Haití: ¿destino mutilado?

Néstor Medrano
Me parece un hecho relevante que República Dominicana arrecie sus esfuerzos para llevar las relaciones con Haití a un punto donde la aproximación a la armonía sea el objetivo central, entre dos pueblos que están destinados a compartir una misma tierra.
Es un hecho claro: desde Haití no cesarán las marejadas migratorias hacia República Dominicana, como no cesarán las marejadas migratorias o los intentos ilegales y legales, de dominicanos hacia costas de Puerto Rico y Estados Unidos.
Es una ley natural que los débiles buscan de los más fuertes para guarecerse, lo que en términos específicos nos remite a una lucha constante para prevenir violaciones a nuestras leyes y evitar las transgresiones naturales que esto degenera en contra de la Carta Sustantiva.
En lo que debemos concentrarnos es en plantear una estrategia, pero una fuera de demagogias, servilismos y complacencias, para que la denominada comunidad internacional asuma un compromiso real con Haití. Si lo que hace meses el presidente haitiano Michel Martelly de que más de 4 mil millones de dólares destinados originalmente a la reconstrucción de esa nación han sido tragados por grupos de ONGs, o gastados en yipetas, residencias, villas y otras ofensivas suntuosidades, entonces, definitivamente algo sustancial se perdió en ese país.
¿Cuáles puntos debe tener esa estrategia en este momento? Lo primero es canalizar con organismos técnicos de Francia, Estados Unidos, Canadá o naciones desarrolladas, o por lo menos con rigurosos mecanismos institucionales de Europa como Francia, Inglaterra, Alemania y otros, que identifiquen el destino de esos miles de millones de dólares desembolsados luego del devastador terremoto del 10 de enero de 2010 y que fueron a las despensas de dos o tres voraces insensibles.
Quienes se apropiaron de esos fondos, a sabiendas de que el pueblo se pulveriza de hambre, de que miles de niños desnutridos tienen el futuro mutilado, deben ser identificados y procesados por la justicia por delitos de lesa humanidad. Un primer paso es requerir esos fondos.
Si el presidente Martelly y el primer ministro Laurent Lamothe tienen el conocimiento de que esa altísima cifra fue dilapidada y se quedan de brazos cruzados, se hacen cómplices por omisión.

Por Domingo.com/la Revista

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