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A 51 años de su asesinato, ¿Quién fue Amín Abel Hasbún?

Amín Abel es uno de los más sobresalientes dirigentes revolucionarios y del movimiento estudiantil de la República Dominicana, en cuyo ejemplo se siguen inspirando las nuevas generaciones de activistas de la izquierda revolucionaria, de la lucha social y popular. Como dirigente estudiantil, Amín fue presidente de la Federación se Estudiantes Dominicanos (FED) en tres ocasiones; formó el grupo Frente Estudiantil Flavio Suero en 1969; y se destacó por su participación en el Movimiento Renovador dentro de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

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El dirigente emepedeísta participó de manera protagónica en los combates de la Revolución de Abril, así como en la álgida lucha anti-imperialista de la post-guerra, contra las violaciones a los Derechos Humanos y las libertades públicas conculcadas por el régimen de Balaguer.

Su asesinato. Amín sufrió una tenaz persecución tras ser sindicado como uno de los autores del secuestro del Coronel Donald J. Crowley, ocurrido el 24 de marzo de 1970, que sirvió de canje para liberar a Maximiliano Gómez y una veintena de presos políticos del gobierno de Balaguer.

El 24 de septiembre de ese año, a los 28 años de edad, al ser ubicado en su casa, junto a su esposa, Mirna Santos, que estaba embarazada, y su hijo de dos años, Amín Abel fue asesinado de un tiro en la cabeza, por el raso López Acosta, quien fue condenado a cinco años de prisión y libertado al cumplir la mitad de la condena.

En el año 1991, según publicara entonces el periódico El Nacional, el raso Acosta sufrió un atentado por parte de desconocidos, frente a su casa del sector de Villa Juana de Santo Domingo, en un hecho que nunca fue esclarecido por la Policía Nacional.

El cadáver fue velado en la explanada frontal de la Facultad de Ingeniería de la UASD, en tanto que el Consejo de la Universidad Autónoma de Santo Domingo  lo declaró «Hijo Ejemplar del Alma Mater». La Facultad de Ingeniería y Arquitectura de la UASD, una estación del Metro de Santo Domingo y numerosas calles en los principales pueblos y ciudades de República Dominicana han sido nombradas “Amín Abel” en su honor, mientras que en la universidad del Estado está instituido el premio “Amín Abel Hasbún” a la excelencia estudiantil.

América Latina busca su camino. Hoy por hoy, Amín es considerado como uno de los políticos marxistas de más sólida formación teórica. Así se observa en su libro «América Latina busca su camino», que dejó inconcluso al momento de su muerte. Fue publicado, en el nivel de elaboración en que se encontraba, en noviembre de 1972. En ese libro, el dirigente político insistía en que «Latinoamérica y cada país en particular tiene que elaborar su propia línea política revolucionaria, aplicando creadoramente a su historia y a su realidad la verdad universal del marxismo-leninismo».

Insistió en la necesidad de aprender de las experiencias internacionales; pero siempre con miras a «construir nuestro propio camino». Caracterizó la situación del movimiento revolucionario latinoamericano de su época de la siguiente manera, «Nos encontramos en el momento de la búsqueda y la investigación de nuestra realidad, aplicando a ésta la verdad universal del marxismo–leninismo». Su libro llegó hasta el capítulo en que Amín Abel Hasbún analizaba las experiencias de la revolución de Abril y la intervención militar norteamericana de 1965.

Así fue el día que fusilaron a Amín Abel Hasbún

¿Quién fue Amín Abel Hasbún?/Así fue el día que fusilaron a Amín Abel Hasbún

Así fue el día que fusilaron a Amín Abel Hasbún

Mirna Santos de Abel presintió que su esposo Amín había sido descubierto y ubicado cuando escuchó por Radio Comercial que la Policía había asesinado a un joven a una esquina de su casa. Por la descripción que ofrecieron comprobó que guardaba gran parecido con su compañero y seguido pensó que lo confundieron. “Algo me dijo que las cosas no estaban bien. Me puse muy nerviosa”, cuenta.

Amín esperaba la visita de Edgar Erickson Pichardo (el gringo) y de Moisés Blanco Genao, a quienes había enviado a buscar en la tarde. Estuvo hasta la medianoche escuchando el juego de pelota pensando que irían. Nunca llegaron, Amín se llevó a la tumba lo que les diría. Se fueron a la cama en medio de uno de los históricos apagones de Julio Sauri y de la angustia de Mirna por el homicidio reciente. “Amín, fue cerca de aquí, pensaron que eras tú. ¿Qué vamos a hacer?”, le cuestionaba y él la tranquilizaba.

