200 AÑOS

EN TRES OCASIONES SALIÓ DESTERRADO, EN LAS DOS ÚLTIMAS DE ÉSTAS PROPICIADAS POR DOMINICANOS QUE OSTENTABAN EL PODER POLÍTICO

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Juan Eduardo Thomas

Santo Domingo
Cada paso que dio Juan Pablo Duarte en su vida tuvo repercusiones directas sobre el lado Este de La Hispaniola. Desde que salió a estudiar al extranjero en 1828 con 15 años de edad, debido al cierre de la universidad con la ocupación haitiana, hasta cuando fue embarcado de regreso a su país con el título de Padre de la Patria.
Esos caminos formaron y evolucionaron primero su pensamiento, y luego la certidumbre de que el territorio debía constituirse en un nuevo Estado.
Pero, es aquel primer viaje de Duarte el que le determina en sus intenciones de libertar lo que, en ese entonces, era conocido como Haití Español. Así lo explica Carlos Federico Pérez y Pérez en el libro “El Pensamiento y la Acción en la vida de Juan Pablo Duarte”.
Lo que tuvo valor esencial y decisivo en la formación de los cimientos ideológicos del futuro patricio fue el viaje de estudios al extranjero, al cual lo envió su padre, a fi n de abrirle horizontes más amplios que los que podía contemplar en su país, donde ellos eran cada vez más estrechos y nebulosos”, resalta.
Su destino era el continente europeo, para lo que llegó primero a Nueva York, donde de acuerdo a historiadores se perfeccionó en el idioma inglés y estudió geografía universal. Durante el trayecto se produce una conversación con el capitán del barco, quien le recriminó el mantenimiento de la invasión haitiana en el lado Este de la isla. Duarte le respondió en tono enérgico que era dominicano.
Estas expresiones tuvieron la virtud, de acuerdo a Pedro Troncoso Sánchez en el libro “La Vida de Juan Pablo Duarte”, de revelarle repentinamente toda la increíble realidad de la desgracia que padecía su pueblo.
Primer viaje
De Nueva York pasó a Inglaterra y de ahí a Francia, donde estudió su idioma y continuó hasta España. Ya en Barcelona, que según los Apuntes de su hermana Rosa, fue la última ciudad europea en la que estuvo antes de regresar a América; es donde decide lo que quiere dar a su patria.
¿Qué fue lo que más le había llamado la atención y agrado en sus viajes? Fue una pregunta que se le hizo a su llegada según recoge Rosa Duarte en su texto, y la respuesta mostró la determinación de su pensamiento libertario. “Los fueros y libertades de Barcelona.
Fueros y libertades que espero demos un día a nues- tra patria”, fue la respuesta dada por el joven Duarte.
Son estos dos episodios de este primer contacto con el exterior los que siembran y fl orecen el deseo de libertad del joven Juan Pablo para su pueblo.
Desterrado
Los pasos de Duarte contienen tres destierros del territorio que soñó libre desde su primer viaje a Europa.
Los últimos dos podrían considerarse como los más dolorosos para el patricio, porque se produjeron fuera de la intervención haitiana que inspiró el proyecto de independencia. La primera partida fue en agosto de 1843 cuando el régimen haitiano conoció de sus planes independentistas.
Junto a él partieron Pedro Alejandrino Pina y Juan Isidro Pérez con destino a Saint Thomas, de donde luego se movieron a Curazao para luego llegar a Caracas, Venezuela, el 23 de agosto. Para esta fecha el plan independentista estaba más que avanzado y el deseo fi nal, de hecho, estaba a tan solo meses.
Su ausencia no signifi có jamás una pausa en sus labores por la causa, enfocándose entonces en conseguir recursos económicos y armamento para la Independencia Nacional.
El trabucazo de Ramón Matías Mella, que decretaba el nacimiento del nuevo Estado el 27 de Febrero, le sorprende en el exilio. Tras el grito de independencia se conformó en esos días la Junta Central Gubernativa que de inmediato ordenó el regreso de Duarte y sus hermanos de causa.
Desembarcan la mañana del 15 de marzo, sin saber que las puertas del destierro se abrirían nueva vez en poco tiempo.
La Junta le nombró como General y le envió a la región Sur donde se producían combates de reafi rmación de la Independencia patria. Allí choca con Pedro Santana, de intereses conservadores, por diferencias en las tácticas a tomar.
Duarte regresó a Santo Domingo por órdenes de la Junta, a quienes les rindió cuentas de cada peso de los 1,000 que le fueron entregados para su viaje.
Al ser aclamado como Presidente de la República por intenciones de Mella en Santiago, que comandaba el Ejército en el Norte del país, y en Puerto Plata, por un grupo de notables, es declarado su arresto por Pedro Santana, que había propiciado un golpe de Estado a la Junta.
El segundo destierro era un hecho.
Permaneció durante 20 años exiliado, y sólo retornó cuando tuvo noticias de que un grupo de dominicanos preparaba restaurar la República, anexada por Santana a los españoles. Así lo hizo y a su llegada se puso a las órdenes del gobierno Restaurador en Santiago de los Caballeros.
Sin embargo, la decisión fue designarle como embajador dominicano en Venezuela, medida con la que se le alejaba políticamente del país. Murió en 1876 en Caracas, y sus restos fueron traídos al país 1884, con el título de Padre de la Patria.
