La propuesta de reforma fiscal ha recorrido medio mundo. Todos han opinado, sugerido, propuesto… Y se admite la enfermedad de un paciente comatoso, pero nadie acepta el tratamiento para curarlo.

Políticos, empresarios, religiosos, gremialistas, sociólogos y todólogos sin oficio, llevan ya más de un mes dándole vueltas sin llegar a aproximarse siquiera a un consenso sobre la forma en que el país debe encarar un problema tan delicado.

Ni siquiera los empresarios son capaces de ponerse de acuerdo entre ellos mismos para hacer planteamientos válidos, sensatos, coherentes, realistas, que sobrepasen sus intereses particulares y se ajusten a la necesidad de una economía aún con sanos indicadores, pero en riesgo de colapsar.

La propuesta reciente de Manuel Corripio es correcta, y aunque se aproxima conceptualmente a la posición del sector representado en el Consejo Económico y Social, discrepa en lo fundamental cuando admite que en sus dos meses de gobierno Danilo Medina se ha ganado el derecho a la confianza y que el sector productivo tiene que darle ahora un espaldarazo.

Es probable que su declaración haya causado escozor en el grupo díscolo que dirige el Consejo de la Empresa Privada, pero semejante afirmación en un hombre de su discreción y prudencia debe inducir a esos grupos a la reflexión serena.

Manuel Corripio no ha pedido que se firme un cheque en blanco al gobierno. Al contrario, ha observado fallas fundamentales en la administración de los recursos públicos entre los factores que provocaron la crisis, y ha dicho con firmeza que esas debilidades deben ser corregidas.

Pero se coloca por encima del fanatismo que evidentemente se ha apoderado de una buena parte de la estructura más joven del gremialismo empresarial para advertir que es necesario que todos los sectores ñfundamentalmente la clase productiva que requiere de una economía pujanteñ, le den la oportunidad al presidente Medina de superar la crisis. Su declaración no cayó bien en esos grupos fanatizados. Y desde ayer se escuchan voces pretendiendo descalificar su posición, que no es distinta a la de su padre, José Luis -Pepín- Corripio, que sin dejar de ser crítico de la voracidad y de los errores de presidentes y de gobiernos, siempre ha apostado al fortalecimiento del Estado como instrumento fundamental de desarrollo.

La instancia política
El presidente Danilo Medina quiso llevar primero su plan de reforma fiscal a las diversas instancias de la sociedad, y a través del CES sometió la propuesta a la discusión más amplia e incluyente que se recuerde en el país en la aplicación de una medida de su naturaleza.

Se le entregó formalmente a las tres principales entidades políticas ñPRD, Reformista y PPHñ, y se abrió al más amplio debate.

Todo el que ha querido opinar, ha opinado, ha propuesto, ha sugerido… Muy bien, es la democracia que ha querido aplicar el presidente Medina en procura de un consenso para un ajuste que duele porque afecta sobre todo a los sectores de clase media.

Pero es tiempo ya de que esa propuesta se traduzca en un proyecto de ley que se envíe al Congreso Nacional. Y que a partir de ahora sea esa la instancia que lo dirima observando todos los procedimientos constitucionales de rigor y con la prudencia que exigen las circunstancias.

Las vistas públicas
El presidente del Senado, Reinaldo Pared Pérez, ya ha dicho que el proyecto irá a una comisión bicameral que lo estudiará y hará las consultas que entienda prudentes. Se supone que se celebrarán vistas públicas y que se invitara a todo el que tenga algo que aportar.

Las autoridades, sin embargo, deben evitar que el Congreso se convierta en un escenario de protestas de grupos anarquistas que ya vienen anunciando “vigilias” y “piquetes” que nadie ignora el propósito que tienen y que generalmente terminan en enfrentamientos violentos con la Policía.

Las instituciones empresariales y otras entidades que han fijado posición divergente a la propuesta oficial deberían también evitar que se les tome de mampara para estos fines, como suele ocurrir cuando sus posiciones coinciden con los propósitos de esos grupos extremistas.

A las vistas públicas del Congreso debe ir todo el que se sienta con derecho a mostrar su desacuerdo con “el paquetazo fiscal de Danilo”, más aún aquellos sectores que se sienten afectados con la propuesta de ajuste económico.

Y en particular deben estar presentes los grupos empresariales y sociales que han hecho sugerencias a la propuesta… Pero no puede ser tampoco un debate eterno. El presupuesto del 2013 tiene que ser presentado y es preciso pasar página.

¡Los retos que nos aguardan son enormes!

 

Por Domingo.com/la Revista

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