Por Odalys Buscarón *

English: GRAND KREMLIN PALACE, MOSCOW. With Pr...
English: GRAND KREMLIN PALACE, MOSCOW. With President of the United States of America Barack Obama. Русский: МОСКВА, БОЛЬШОЙ КРЕМЛЁВСКИЙ ДВОРЕЦ. С Президентом Соединённых Штатов Америки Бараком Обамой. Español: Los presidentes Medvédev de Rusia y Obama de los Estados Unidos en un reunión en el Kremlin en Moscú (Photo credit: Wikipedia)

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or Odalys Buscarón *Moscú (PL) Otra vez, la llegada al poder del presidente Barack Obama extiende un espejismo sobre una casi posible mejoría de las relaciones de Estados Unidos con Rusia, el equivalente del fin de la confrontación, como anhelan muchos.

Sin embargo, las contradicciones persisten en varios campos, donde se cruzan los intereses de una y otra parte, lo mismo en lo político, lo económico o lo militar.

El primer mandato de Obama no solo dejó asignaturas pendientes en la agenda, sino que agrandó la brecha en temas de política exterior, y en cuestiones de la paridad armamentista con el escudo antimisiles como la principal manzana de la discordia entre Moscú y Washington.

Obama anunció en septiembre de 2009 con gran pompa que anulaba el proyecto del sistema antimisiles (DAM) para Europa, elaborado por su antecesor George W. Bush, causa del deterioro de los nexos, nunca antes visto desde la década de 1990.

En su lugar, presentó un moderno programa de despliegue ofensivo de los componentes estratégicos, con proyecciones de ampliarlo al centro y sur del Viejo Continente.

Rusia, ante los hechos, no solo advirtió que se rompería la paridad armamentista, sino que amenazó con emplazar en Kaliningrado (el extremo más septentrional del país), los misiles tácticos Iskander, si prosperaban los planes, apoyados por la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN).

La Casa Blanca no ha dado a Moscú las garantías jurídicas de que el escudo no amenazará la seguridad ni el potencial estratégico ruso, mientras avanza en concretar los planes belicistas, con el apoyo de sus aliados.

Al respecto, el vicecanciller Serguei Ryabkov fue más lejos con las advertencias del Kremlin.

Dio como probable la retirada de su país del Tratado para la Reducción de Armas Estratégicas (START-III, por sus siglas en inglés), en respuesta a los desacuerdos en torno a la sombrilla de seguridad que ha diseñado Estados Unidos, en las cercanías de la Federación.

Aunque dijo que no era el escenario más deseado en el desarrollo de los acontecimientos, expresó tajante que Rusia no puede dejar sin respuesta el hecho de que sus reclamos e intereses sean ignorados.

Washington consiguió la aprobación de Bulgaria, España, Turquía y Rumanía para emplazar en esos territorios componentes estratégicos del escudo, en sus variantes naval y terrestres.

Visto como la piedra angular en las negociaciones sobre el desarme, el START-III fue rubricado por los presidentes Dmitri Medvedev y Barack Obama el 8 de abril de 2010, en Praga, y entró en vigencia el 5 de febrero de 2011, para un período de 10 años. Durante la firma del tratado, Moscú advirtió que podría retirarse si el DAM ponía en peligro los intereses de Rusia en materia de seguridad.

El Ministerio de Defensa y expertos militares perciben con escepticismo un virtual progreso en el tema, en razón de que la administración de Obama no ha dado señales claras de que tendrá en cuenta los intereses rusos, en cuanto a seguridad y equilibrio armamentista.

Queremos un documento que refleje de manera vinculante la no orientación del escudo contra las fuerzas estratégicas nucleares rusas y relacione el conjunto de criterios técnico-militares, por los cuales podamos concluir que las obligaciones no se violarán, explicó Ryabkov.

Para el viceprimer ministro Dmitri Rogozin, el DAM desatará una carrera armamentística pues la posible aparición de buques de guerra estadounidenses dotados del sistema antimisiles Aegis cerca de las costas rusas provocará sin duda una drástica reacción de Moscú.

En el ámbito político, la iniciativa patrocinada por sectores conservadores dentro del Congreso estadounidense para adoptar la ley Magnitsky, que supone un paquete de sanciones contra funcionarios rusos, acrecentó el lenguaje de confrontación.

El portavoz de la Cancillería de Rusia, Alexander Lukashevich, catalogó de hostiles y provocadores el proyecto de ley sobre la lista de Magnitsky y la enmienda Jackson-Vanik, vigente desde 1974, contra la extinta Unión Soviética.

Dicha lista lleva el apellido del auditor del Fondo de Inversiones Hermitage Capital, del estadounidense William Browder, quien falleció en prisión, en 2009.

La normativa supone la prohibición de ingreso a territorio estadounidense de funcionarios rusos culpados por la muerte de Magnitsky (los vinculados con los órganos de seguridad y el sistema penitenciario), y la congelación de sus cuentas en bancos norteamericanos.

Advirtió el diplomático que si el Senado estadounidense aprueba el acto legislativo y deja, por otro lado, intacta la enmienda Jackson-Vanik, Rusia respondería duramente, en alusión a acciones recíprocas.

La Cámara de Representantes sancionó el 16 de noviembre de forma simultánea, tal como se había anunciado, el proyecto de la «ley Magnitsky» y la anulación de la enmienda Jackson-Vanik. En caso de que el Senado dé el visto bueno, la normativa pasa a manos del presidente Obama.

El politólogo Vyacheslav Nikonov asoció la medida a «los fuertes ánimos antirrusos que todavía predominan en el Congreso norteamericano».

Consideró inquietante que la normativa sobre la lista otorga prerrogativas al Departamento de Estado para la adopción de represalias contra aquellas personas que considere violadores de los derechos humanos, en el concepto preconcebido por Washington.

Y por el hecho además, añadió, de que deja abierta la posibilidad de completar la lista con otras figuras que caigan dentro de la órbita de la censura.

Nikonov calificó ese paso como acto sin precedentes en las relaciones bilaterales, pues incluso, recordó, en la época de la Unión Soviética nunca se confeccionó una lista de esa naturaleza.

Estimó que, por supuesto, Moscú reaccionará negativamente, y mencionó la posibilidad de la redacción por el Parlamento de una lista similar con inclusión de estadounidenses que violen los derechos humanos, no solo respecto a los rusos, sino en otras partes del mundo.

Para la directora general del Instituto de Investigaciones e Iniciativas de Política Exterior, Veronica Krasheninnikova, al margen del discurso oficial, existe una política real en Estados Unidos.

Son, afirmó la experta, precisamente las acciones concretas de la administración norteamericana las que deben analizarse, con respecto a Rusia, inclusive.

En su opinión, en el seno del «establishment», Rusia no tiene amigos, sobre lo cual, los hechos hablan por sí solos.

Contrario a las corrientes adversas, el presidente Vladimir Putin, y su primer ministro, Dmitri Mevdvedev, han tendido de nuevo a Obama la alfombra de la paz, como quimera del fin de la confrontación.

*Jefa de la corresponsalía de Prensa Latina en Rusia.

arb/oda

 

Por Domingo.com/la Revista

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