Los partidos políticos son una expresión del pluralismo político y del principio democrático, (López Garrido). Desde esta idea se asume el surgimiento de los Partidos Políticos como el «non plus ultra» en la evolución de los conceptos ligados principalmente a la demanda de participación que realizan las personas en la medida que adquieren ámbitos de poder. Podrían ser enmarcados en el tránsito ideológico que ha permitido trabajar la construcción del concepto de soberanía popular frente al de soberanía nacional. La dimensión de este tránsito no es simple, está supuesto a obligar el incremento de las relaciones entre representantes y representados, lo que otorga a los partidos una connotación de gran importancia, pues deben cumplir una labor mediadora y sintetizadora de la voluntad popular y la estatal. Se resalta como un punto muy luminoso la evolución y ampliación del derecho al sufragio a todas las personas.
Afirmo con el Prof. García Guerrero, «que la aparición del partido político en sentido moderno es una consecuencia de la evolución de la soberanía nacional, el sufragio restringido y el sistema electoral mayoritario propios del Estado liberal, hacia la soberanía popular, el sufragio universal y la representación proporcional». Con una función principalísima, ya que es un instrumento fundamental en el proceso de formación de la voluntad del Estado.
La Constitución dominicana, en su artículo 216 establece que: «La organización de partidos, agrupaciones y movimientos políticos es libre, con sujeción a los principios establecidos en esta Constitución. Su conformación y funcionamiento deben sustentarse en el respeto a la democracia interna y a la transparencia, de conformidad con la ley». Le asigna tres fines esenciales, garantizar la participación de la ciudadanía en los procesos políticos para el fortalecimiento de la democracia. Contribuir en igualdad de condiciones a la formación y manifestación de la voluntad ciudadana. Servir al interés nacional, bienestar colectivo y el desarrollo integral de la sociedad.
La Constitución le reconoce expresamente un protagonismo extraordinario, lo que en términos teóricos es un significativo progreso para nuestra democracia. Asume una sociedad plural fundamentada en un Estado democrático y los partidos políticos como las vías institucionales para consolidar el pluralismo político, que implica libertad e igualdad de concurrencia de las organizaciones políticas, sobre una base de libertad, equidad y justicia.
Siguiendo a Lucas Verdú, podemos afirmar que el pluralismo político es un principio primordial en el desarrollo de sociedades democráticas, pues es un principio que se descompone en «subvalores» como tolerancia, cooperación y relativismo; asumidos desde una perspectiva muy bien definida académicamente y moralmente; sobre todo para responder con criterios claros a la denostación de los mismos que personas con visiones absolutistas de los procesos quieren asignarle. Tolerancia, cooperación y relativismo, sustentados desde la convivencia, la democracia, el respeto a la existencia de la diversidad, la interrelación, la cooperación en la búsqueda y protección de intereses comunes, la negociación y el consenso. O sea, el reconocimiento de que la construcción social requiere tomar en cuenta situaciones que no pueden mirarse desde contenidos absolutos, ni religiosos.
Produce una gran pena que en República Dominicana, los partidos políticos en su accionar cotidiano están absorbidos en el «clientelismo político» y en la lucha de intereses individuales que los entrampa y no les permite jugar el rol al que están destinados, ni se articulen como el espacio «natural» para construir la vida en democracia.
Con mi optimismo habitual que me permite creer en el enunciado de que «un mundo mejor es posible», esperaría que sea posible revertir el proceso de pérdida de confianza, de credibilidad, de transparencia, y legitimidad que viven los partidos políticos en mi país; y que, amparados en el artículo 216 de la Constitución, se pueda crear una verdadera institucionalidad partidaria, que responda al pluralismo político; que verdaderamente asuman su rol de promoción y responsabilidad en los cambios sociales, políticos y económicos necesarios para el desarrollo y el bienestar de todas las personas.
¿Será que el sistema de partidos amerita con carácter de urgencia de un rediseño, de una reingeniería profunda? Están establecidas las bases constitucionalmente legitimadas para que actúen como órganos aliados del desarrollo nacional. Lo que falta es que la dirigencia y la militancia lo asuman así. Me parece prudente que si vamos a seguir eligiendo nuestras autoridades por este mecanismo, necesitamos que sean Partidos Políticos fuertes, no maquinarias electorales. O ¿será que tendremos que ir pensando en la búsqueda de otras vías? Yo soy de las que quiero pensar, que a pesar de la crisis de representación y de legitimidad a lo interno de los partidos, existen las condiciones constitucionales para construir una verdadera democracia y un Estado Social y Democrático de Derecho. Lo que no me queda muy claro es el hecho de que las mismas personas que crean mediante Asamblea Constituyente estas condiciones óptimas, y la mayoría de la dirigencia partidaria, al momento de la aplicación práctica se vuelven buchipluma no más…

Por Domingo.com/la Revista

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