Más que un objetivo, Amín era una obsesión para los altos jefes militares y para Joaquín Balaguer. No solo había planificado el secuestro de Crowley sino que con su puño y letra escribió un comunicado conminando al régimen a soltar a los presos políticos, que fue la condición principal del rapto. “Las demandas que exigimos para liberar a Crowley no se han cumplido”, les recordaba. El MPD tenía aún bien oculto al coronel norteamericano.

Después de la guerra de abril este fue el hecho de mayor trascendencia en la política reciente, comenta Mirna. De ahí la cacería contra sus ideólogos y ejecutores.

Amín, agrega, era muy hermético y no le contó detalles del secuestro. “Solo pude captar que él estaba en eso”. Cuando pusieron en libertad a los encarcelados, añade, capturaron a Héctor Ortiz, cuya madre se ahorcó después que lo vio en prisión maltratado salvajemente. La llamada “institución del orden” presentó los pertrechos encontrados en su vivienda tras un allanamiento. “Ahí comenzó la persecución contra Amín y es cuando deciden que se vaya al Este”.

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Pero se arriesgó a venir a Santo Domingo a ver “qué salida encontraba a nuestra situación”. Pensaba que como era reconocido no se atreverían a cometer contra él un acto tan brutal como el que habían perpetrado con Otto Morales, ametrallado en plena calle a la vista de la multitud después que se entregó desarmado.

Madrugada fatídica

A las 5:30 de la madrugada el timbre de la vivienda de los Abel Santos sonó con insistencia. Vivían en una segunda planta y cuando Mirna se asomó al balcón apreció el aparatoso cerco. Le ordenaron que abriera. Antes de obedecer ella fue donde su cónyuge y le dijo que estaban rodeados. “Quiso saltar por una media puerta y cuando asomó para tirarse por el techo un policía le apuntó con una ametralladora”, narra.

Agrega que el fiscal actuante fue Tucídides Martínez, quien comunicó a Mirna que no habría problemas. Subieron y encontraron a Amín con Ernesto en sus brazos. “Tucídides nos dijo que nos sentáramos en la sala y ahí vi el movimiento de los vestidos de civil y del comandante Estrella con uniforme”.

De pronto, “Tucídides Martínez, que se notaba nervioso, anunció que se retiraba a llamar a su superior”. Pero Amín insistía en que no se fuera pues él era la garantía de que a él y a su familia “no les pasaría nada”.

“No nos deje solos, usted sabe que estas personas son unos trogloditas, usted es el responsable de lo que nos suceda”, le dijo Amín a Martínez, sin embargo, éste se marchó. El comandante Estrella, un capitán y tres civiles ordenaron a los Abel Santos que salieran.

“Hermógenes Luis López era el que tenía la orden de asesinar a mi esposo y le gritó: “¡Párate Abel, tú estás preso! ¡Vamos!”. Amín replicó que no se iría sin su esposa y su hijo.

Se abrazaron los tres. “Comenzó un forcejeo entre nosotros y dos policías hasta que nos separaron y arrastraron a Amín por la fuerza. Cerraron la puerta y bajaron, a mí me tiraron violentamente al piso sin reparar en mi embarazo y en el niño que lloraba lleno de terror”, recuerda la sufriente viuda.

Improvisaron una tranca tan segura para la puerta que Mirna no pudo abrir. A los pocos minutos solo escuchó disparos y la puerta se abrió de inmediato, era el capitán Estrella que la compelía: “¡Váyase a bañar!” pero ella bajó pese al iracundo impedimento.

Y vio a Amín boca abajo, muerto. “Eso nos afectó mucho al niño y a mí”. Estrella le había advertido que no lo hiciera: “Usted va a ver un espectáculo muy feo, agárrese de mí”. La dama rechazó la despreciable oferta: “¡No! ¡Tengo suficiente dignidad, yo bajo sola!”. Luego los llevaron al Palacio de la policía que dirigía Elio Osiris Perdomo.

“Entiendo que mis hijos han podido sobrellevar esa situación. La familia de Amín ha sido acogedora, les ha dado todo el amor que pudo haberles dado su padre”.

Amín Abel Santos lo confirma. El abuelo los subía a la galería de la Elvira de Mendoza “y nos hablaba de mi papá, su vida, sus condiciones intelectuales, logros académicos, el ser humano. Siempre nos repetía: ‘Tienen que andar con la cabeza en alto, orgullosos de ser hijos de Amín Abel”.

ÁNGELA PEÑA

Periódico Hoy

Por Domingo.com/la Revista

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