Imagen de muestraLa Habana (PL) Los pronósticos, encuestas, declaraciones y hasta juegos computarizados proliferan en estos días previos a los comicios del 6 de noviembre en Estados Unidos, donde el presidente Barack Obama pretende alcanzar la reelección.

Entre las variables que siguen de cerca los especialistas en estos ejercicios están el tiempo que los candidatos dedican a cada estado en estos días, la forma en que se comportan las encuestas en dichas demarcaciones respecto a cada aspirante presidencial y las estadísticas de elecciones anteriores.

El mandatario y su rival republicano Mitt Romney mantienen un empate técnico a nivel nacional, según las encuestas más recientes, con un 49 por ciento de las intenciones de votos, aunque en los estados indecisos el gobernante, como tendencia, tiene una ligera ventaja.

Para tener una idea de cómo está hoy la campaña a nivel de los estados, hay que echar un vistazo al mapa electoral de Estados Unidos.

Muchos estados sureños y de la franja central del medio oeste del país parecen ser propiedad electoral del partido rojo. A grandes rasgos, vistos en el mapa electoral aparecen teñidos de ese color, mientras el azul, como norma, se limita a ambas costas, oriental y occidental, con algunas excepciones en el centro y sur del país.

Para el partido rojo, entre los territorios que considera seguros están Montana, Idaho, Utah, Arizona, Louissiana, Missouri, Alabama, Georgia, que como promedio aportan entre tres y 15 votos electorales cada uno.

La excepción es Texas, favorable a los republicanos, pero que aporta 38 votos electorales.

Los demócratas como norma aseguran California, Massachussetts, Washington, Nueva York, Nueva Jersey, Delaware, Illinois, por solo mencionar algunos de ellos, que en su conjunto aportan una cantidad apreciable de votos electorales.

Solo el territorio californiano posee 55 votos electorales, con los que desde ahora cuenta el partido azul.

Pero los especialistas coinciden en señalar que el resultado final de esta batalla electoral se decidirá en una decena de estados de los llamados indecisos o pendulares.

Seis de ellos son considerados por medios de prensa estadounidenses como los verdaderos campos de contienda: Colorado, Florida, Virginia, Wisconsin, New Hampshire y Ohio.

En Colorado, Obama obtuvo la victoria en 2008 por nueve puntos de ventaja sobre su rival republicano John McCain, y se llevó los nueve votos electorales de esa demarcación. Sin embargo, los republicanos habían triunfado en ese territorio en las tres elecciones presidenciales anteriores.

En este ciclo electoral, el jefe de la Casa Blanca y Romney se mantienen empatados allí: 47,8 por ciento de las intenciones de votos para cada uno.

Florida, con sus 29 votos electorales, es el territorio más codiciado por los contendientes.

Romney está prácticamente obligado a triunfar allí para asegurar los 270 votos electorales que necesita, por eso se explica la insistencia en ir una y otra vez a ese territorio, o enviar a sus correligionarios.

El estado de Virginia aporta 13 votos electorales, pero es donde ambas campañas más se autoadjudican el apoyo de los electores. Demócratas y republicanos insisten en que tienen la primacía en los sondeos o al menos que hay un empate técnico.

En realidad, según criterio del diario The Washington Post, Romney lleva la delantera en las últimas pesquisas, quizás por el favor que le tienen los militares y veteranos, quienes como tendencia votan como republicanos.

En Virginia existen grandes cantidades de bases e instalaciones castrenses, en particular de la Marina y la Infantería de Marina. Incluso la sede del Pentágono se ubica allí, a escasos kilómetros del Distrito de Columbia, donde radica Washington, la capital del país.

En 2008, Obama se convirtió en el primer candidato demócrata en triunfar en Virginia desde 1964. Este antecedente señala también que aquí la contienda no está decidida.

Wisconsin, con sus 10 votos electorales, constituye para algunos especialistas una sorpresa que se encuentre en esta lista de los más codiciados e indecisos. Algo que puede favorecer a Romney es que su compañero de fórmula, Paul Ryan, es representante al Congreso por este estado desde hace varios años.

Pero a la vez existe un factor que va en su contra: ningún republicano ha triunfado en Wisconsin desde Ronald Reagan en 1984.

