Con los primeros repiques de la vieja campana de la iglesia que invitaba a la misa de las nueve, Danilo Medina llegó de sopetón al pequeño poblado cuando la gente apenas comenzaba a despertarse ese frío domingo de la primera semana de enero.

Sin ningún aparataje y acompañado sólo por el personal mínimo de su seguridad y de un asistente, pasó inadvertido para los lugareños que ni por asomo podían imaginarse que ese extraño en jeans, camisa de cuadros y zapatillas deportivas, parado en la esquina del parque, era el mismísimo Presidente de la República.

Detuvo amablemente a una señora que pasaba y conversó con ella como un ciudadano común y corriente…. Y ella respondía a las preguntas del extraño sin saber aún de quién se trataba… Hasta que al fin lo sacó “por la voz y esa sonrisa inconfundible…”

¡Pero tú eres Danilo… Mi querido Presidente…! Lo tuteó mientras lo abrazaba sin poder contener la emoción. Entonces la gente comenzó a llegar y se armó la algarabía.

Esa misma señora, a partir de ese momento, fue la portavoz de los lugareños… Porque por pura coincidencia se trataba de una mujer muy respetada en la comarca que esa mañana temprano llegaba a la iglesia de su pueblo para asistir como de costumbre a la misa dominical…

Posteriormente llegaron los líderes comunitarios, religiosos, políticos… Y la reunión duró casi tres horas… Todos los problemas que se le plantearon al Presidente –los que tienen solución– han sido ya o están siendo solucionados.

Y los demás, los que no tienen solución inmediata porque no dependen de la decisión presidencial, están siendo encaminados por la vía institucional para resolverlos también.

Más aún, el presidente Medina se ocupa personalmente de dar seguimiento a cada una de esas visitas y que sus promesas se cumplan en el menor tiempo… Y su determinación tan radical ha motorizado una dinámica muy efectiva en casi todas las instituciones del Estado que dependen del Ejecutivo.

“Los funcionarios tienen que ponerse las pilas…”, me dijo hace unos días el Presidente mientras comentaba el resultado positivo que están teniendo sus visitas sorpresas a las comunidades más apartadas de la República aprovechando el feriado dominical.

“… Porque a mí hay que rendirme cuenta personalmente de cada promesa que hago… Porque cuando prometo una cosa, la cumplo”.

¡Que venga… que venga!
La efectividad de esas visitas –despojado del ropaje presidencial que acompaña tradicionalmente los desplazamientos de los jefes del Estado– ha tenido una repercusión inmediata en la popularidad de Danilo Medina.

Las últimas mediciones colocan al gobierno con una aceptación de un 81 por ciento en escala ascendente en los últimos dos meses cuando fue superada la campaña contra las medidas impositivas que predominaron el ambiente político durante octubre y noviembre del pasado año.

Y cada vez son mayores las demandas de todos los sectores, principalmente los grupos sociales y religiosos de los pueblos del interior, para que el presidente Medina los visite y escuche sus necesidades.

“Iré a todos los lugares del país… Pero sin ninguna programación y sin anticipar mis visitas. Porque la clave es la sorpresa para que no me hagan montaje”.

En cada visita Danilo privilegia las comunidades mínimamente organizadas o que cuenten con asociaciones a través de las cuales se puedan canalizar soluciones colectivas y prácticas a los problemas comunes.

Pero la condición es que en ningún caso su visita sea programada por funcionarios o los lugareños… En ocasiones, todavía el día antes, el Presidente no dice a cuáles lugares irá al día siguiente.

Sin aparataje
Regularmente el Presidente viaja por tierra, cuando su agenda, la distancia y las circunstancias se lo permiten. De ese modo entra en contacto directo con la gente, se detiene en el camino como un ciudadano común, hace “paradas técnicas” y se desplaza con tan sólo dos vehículos, sin franqueadores, sin militares y sin policías en uniformes…

La idea es que la gente lo perciba como un ciudadano más que ostenta transitoriamente la condición de “primero entre sus iguales”.

Cuando las circunstancias le exigen viajar en helicóptero, las instrucciones son precisas para que en los pueblos donde aterriza haya sólo dos vehículos que lo desplacen junto a sus dos o tres acompañantes a algunos puntos escogidos previamente por él para escuchar a la gente que se exprese espontáneamente.

Esos desplazamientos presidenciales están calando favorablemente en las comunidades más necesitadas que por primera vez en 50 años están viendo a su Presidente en cuerpo de camisa…

¡Porque eso ya se había visto… sólo en el gobierno de Bosch!

(Lobarnechea1@hotmail.com)

Ilustrar con fotos de Cúpula del Palacio Nacional, Danilo Medina, Juan Bosch, logo del PLD…..

 

 

 

Por Domingo.com/la Revista

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