“En la gestión revolucionaria, los funcionarios de confianza de nivel medio y medio-alto tienen el sartén por el mango; mucha de la eficiencia que el pueblo reclama, depende de esos cuadros en sumo grado” escribe Farruco Sesto

La experiencia me dice que, en los aspectos de gestión revolucionaria (y me refiero aquí a las instituciones nacionales, estadales y municipales de Gobierno), los funcionarios de confianza de nivel medio y medio-alto tienen el sartén por el mango. Así lo creo. Más que los ministros, que los gobernadores, que los alcaldes y que los presidentes de fundaciones y empresas.

Por lo cual, en consecuencia, mucha de la eficiencia que el pueblo reclama con razón, depende de esos cuadros medios en sumo grado.

Tienen por lo general en sus manos una alta responsabilidad, tanto en la preparación de los argumentos sobre los cuales se toman las decisiones, como en la propia operatividad y seguimiento de los proyectos que suelen descansar sobre sus hombros.

Hoy estoy convencido de que los cuadros medios pueden hacer que una determinada institución salga adelante en medio de las abundantes tempestades cotidianas y se coloque en vanguardia de la construcción del socialismo sin perder el rumbo y sin fallar en el cumplimiento de metas y objetivos.

Pero también creo (porque lo he visto muchas veces) que aquellos cuadros medios, que no están en sintonía con la Revolución y con sus exigencias, pueden hacer que su institución pierda el norte o, incluso, peor aún, llevarla directamente hacia el naufragio.

Por retruque, y esto lo afecta a uno irremediablemente, los desaciertos o errores de los funcionarios de confianza se vuelven hacia sus jefes. Y se convierten en faltas del más alto nivel. De esa manera se presentan como una especie de dedos acusadores hacia el líder de la institución de la cual se trata. Parecieran decir: fallamos, pero la culpa la tiene el Jefe.

¿Qué hacer entonces?

¡Hay que preparar a los cuadros! Técnicamente e ideológicamente. Esa labor no puede delegarse en el azar.

Pero sobre todo hay que tenerlos cerca, y no para vigilarlos sino para hacerlos cercanos, justamente, en el sentido de proximidad espiritual, de comunión de criterios, de sana complicidad en el gran trabajo de equipo.

El trabajo con esos niveles medios y medio-altos es demasiado delicado. Con ellos triunfamos en definitiva o ponemos en riesgo todo esto.

T/ Farruco Sesto

farrucosesto@gmail.com
Caracas

 

Por Domingo.com/la Revista

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