El festival de divisiones lo inició el PRD hace 73 años
César Medina
lobarnechea1@hotmail.com
Juan Isidro Jimenes-Grullón y Juan Bosch se ensalzaron en una retórica interminable mientras se fundaba el PRD en La Habana, en el verano de 1939, hace 73 años. Su primera división vendría poco después, y su enésima fractura está a la vuelta de la esquina.
Como si se tratara de un designio fatal que persigue a ese partido a través de su historia…
Pero nadie ha podido nunca destruirlo, ni siquiera su más grande líder, Peña Gómez, que dispuso “dejarlo en latencia” en 1990 para darle vida propia al Bloque Institucional Socialdemócrata, BIS, de su hechura y liderazgo único.
Pero entonces apareció Hatuey y se paró en dos patas: “Yo sólo soy perredeísta y no me voy ni me sacan de mi partido. Menos lo vamos a poner a dormir porque Peña y Jacobo no quieran ponerse de acuerdo”.
Después de eso a Hatuey lo siguieron unos cuantos dirigentes legendarios del perredeismo.
Pero no hasta que Peña se percatase de que el PRD no podía ser aniquilado de un plumazo. Entonces nombró a Hipólito Mejía como presidente del BIS y terminó de integrarlo con su hijo mayor, José Frank, y otras figuras del sector externo que le apoyaban.
Fue así como el PRD le pudo sobrevivir al acuerdo que Peña y Majluta habían hecho para ponerlo a dormir mientras ellos formaban sus propios partidos.
El de Majluta era el Partido Revolucionario Independiente, PRI, nombre y siglas que tomó prestadas al ingeniero Héctor Guzmán, que lo había formado dos o tres años antes para impulsar su candidatura.
También Majluta tenía La Estructura, ya con registro oficial y fisonomía propia, para cubrir cualquier eventualidad.
Del resto se ocupó Balaguer en una jugada política para dividir el voto liberal que aglutinaba Bosch en las elecciones de 1990: Ordenó que la Junta Central Electoral, presidida entonces por el doctor Froilán Tavárez, legitimara la facción de Peña Gómez y le asignara las siglas y los símbolos del PRD.
Pocos meses después Peña fue candidato de su partido y sacó el 22 por ciento de los votos, mientras Bosch y Balaguer se repartían el resto en partes iguales, pero al Reformista le contaron unos cuantos votos más… Balaguer se quedó en el poder por otros cuatro años.
Bosch denunció un fraude colosal…
Otro más.
La división de 1973 
Llegué antes de las 8:00 de la mañana el 25 de septiembre de 1973 a la Casa Nacional del PRD de la Independencia con Cervantes. Era entonces reportero del vespertino Última Hora y el director Virgilio Alcántara me había mandado a cubrir los incidentes que se estaban registrando en ese lugar.

El presidente y líder del PRD, profesor Juan Bosch, había anunciado con dramatismo al filo de la medianoche o en las primeras horas de la madrugada de ese día que renunciaba del partido porque sus dirigentes habían traicionado los principios partidarios y se habían convertido en mercaderes de la política, que un hombre de su moral y sus principios ya no cabía en esa organización.
Se fue junto a un grupo de sus colaboradores más cercanos, que integraban un organismo llamado Comisión Permanente, y anunció que en breve se anunciaría la creación de su nuevo partido político.
En efecto, dos meses después formó el Partido de la Liberación.
Esa mañana los alrededores de la Casa Nacional perredeísta eran un hervidero… Grupos enardecidos de boschistas iracundos habían desprendido los letreros y los símbolos que por años habían adornado la parte exterior de la vieja casona de Gazcue.
De pronto noté que una veintena de agresivos militantes vociferaba y manoteaba a una persona que acababa de llegar al local parece que tratando de indagar lo que estaba ocurriendo…
Era José Rafael Casimiro Castro, un hombre que llevaba en su rostro y en su costado izquierdo la marca indeleble de su lucha perredeísta, pues siendo senador en el primer período de gobierno de Balaguer fue atacado con una poderosa bomba de fósforo blanco que estuvo a punto de costarle la vida y lo dejó mutilado por el resto de su vida.
Jamás olvidaré sus palabras: “¿Ves a estos que me insultan hoy, César? Fíjate bien en sus caras… Serán los mismos que me aclamarán dentro de unos meses cuando recompongamos nuestro partido…”. A muchos de ellos los ví regresar al PRD con el paso de los meses. De eso hace casi 40 años.
Un partido tormentoso 
En sus 73 años de vida el PRD ha sido un partido tormentoso. Ha llegado cuatro veces al poder, y sólo ha gobernado 12 años y siete meses, siempre en medio de una batahola interna que mantiene al país en vilo…

En las primeras elecciones libres después de la tiranía trujillista, celebradas el 20 de diciembre de 1962, ganó con el 63 por ciento de los votos, pero temprano en la tarde de ese día su candidato presidencial denunció que Unión Cívica Nacional y su candidato Viriato Fiallo habían hecho un fraude colosal para robarle el triunfo. Los votos, sin embargo, se contaron uno por uno y el resultado no dejó ninguna duda.
El gobierno se instaló el 27 de febrero de 1963 y siete meses después Bosch fue derrocado por un golpe militar con complicidad de la derecha política. El PRD, que pasó esos siete meses en una tirantez interminable entre sus principales dirigentes Ángel Miolán y Thelma Frías, no movió un dedo cuando su gobierno fue derrocado.
Quince años después, en 1978, el PRD volvió al poder con Antonio Guzmán como Presidente, pero antes de terminar su mandato se suicidó de un tiro en la cabeza. Le sucedió Salvador Jorge Blanco, y del Palacio Nacional fue a parar a la cárcel y condenado a 20 años de prisión por corrupción. En ese momento el PRD volvió a salir del poder por otros 14 años…
Y retornó con Hipólito Mejía en el 2000. La división de Hatuey y el desastre de ese gobierno lo volvieron a sacar del poder. Y sólo Dios sabe si tendrá otra oportunidad.
Porque lo único que tiene seguro ahora ese partido es una nueva división tocando su puerta.

Por Domingo.com/la Revista

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