Carlos Manuel de Céspedes is known as Father o...

 

 

Por Marta Denis Valle*

La Habana (PL) Carlos Manuel de Céspedes (1819-1874) descubrió el momento preciso de lanzar a su pueblo a la independencia, dada su vasta cultura, olfato político y capacidad para dar un vuelco a la historia cubana.

Su acción cambió radicalmente la vida de este acomodado y culto

cubano, y el curso posterior de su país.

Su voz rompió el silencio de la larga noche colonial al punto de arrastrar con su decisión a los sectores más radicales de su clase, los terratenientes orientales, y a una masa de campesinos, artesanos y esclavos, que acataron su liderazgo.

Mientras otros conspiradores dudaban, Céspedes se pronunció desde tiempo antes por el alzamiento inmediato, apoyado por manzanilleros y tuneros, frente a los camagüeyanos que pedían un plazo de seis meses, y de los de Holguín, de un año, prórroga aceptada por los representantes de Bayamo.

Todos estaban convencidos respecto a que la única salida para Cuba radicaba en la lucha por la independencia, pero hubo serias discrepancias sobre las vías y el momento de iniciarla.

En su determinación, Céspedes se basaba en factores internos y externos -políticos, económicos y sociales-; a su juicio era hora de actuar de manera pronta y decisiva, ante la situación precaria en que se encontraba la metrópoli española.

Existía, además, un peligro real de fracaso si era descubierta la conspiración independentista, como prácticamente pudo suceder sin la oportuna interceptación de un telegrama del 7 de octubre de 1868, en el cual se ordenaba la detención de los principales implicados.

Hombre de ley y discursos, tuvo energía y carisma de un fundador, al tomar las armas en una mañana luminosa -10 de octubre de 1868-, declarando el primer día de libertad e independencia de Cuba, y también de sus propios esclavos.

Quizás nada tiene tanta trascendencia como haber despertado el patriotismo fervoroso de estudiantes, profesionales, intelectuales y pueblo en general, de aquel tiempo y de las sucesivas generaciones.

La llama de la Revolución del 68 ardió 10 años y, al decir de José Martí, nacido revolucionario a su influjo, nadie quitó la espada de las manos a los cubanos, «sino que la dejamos caer nosotros mismos».

Abogado, poeta y revolucionario, Céspedes resultó el primero en ejecutar, según palabras de Martí.

En opinión del coronel mambí y cronista de la guerra Enrique Collazo, para que nada falte a su legítima gloria, murió ya casi ciego, solo entre abrupta sierra, «el primero de los cubanos que

consiguió dar a su país y a sus paisanos patria y honra».

Con sus familiares, amigos y seguidores, Carlos Manuel marchó a una guerra larga y penosa en la que todo lo ofreció y cuando le propusieron respetar la vida de su hijo a cambio de que se apartara de la insurrección, expresó: «Oscar no es mi único hijo, lo son todos los cubanos que mueran por las libertades patrias».

Se trataba de una patraña, pues en ese momento el prisionero ya había sido pasado por las armas.

El Padre de la Patria encabezó el primer gobierno provisional de Cuba Libre, en 1868, y presidió la República en Armas, desde abril de 1869 hasta el 27 de octubre de 1873, destituido por la Cámara de Representantes a causa de discrepancias.

Luego vivió sin escolta en la finca San Lorenzo, Sierra Maestra, donde fue muerto por los españoles el 27 de febrero de 1874, el que había nacido en Bayamo el 18 de abril de 1819, de una antigua familia criolla asentada en la región desde la primera mitad del siglo XVII.

Vivió parte de la niñez en haciendas familiares, y en su ciudad natal aprendió latín, filosofía y gramática latina; estudió Bachiller en Leyes en el famoso colegio habanero Seminario de San Carlos y San Ambrosio (1838), y se hizo abogado en Barcelona, España (1842).

Su cultura de mundo la adquirió en sus viajes a Francia, Alemania, Italia, Turquía e Inglaterra, antes de establecer su bufete de abogado en Bayamo (1844).

A mediados del siglo XIX, Céspedes era «el director nato de todo cuanto significaba cultura, progreso e ilustración», según su amigo el patriota e historiador Fernando Figueredo.

De gran imaginación y elocuente orador, diestro en el baile y en equitación, esgrima, gimnasia y ajedrez, tuvo una formación humanística; recitaba con facilidad poesías de los clásicos, en español, francés o italiano, y con su memoria y talento cautivaba al auditorio durante horas.

Cultivó la poesía, escribía comedias, traducía teatro y también actuaba; fue colaborador de diarios de La Habana y de otras ciudades.

Es coautor de la primera canción romántica cubana conocida, La

Bayamesa (1851), en unión de Francisco del Castillo y José Fornaris.

Pero nunca fue un hombre exclusivamente dedicado a su profesión privada y, al ser electo en 1849 Síndico Procurador General (abogado de la comunidad) del Ayuntamiento de Bayamo, comenzó a chocar con el sistema colonial.

Por ofrecer protección a los esclavos, sus enemigos políticos lo llamaron «Síndico de negros».

Fundó en 1851 una sociedad filarmónica en Bayamo, junto con su amigo Pedro (Perucho) Figueredo, y contribuyó a la creación de otra similar en Manzanillo (1856).

Desde 1852 Céspedes entró en la lista de sospechosos de desafectos a la Corona Española, y sucesivamente sufrió persecuciones, detenciones y confinamiento fuera de Bayamo donde nunca más pudo establecerse bajo el sistema colonial.

*Historiadora, periodista y colaboradora de Prensa Latina

em/mdv

 

 

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