ORLANDO DICE…

AHORA, LAS TAREAS.-  En lo que el hacha va y viene, los perredeístas deben ocuparse de tareas que son apremiantes y urgentes, hacia adentro y hacia fuera. Si cada bando va recogiendo sus resabios, encontrar un punto medio es inminente y trabajar de conjunto un imperativo. No todo puede ser competencia o candidaturas, si existe el convencimiento de que el actual estado de cosas no favorece un ascenso del partido blanco al poder. Lo inteligente, y sobre todo lo oportuno, fuera que una comisión integrada por las dos facciones se ocupara de dar seguimiento a los proyectos de Ley de Partidos y Electoral. Que lo que se haya convenido con el PLD, de manera formal u oficiosa, sea puesto bajo el escrutinio de los organismos. Así, se tendría mayor representatividad y los nuevos estatutos podrían discutirse en mejores condiciones de justicia y equidad. Ahora, lo que se propone, cada cual por su lado, tiene más de rivalidad interna que de verdadera institucionalidad. La reacción del PLD ante un PRD en disolución, nunca será la misma que ante un PRD unido y con proyección…

MORDER LOS LABIOS.–  El momento no puede ser de alborozo, sino de trabajo. Existen muchas rutas críticas, y no hay porqué perder tiempo en discernimientos bizantinos, sino  asumir las tareas. El encuentro de la semana pasada, al margen de todas las interpretaciones, fue un reconocimiento de los liderazgos fundamentales, pero igual de la institucionalidad del partido. Hipólito Mejía es una figura importante, pero las decisiones deben tener la impronta del presidente Miguel Vargas. Bajo ese predicamento nadie se ofende ni a nadie se agravia. La experiencia reciente, en la que hubo de todo, fue más que suficiente para saber que con tormentas la barca no llega a puerto. No se tiene claro cómo lo harán, pero la verdad que los perredeístas van a tener que aguantarse las ganas y tragarse la lengua. Comprobaron de mil maneras, y millones de consecuencias, que no solo es castigo del cuerpo. También de las posibilidades del partido y de sus candidatos. No ha sucedido hasta ahora nada. Solo se usó la lengua para hablar y no para morder, y el panorama se muestra auspicioso…

TIEMPO, UNA CUESTION.- Aunque la distancia es mucha, puesto que el 2016 queda lejos, los perredeístas deben darse cuenta de que para ellos no es tanto, ya que tiempo que se pierde en política, es tiempo que no se recupera. Además, de que deben trabajar en dos planos: interno y externo, y evitar que uno obstaculice al otro. El problema, por tanto, es  poder caminar y masticar chiclet a la vez, una prueba difícil y que pocos, grupos o individuos, superan. La verdad que la coyuntura obliga a eso y a más, y si hubo ímpetus para la lucha, puede haber fervor para las tareas. Tareas que estaban pendientes de todos modos, y cuyo atraso no tiene nada que ver con las confrontaciones de  Vargas  y Mejía. Tienen que ver con la falta de visión y de laboriosidad. El PRD tiene mucha vida interior, pero de efervescencia, y no de pensamiento y trabajo. Son propósitos, y nada más que propósitos. Hablar de un nuevo padrón, o de un padrón verdadero, por ejemplo, es una forma de sacarse la lengua unos con otros, y no llenar el cometido. Después se transan con lo que haya como registro, y a Dios que reparta suerte…

NO NECESITA.- Entre las muchas cosas que se dicen que el PRD no tiene y debiera tener, se cuenta una línea de verdadera oposición. Así como acercamiento a núcleos representativos de la sociedad. Que el PRD recupere sus antiguas trincheras y sea portaestandarte de las masas populares. Los tiempos cambian, y eso lo cantaba Bob Dylan en la segunda mitad del siglo pasado. Hay que entender las cosas bien. No es que el PRD haya abandonado a los segmentos bajos de la población, es que sus estructuras y el discurso de sus dirigentes no responden a esos intereses. Ni podría responder. La composición social es diferente. Nada más hay que observar una reunión de sus bandos, o del partido en su conjunto, para que se vea cómo la movilidad social ha hecho maravillas entre los perredeístas. No son peatones, como lo fueron alguna vez, ni se mueven en concho, como en los viejos tiempos. Ahora andan en yipetas de último modelo, en carros de lujo. Cuando el asalto de la Casa Nacional, las fuerzas vencedoras no llegaron a pie como la plebe de París a la Bastilla. El hijo de Machepa, o se fue, o lo echaron…