por: Padre Rogelio Cruz (progeliocruz@hotmail.com)

 Vivimos tiempos muy recios, en los que se tambalean muchos de los valores en los que hemos fundamentado nuestras vidas como cristianos y como ciudadanos.

Llega y pasa  la Navidad, con su eterno mensaje de paz y fraternidad: “¡Paz a los hombres y mujeres de buena voluntad!”.

Pero no nos engañemos: éste no es un mensaje ñoño. Es una declaración de principios muy importante: el Mesías viene para transformar el mundo.

La “buena voluntad” a la que aluden los ángeles en Belén se da por hecha en la mayoría de las personas. Pero algunos filósofos, como Kant, la consideran una facultad moral muy importante, que consiste en actuar siguiendo unos rectos principios éticos con los que se es consecuente.

La triste realidad es que hoy, como siempre, no todo el mundo se deja llevar por la buena voluntad o, bien, los principios morales desde los que actúan son erróneos. He aquí algunos ejemplos recientes.

a) La actual crisis económica, y las crisis sociales que ésta ha desatado, tienen nombres y apellidos.

Han sido generadas por personas concretas que han incluido en su proyecto de vida el enriquecerse a costa de los demás.

Vamos conociendo más y más casos de bancos, empresas e instituciones cuyos dirigentes no pensaron al actuar ni en el bien de su empresa, ni en el bien común, ni en cumplir las promesas ante sus electores.

Sólo buscaron su beneficio personal, sin importarles nada, ni el sufrimiento humano que podrían generar. No hubo buena voluntad ni parece que la haya ahora: la gente pasando todo tipo de calamidad es la cara más amarga y triste de toda esta realidad.

b) En República Dominicana y en muchos otros lugares se está aprovechando descaradamente la grave crisis económica para plantear proyectos independentistas que van al revés que la historia y que no nos van a llevar por los caminos rectos y que el mundo de hoy necesita.

Los pasos que se están dando no son los más correctos y que corresponden a lo que necesitamos. Por encima de la dimensión social y política está, para mí, esta dimensión cuasi-religiosa muy mal entendida, que no nos llevará por los mejores senderos.

c)  No hay liderazgo mundial en estos momentos que sea capaz de canalizar las enormes energías que el planeta necesita hacia decisiones concretas que nos lleven a un modelo nuevo de vida, con todo lo que esto supone de cambios a nivel personal y político.

No necesitamos calendarios mayas que nos lo anticipen: vamos hacia el fin de un determinado mundo que nos hemos montado y no hay vuelta a atrás.

Llegaremos a él de buena voluntad o a empujones, pues es lo que hemos construido.

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