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English: Locator map for Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras and Nicaragua. Nederlands: Localisatiekaart voor Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras en Nicaragua. (Photo credit: Wikipedia)

 

No hay manera de medir la intensidad y la extensión de los vínculos que unen a los pueblos de América Latina, y sin tomar en cuenta esa fuerza unitaria es muy difícil, sino imposible, dar con la fórmula capaz de hacer respetable y eficaz cualquier plan político que se elabore con la intención de aplicarlo en un país latinoamericano. Por ejemplo, la idea de que un peruano se desentienda de lo que sucede en Uruguay o en Nicaragua porque esos países no tienen comercio con Perú carece de validez a la hora de formar un criterio político debido a que un peruano de posición izquierdista se sentirá unido a un nicaragüense o un Uruguayo que compartan esa posición así como un peruano de derechas le ocurrirá lo mismo con nicaragüenses y uruguayos que compartan la suya.

Algo similar sucede en todos los casos de afinidad política. Un boliviano, un angolano, un mexicano de izquierdas se sentían partidarios de los vietnamitas que luchaban en su país contras norteamericanos, coreanos del sur, australianos, neozelandeses y sudvienamitas en los años de 1960 y tantos, y en cambio un boliviano, un angolano, un mexicano de derechas apoyaban con toda su alma a los sudvienamitas y a los aliados que Estados Unidos había llevado a combatir contra los defensores de la independencia de Viet Nam.

Ahora bien, en el caso de los latinoamericanos el sentimiento unitario no requiere, para manifestarse en alguna forma, del estímulo de una Guerra, y por tanto no se limita al terreno político aunque cuando se da en ese campo se define políticamente y entonces pasa a ser dominante en ese sentido. Una música, un cantar, una danza identifican a dos latinoamericanos nacidos en países muy alejados entre sí; los identifican y los unen sin que en ese movimiento de sus almas hacia la unidad juegue un papel la posición política; pero si además de su identificación latinoamericanista se produce también la de carácter político, entonces el vínculo que los une pasa a ser múltiple y por tanto más poderoso que el que es de origen puramente político. Hasta dónde es verdad lo que acaba de decirse lo prueba una experiencia que a personas no latinoamericanas podría parecerles inaplicable o fantasiosa.

A Principios de 1975 el autor de estas líneas se hallaba en el edificio de correos de Barcelona, la capital de Cataluña, cuando se le acercó un anciano y le preguntó dónde podría él tomar un tranvía que lo llevara a Montjuich. Al oírnos hablar el anciano captó en la respuesta una entonación no hispánica y de inmediato interrogó:”Usted, ¿de dónde es? ¿Es de América? “ De la República Dominicana”, dijimos. Al interlocutor se le iluminaron los ojos y se acercó a nosotros con aire de persona deslumbrada a la vez que exclamaba casi a gritos: “¡ Yo soy de Barranquilla! ¡Somos del mismo mar; somos del mismo mar!”.

Si nos sentimos identificados porque las tierras en que hemos nacido son mojadas por un mismo mar, mucho más nos identifican todas las experiencias culturales que forman el conjunto de la latinoamericanidad, empezando por la lengua. Esos valores culturales pueden parecer subjetivos, pero son subjetivos; tanto lo son que en el caso de la danza podemos verla y en el de la música podemos oírla. Subjetivos son, sin embargo, los hechos históricos a pesar de que sabemos que sucedieron y por tanto fueron objetivos en el momento en que eran ejecutados; y ocurre que esos valores subjetivos, y de manera muy concreta los hechos históricos que llevaron a cabo los pueblos y sus líderes, forman uno de los componentes más fuertes de los vínculos que unen a los latinoamericanos de habla española. Se nombra a Martí o a Bolívar y todos sentimos que se está hablando de dos fundadores de la Patria mayor.

Pero si lo que hemos dicho es verdad para los hijos de los países de la América Hispánica, sean blancos, indios, negros o mestizos, en el caso de los costarricenses, los nicaragüenses, los salvadoreños, los hondureños, los guatemaltecos, es verdad por partida doble porque además de latinoamericanos ellos son centroamericanos, que es una identidad sin menoscabo de la primera. ¿Cómo se explica lo que acabamos de decir?

Se explica porque los cinco países que forman hace poco la zona del Caribe llamada Centroamérica o América Central –ahora con Belice, son seis—fueron durante tres siglos uno solo, la Capitanía General de Guatemala.(También era parte de esa Capitanía la intendencia de Chiapas, que se unió a México poco antes de que las autoridades guatemaltecas tomaran la decisión de separarse de España). Esa pertenencia Tricentenaria Al Reino de Guatemala dejó un rastro bien marcado en el hecho de que la propia Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica Celebran el día de su independencia el 15 de septiembre, que fue la fecha del año 1821 en que Guatemala declaró su separación de España; y Guatemala era, en ese momento, la suma de los cinco países.

Curiosamente, la lucha de Guatemala por su independencia no comenzó en la ciudad de ese nombre, que era la cabeza de la Capitanía General; empezó en la provincia de El Salvador en los primeros días de noviembre de 1811; se produjo en la provincia de Nicaragua el 22de diciembre y en la de Honduras al comenzar el año 1812, y en los tres casos el movimiento fue aplastado por enviadas desde Guatemala. El 5 de enero de 1822 Guatemala se adhirió al plan de iguala que había proclamado en México el general Agustín de Iturbide cuyos puntos básicos eran los siguientes: México sería una monarquía constitucional y la corona se le ofrecía a Fernando VII, rey de España, pero el país sería independiente de España, y la religión del Estado sería la católica. Al conocer la adhesión guatemalteca a su plan, Iturbide despachó hacia Guatemala un ejército que debió seguir hacia El Salvador porque en esa provincia no fue aceptada la incorporación de la Antigua Capitanía General a Méjico.

Al cabo de un año de luchas en El Salvador el ejército mejicano tuvo que retirarse y el 24 de junio de 1823 se reunió en la ciudad de Guatemala un congreso que el día 1 de Julio proclamó la creación de las provincias Unidas de Centroamérica “libres e independientes de la Antigua España, de Méjico y de cualquiera otra potencia”. El 15 de abril de 1825 fue jurada la constitución de la República Federal Centroamericana formada por cinco estados que eligieron gobiernos, cada uno encabezado por un presidente, y en 1838, con la declaración de independencia de Nicaragua, comenzó la disolución de la República Federal que quedó desintegrada al abandonarla El Salvador en el 1841.

Pero esa disolución no significó la desaparición de la unidad de los pueblos, como quedó demostrado cuando el aventurero norteamericano William Walker se adueñó de Nicaragua y se declaró presidente de ese país. En esa hora de consternación para los nicaragüenses acudieron en su defensa los gobiernos de Costa Rica, El Salvador y Guatemala, todos los cuales mandaron hombres y armas a combatir a los filibusteros de Walker, y lo hicieron con tanto coraje que los echaron de Nicaragua.

La victoria centroamericana se había ganado al finalizar el mes de abril de 1857, y en ella no habían tomado parte los hondureños, pero tres años y medio después William Walker murió en la horca que le levantaron los hondureños en la ciudad de Trujillo. Sólo a los que ignoran el peso de esos hechos en el alma de los pueblos de Centroamérica se le puede ocurrir la peregrina idea de que un nicaragüense comete delito si les da ayuda al pueblo de El Salvador, Costa Rica, Guatemala o al de Honduras.

15 de noviembre de 1981.
33 Artículos de Temas Políticos, Primera Edición, 1988, páginas 163 a 167.

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Por Domingo.com/la Revista

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