Por Odalys Troya Flores*

La Habana (PL) Desde el costurero, el sembradío con el hijo a la espalda, la colada de café, o la mansedumbre anquilosada, la mujer latinoamericana ha comenzado a seguir los nuevos derroteros en el contexto de transformaciones sociales, políticas y económicas de Latinoamérica.En los últimos 10 años, en cuanto a equidad política de género las latinoamericanas han logrado importantes niveles de participación como nunca antes, resultado de las largas luchas por sus derechos, reivindicadas por los múltiples gobiernos progresistas en la región.
En estos momentos, el 40 por ciento de la población latinoamericana está gobernada por mujeres: Dilma Rousseff, en Brasil; Cristina Fernández, en Argentina, y Laura Chinchilla, en Costa Rica.
Otras ocupan importantes puestos a nivel de Gobierno o de organismos internacionales y en ellos han demostrado capacidad y ganado reconocimiento.
También se ha incrementado su participación en las esferas científicas y académicas resultado del afianzamiento de la democracia, mayor desarrollo social y un crecimiento económico más sostenible y equitativo.
Cifras del Banco Mundial muestran que en el año 2010, el porcentaje de mujeres con responsabilidades políticas en Latinoamérica era del 24 por ciento, la cifra más alta del mundo, incluso mayor que en Europa, donde era del 15 por ciento.
De acuerdo con encuestas realizados por la Comisión Económica para América Latina de la ONU (Cepal), existe en el continente una opinión favorable hacia el liderazgo femenino, que los grandes partidos tradicionales lo intentan frenar.
Incluso, se han llegado a establecer cuotas de género en el entorno político -de entre el 25 y 30 por ciento- en muchos países del área.
Pero estos logros, aún ínfimos, van más allá del actual contexto socio-político, pues tienen su base en los significativos aportes que en los últimos siglos hicieron muchas mujeres en el ámbito de los derechos humanos, la cultura, las luchas independentistas y el desarrollo de la sociedad en su conjunto.
La brillantez de Juana Azurduy, patriota del Alto Perú, sobresale más por sus importantes victorias militares contra los realistas, luego de asumir la comandancia de las tropas a raíz de la muerte de su esposo Manuel Ascencio Padilla en las luchas por la emancipación en el Virreinato del Río de la Plata, que por haberlo acompañado a la guerra.
Manuela Sáenz nos dejó un importante legado no solo por su relación con El Libertador Simón Bolívar, a quien le salvó la vida en dos ocasiones, sino por su valentía y calidad de liderazgo en las luchas independentistas.
Eva Duarte de Perón, esposa Juan Domingo Perón (presidente de Argentina en tres ocasiones) y Primera Dama durante su primer gobierno, tuvo una participación determinante para la aprobación del voto femenino en 1947 en su país.
La pintora mexicana Frida Khalo, la poetisa chilena Gabriela Mistral, la cantautora chilena Violeta Parra y la escritora mexicana Sor Juana Inés de la Cruz, también figuran en la larga lista que desde los más diversos espacios encumbran a la mujer latinoamericana.
Sin embargo, a pesar de los esfuerzos, de las luchas reivindicatorias, de los logros alcanzados no solo en la arena de la participación política, las latinoamericanas tienen muchos desafíos, todos vinculados al tipo de sociedad construida desde hace siglos.
Sin dudas, el patriarcado que tuvo algunos antecedentes en los pueblos originarios se acentuó con la llegada de los europeos, quienes también a través de la religión impusieron concepciones sobre el lugar de la mujer, que todavía son un lastre.
El acceso a la vivienda, el empleo, la salud pública, la educación, la conservación ecológica, la superación dela violencia, la plena participación democrática y los derechos humanos forman parte de sus principalesproblemas, aun en los países que experimentan notables transformaciones como Venezuela, Bolivia o Ecuador.
En América Latina históricamente han sido notorias las desigualdades de género en el acceso y permanencia en el sistema educativo, no obstante que los mayores progresos en materia de igualdad de género se han observado en este campo.
De hecho en el año 2005, según la Cepal, ya se había logrado la paridad educativa en la región, pero con algunas brechas en áreas poblacionales.
La participación económica de las mujeres también ha registrado un crecimiento elevado debido principalmente al incremento del nivel educacional de la población femenina. Sin embargo, siguen siendo las menos favorecidas, sobre todo en cuestión salarial, porque ganan en promedio un 17 por ciento menos que los varones, señala un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo denominado «Nuevo Siglo, Viejas Disparidades».
Refiere la investigación que las latinoamericanas sólo ocupan el 33 por ciento de las profesiones mejor pagadas en la región, como la arquitectura, la abogacía o la ingeniería. No obstante, la brecha salarial entre hombres y mujeres es mucho más pronunciada, pues alcanza en promedio un 58 por ciento.
El mejoramiento de las condiciones de trabajo y las discriminaciones en el mercado laboral, son otras de las falencias que persisten.
Siguen siendo las damas quienes, además de llevar en gran medida el peso de la familia, las que más sufren los graves problemas socioeconómicos.
El aumento del índice de feminización de la pobreza y la indigencia, la dificultad para implementar las legislaciones que favorecen y protegen sus derechos y los altos niveles de violencia contra ellas constituyen los principales desafíos que enfrentan los gobiernos de América Latina y el Caribe.
Datos del Observatorio de Igualdad de Género de la Cepal revelan que muchas mujeres mueren a manos de su pareja íntima o expareja, resultado de una estructura de familia con un arraigado machismo como base.
También advierte que cada año unas cuatro mil féminas pierden la vida a causa de los cuatro millones de abortos ilegales que se practican, pues escasos parlamentos permiten esta práctica como un derecho, e incluso como un asunto de salud.
En Argentina se ha permitido el matrimonio entre personas del mismo género. Sin embargo los legisladores no aprueban el aborto, y muchas mujeres acuden a la opción clandestina, sin las garantías suficientes.
Para la XI Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, a realizarse en República Dominicana este año, sin dudas estarán en debate muchas de las metas por conquistar, pese a los logros. Lo importantes es que el reto está planteado y busca empinarse.
*Periodista de la Redacción Sur de Prensa Latina
jhb/otf

 

Por Domingo.com/la Revista

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