EL PRD Y LA TERCERA FUERZA

Lo que faltaba…

César Medina
lobarnechea1@hotmail.com
“¡Éramos muchos y parió la abuela! Lo que ha salido a relucir ahora en el Partido Revolucionario Dominicano es una expresión más de la enorme división, evidentemente insalvable, que corroe la frágil estructura de una organización política que no acaba de convencerse de que la única salida que le queda es que Hipólito y Miguel coja cada uno por su lado.
Estos dirigentes que aparecen ahora formando dizque una “tercera fuerza” no representan a nadie en el PRD y tienen sus propias aspiraciones, unos a presidir el partido, otros a ser candidatos presidenciales y los más inocentes a colarse como candidatos a síndicos, senadores y diputados.
Sin una sola excepción a la vista, están buscando su parte del pastel, pensando que las posibilidades de Hipólito y Miguel están definitivamente agotadas. Se equivocan todos…
Ellos dos –Hipólito y Miguel, que son los dos únicos dirigentes perredeístas vivos que han sido candidatos presidenciales–, se distribuyen más del 90 por ciento de la estructura nacional del PRD. Y en política, un escenario así no se cambia de la noche a la mañana porque lo deseen uno, cinco o veinte dirigentes.
El problema en el PRD es que ya no existe la más remota posibilidad de que esos dos líderes se pongan de acuerdo para dirimir sus diferencias convocando las bases de su partido.
Porque hace rato que esas diferencias rebasaron lo político y hasta la personal. Llegaron a lo familiar, donde se anida el sentimiento primario del ser humano, alimentado por la cercanía de la intimidad hogareña que siempre desnuda el alma.
Esa división es en este momento, más que necesaria, impostergable para la salud del Partido. Y mientras más rápido se haga, menos dolorosa será… Porque queda mucho tiempo aún para retomar la marcha.
El nuevo engendro
Ese engendro que aparece ahora en el PRD no es nada nuevo. Es lo mismo que anunció Abinader hace ya bastante tiempo, poco des- La diferencia es que ahora aparecen en escena Guido Gómez Mazara, Pacheco, Neney Cabrera y dos o tres más que buscan una principalía que saben sólo podrían lograr sobre los escombros de un PRD que termine hecho añicos, definitivamente atomizado, con una división multicefálica. Que se divida, pero no en dos bandos, sino en tres, en cuatro, en cinco… ¿Puede alguien en sano juicio pensar que Guido estaría dispuesto a apoyar a Abinader? ¿Que Eligio apoyaría a Guido? ¿Que Pacheco declinaría su patológica aspiración de ser síndico? ¿Que Neney no regresará donde Miguel cuando vea que Miguel será el candidato? Una pregunta más simple todavía: ¿Cree alguien que después de ser candidato vicepresidencial Abinader sacrificaría su aspiración presidencial en aras de una fementida unidad partidaria? Y los “viejos robles”… ¿dónde están? ¿Ya murieron todos? ¿Dejaron de existir? A esos habría que matarlos antes de abrirles paso “a estos muchachos locos viejos”, como ellos les llaman.

Habría que conocer muy poco las interioridades de ese partido y la condición humana y política de los perredeístas para creerse semejante fantasía…
El bolsillo profundo
Para ser candidato presidencial del PRD no sólo es preciso tener el bolsillo profundo, sino también meter la mano en él… a veces hasta dejarlo completamente exhausto. Y en el nuevo grupo perredeísta sólo uno, Abinader, tiene bolsillo profundo. Pero su padre, gracias a Dios, está vivo todavía. Y si alguna fama tiene, es que no se mete la mano en el bolsillo.

Esa condición de hombre discreto en la inversión política le ha acompañado siempre a pesar de su ascenso a lo interno del partido catapultado por una coyuntura de pugnacidad que extremó las pasiones, y que el tres por ciento que probablemente sacaría en la lucha interna inclinó la convención a favor de Hipólito, en una simple ecuación de suma y resta donde la diferencia entre los dos precandidatos fue de apenas cinco puntos porcentuales.
En términos económicos, los compañeros de Abinader en esta “tercera vía” son unos pelagatos… que no tienen “bolsillo profundo”, y algunos ni siquiera bolsillo tienen… ¡O por lo menos lo ocultan muy bien…!
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