería el elegido como candidato presidencial.
También se suponía –y algunos lo proclamaban- que el doctor Fernández buscaría una segunda reelección. (¿Habría alentado de alguna manera Leonel a Hipólito para que le disputara la nominación a Vargas Maldonado?. Nadie en la opinión pública lo puede afirmar, pero sí se puede seguir el hilo de lo que pasó a raíz de esa reunión. Hipólito salió del hospital rejuvenecido y trepidando de optimismo con respecto a salir triunfador de la convención nacional perredeísta y constituirse con toda las armas en el candidato presidencial de la oposición.
Sabía que el enfrentamiento con Miguel Vargas sería traumático porque en ese momento las encuestas registraban a Hipólito con niveles muy bajos, casi ridículos, de aceptación y Miguelito parecía dueño de la plaza y con una enorme aceptación.
Fue cuando se inició el forcejeo que terminó en lo que todos conocemos como la Convención del 6 de Marzo del 2,011, natalicio del doctor José Francisco Peña Gómez.
Cuando se contaron los votos Hipólito resultó triunfador según la comisión compuesta por los doctores Esquea Guerrero, Milagros Ortiz Bosch y Hugo Tolentino. De un solo “ramplimazo” declararon ganador a Hipólito y no hubo manera de que entregaran a las autoridades del PRD la documentación de esa elección.
Vargas Maldonado denunció fraude y también el uso de peledeístas y reformistas en la elección de Hipólito a quien el gobierno consideraba más fácil de derrotar que a Vargas, según los seguidores de éste.
Luego surgieron distintas versiones de alegados peledeístas que revelaban que votaron después de las dos de la tarde para empujar a Hipólito al triunfo que finalmente –y a duras penas- se aceptó.
Pero razones que ignoramos resulta curioso que los ataques de Hipólito en la campaña electoral no eran ni al PLD ni a Danilo Medina como parecía proceder, sino al presidente Leonel Fernández. Y aún terminaron las elecciones Mejía sigue en las mismas contra Leonel.
¿Le prometería Leonel ‘algo’ que luego no cumplió a Hipólito?…O es acaso simples bravuconadas sin sentido, cosas de Mejía que no termina de “enmendarse” y comprender que las elecciones son “agua pasada” y no volverán jamás?. Creemos que como se decía en los años ’60 “hay algo mas que canta sin estar en el canto ”. si observamos con detenimiento los hechos quedará siempre la duda de esa extraña conversación de Leonel e Hipólito y que durante varios minutos conversaron “a solas”.
Es posible que sólo fue eso, una conversación informal del jefe del Estado con un expresidente enfermo, pero los forjadores de opinión pública no se juntan solamente por razones sociales, siempre uno de ellos, o los dos, utilizan ese recurso para trazar estrategias políticas o adivinar lo que el otro piensa.
De todas maneras la inquietud queda y con el tiempo sabremos cual actuó como el bizco del cuento de Bosch que “le huyó al toro y como veía doble, escogió la puerta que no era para escapar pero lo corneó el toro que era”.
Esperamos que con el tiempo este episodio Leonel-Hipólito se aclare satisfactoriamente porque sería una lección inestimable de estrategia política.
Sería –si así fuera- una jugada de doble piquete como se dice en el juego de billar. Ha convertido el PRD en un suelo de frustración tan grave que pensar nadie se atrevería a sembrar “un gramo de mostaza”, como lo confirman las renuncias de diputados que se han anunciado. Eso es mucho perder. Es una lección única de la que todos podemos aprender “un chin más”. como “se bate el cobre” de la política en la sociedad dominicana. Obras son amores, y no buenas razones.

Por Domingo.com/la Revista

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