Una victoria de los republicanos en Wisconsin puede equilibrar un poco su situación incluso si pierde en Ohio en su meta obligatoria de obtener los 270 votos electorales que necesita para llegar a la Oficina Oval. Pero para ello tendría que triunfar en Florida, Virginia, Carolina del Norte, Iowa y Colorado.

Incluso si en ese escenario Obama triunfa en Nevada y New Hampshire, Romney alcanzaría 273 votos electorales, según un análisis del sitio digital Real Clear Politics, que monitorea el curso de los comicios en Estados Unidos.

New Hampshire aporta cuatro votos electorales. Obama lo visitó la semana pasada y lo ha hecho con cierta frecuencia, lo cual es interpretado por especialistas como que la carrera allí está reñida. En las últimas cinco elecciones presidenciales, el candidato demócrata triunfó tres veces en esa demarcación, y los rojos en dos ocasiones.

Ohio, con sus 18 votos electorales, es como el estado que augura la victoria -o la derrota-, porque allí han triunfado todos los candidatos que llegaron a la Casa Blanca en los últimos 52 años. En estos momentos Obama mantiene una ventaja de cinco puntos porcentuales sobre su rival republicano.

Ambos contendientes desarrollaron una fuerte ofensiva en los últimos días en esa demarcación, en particular este último fin de semana previo al día de los comicios: Obama, el vicepresidente Joseph Biden, y el expresidente demócrata William Clinton estuvieron allí, en diferentes momentos y lugares.

También acudieron al Buckeye State los republicanos Romney y Ryan con sus equipos de apoyo, que incluyen legisladores estaduales y federales del partido rojo.

En Ohio el mandatario hizo un trabajo fuerte desde 2009, en particular con los préstamos de rescate de la industria automovilística, lo cual todavía hoy es un baluarte que Romney no puede superar, entre otros factores porque esa ayuda consolidó el apoyo tradicional de los sindicatos al Partido Demócrata.

Desde que asumió su mandato, Obama visitó Ohio en más de 30 ocasiones. Según las últimas encuestas, este supera a Romney en ese territorio por un margen de entre dos y cinco puntos porcentuales.

Hay otros estados, que aunque no están en la lista caliente anteriormente analizada, también constituyen signos de interrogación para el resultado final de los comicios.

Por ejemplo, en Iowa la situación es similar a las presidenciales de 2008, cuando Obama triunfó en ese estado por casi 10 puntos, pero hasta ahora, en el voto anticipado ha ejercido un cuatro por ciento más de demócratas que en aquella ocasión, mientras el aumento de los republicanos llega apenas al uno por ciento.

De todas estas cifras, cálculos, encuestas y ecuaciones matemáticas y políticas, la mayoría de los especialistas y medios especializados en el tema señalan que en total Obama sostiene en teoría un número mayor de votos electorales ya asegurados.

Algunos análisis de escenarios señalan que el mandatario obtendría un total de 310 de dichos votos, y para ganar la presidencia se necesitan 270.

Otros cálculos más conservadores otorgan al mandatario 277 votos electorales y 261 a Romney, siempre sobre la base de las posibilidades de cada uno en el conteo estado por estado.

Los mismos ejercicios especulativos -aunque basados en posibilidades matemáticas- señalan que resulta extremadamente difícil en las condiciones actuales que Romney alcance la cifra necesaria para llegar a la Oficina Oval.

Otro de los pronósticos a tener en cuenta, elaborado por especialistas de West Florida University, concluye que desde 1880 un presidente en el cargo ha perdido las elecciones solo en seis ocasiones, dos de ellas cuando el mandatario en ejercicio reemplazó a un gobernante de un partido diferente, agrega la publicación.

De todas formas, los electores estadounidenses que acudan a las urnas el 6 de noviembre serán quienes contribuyan a descifrar estos enigmas, aunque como sabemos, el voto popular en la democracia estadounidense no es el que decide quién se queda o quién se va de la Casa Blanca.

Los millones de electores que residen en los estados afectados por la supertormenta Sandy en la costa este pensarán primero si vale la pena acudir a los centros de votación mientras sus viviendas o negocios carecen de energía eléctrica y hasta de alimentos básicos.

Está por ver si ellos se suman a los 90 millones o más de personas que cada año, con tormenta o sin ella, deciden quedarse en casa o ir a pescar el día de los comicios.

Por Roberto García Hernández *

*Periodista de la Redacción Norte de Prensa Latina. arb/jvj/rgh

 

 

 

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