DÍAS EN EL EXTERIOR
Nueva York, Londres, París, Barcelona, Saint Thomas, Caracas, Hamburgo, Curazao se convirtieron en puntos estacionales del Padre de la Patria en su vida.
Los días de exilio los dedicó a buscar recursos para la causa de independencia en el primer destierro, mientras que en el segundo que fue de unos 20 años aproximadamente hay cierto desconocimiento de sus pasos.
Sin embargo, al enterarse de los aprestos contra la Anexión, volvió a emprender aprestos para la recolección de recursos.
Mientras que en su tercer y último destierro, disfrazado de cargo diplomático, le sorprendió la muerte.
Sobre los sacrificios y logros de los encausados en el proyecto, habla José María Serra en su escrito sobre La Trinitaria: “En el Cibao pudo Juan Pablo Duarte frustrar los designios bien visibles de los ambiciosos, o por lo menos la preponderancia; pero antes de discutir su persona, lo que hubiera sido iniciar la guerra civil detrás de la República, cedió a los ambiciosos la afrenta de provocar aquella, y él se sacrificó con la gloria de haber fundado ésta, hasta morir sin remordimientos en el destierro”.
Todo por la Independencia
El gran ideólogo de todo
Principal inspirador político e ideológico de la revolución que puso fin a la dominación haitiana, propiciando así el surgimiento de un Estado democrático con el nombre República Dominicana. Fue, además, un hombre de praxis. Sus ideas políticas siempre estuvieron respaldadas por acciones concretas dirigidas a un propósito de bien colectivo.
En otras palabras, supo vertebrar de manera armoniosa la teoría política con la práctica revolucionaria.
Demostró poseer excelentes cualidades de planificador y organizador, aunque en este aspecto sus opositores impidieron que desarrollara plenamente su potencial creativo, y fue un revolucionario intransigente, cuya lucha siempre propendió hacia la conquista y conservación de la soberanía nacional pura y simple, sin posiciones intermedias. Legó a la posteridad unos escasos escritos (destruidos cuando en 1843 fue perseguido por los haitianos) a través de los cuales se evidencian diáfanamente la solidez y contundencia de sus concepciones político-ideológicas gracias a las cuales estructuró lo que suele denominarse como el pensamiento político de Duarte. Aun cuando no descolló como escritor, ni dejó, como Martí, obras de su ideario político, sus escasos escritos retratan un revolucionario cabal, un intelectual preocupado por su pueblo y un verdadero humanista.
Oscuros días tras el 1844
La vida de Juan Pablo Duarte, desde la proclamación de la Independencia en 1844 hasta su muerte fue un tanto azarosa. Habiendo sido gestor e ideólogo del país que se llamó República Dominicana, debilidades del movimiento político creado por él ocasionaron que él mismo no fuera capaz de tomar el control político, el cual quedó en manos de los enemigos de Juan Pablo Duarte que nunca creyeron que los dominicanos eran capaces de constituirse en un país libre e independiente, sobre todo los grupos acaudillados por Buenaventura Báez y por otros personajes como Tomás Bobadilla y Pedro Santana que al principio fueron llamados los “afrancesados”.
Ellos creían que era posible que nos separáramos de Haití, pero no confiaban que el país fuera capaz de sostenerse por sí mismo y siempre soñaban que la república recién creada fuera un protectorado bajo Francia o anexa a otro país.
Fue ese grupo conservador, por llamarlo de alguna manera, que tuvo el control de la situación e hizo que Duarte pasara muchas penurias, tal es así que en el mismo 1844 fue exiliado, refugiándose en Venezuela, luego en Curazao otra vez, hasta 1864, cuando regresa a República Dominicana a defender la república que había creado y que tres años antes (1861) había sido anexada a España por Pedro Santana.
Honrado sin ser conocido
Cuando en el año 1961 desapareció la dictadura de Rafael L. Trujillo y lentamente República Dominicana empezó a abocarse a una vida democrática, el país se encontró sobredimensionado por la abundancia de nombres de los Trujillo esparcidos por el territorio nacional y que había rápidamente que cambiar. La tarea ingente era trastocar esos nombres por otros más adecuados a los nuevos tiempos y el favorito de la lista para reemplazar las antiguas denominaciones fue el de Juan Pablo Duarte.
Lamentablemente, este proceso masivo de rebautizo no se hizo bajo el criterio de conocer la obra del patricio, ni tampoco su pensamiento y sus enseñanzas, y fue más bien una imposición burocrática que se hizo al margen del parecer de una generación de dominicanos que de pronto honró a Duarte sin conocerlo y sin querer lo. El compendio de leyes y ordenanzas dominicanas, así como la prensa del período, dan constancia de todos estos cambios.
Otro obstáculo que conspira contra la interpretación correcta de Duarte es su mitificación.
El mejor reconocimiento que los dominicanos le pueden hacer a Duarte hoy día es volver a él para conocerlo en su condición humana.
Así podremos honrarlo, conociéndolo.
TOMADO DEL LISTIN DIARIO

 

Por Domingo.com/la Revista

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