Una buena parte del periodismo independiente está sufriendo una especie de acoso por una insolencia intelectual inadmisible, una persecución infame en base a la acechanza perversa y la imputación falaz.

Basta que la iniciativa individual del periodista le haya permitido establecer sus propios medios productivos y logrado romper las amarras laborales de los grandes medios para desatar en su contra todos los demonios de la maledicencia y la envidia.

Proveniente de gente que ha fracasado en todos sus intentos y que en cada nuevo proyecto está llamada a naufragar por su cortedad de mira empresarial, por su ceguera política, por el criterio fanático con que maneja sus relaciones primarias y porque se condena a ser “asalariada de por vida”.

O se convierte en cazadora de premios por engendros literarios mediocres.

Su incapacidad emprendedora le impide el progreso, y en su frustración no perdona el éxito ajeno que atribuye siempre a manejos indecorosos, al ejercicio poco ético de un oficio que desconoce porque nunca lo ha ejercido, a la venta de la conciencia, a la falta de moral…

Sabe que se le hizo tarde… Porque a los setenta ya somos viejos para empezar, y esa realidad lo llena de odio visceral contra quienes hace rato firman en sus empresas los cheques por delante porque rompieron la barrera de la mediocridad laboral.

Por supuesto, casi 50 años después, a base de 15 horas de trabajo todos los días, sin vacaciones, sin vicios, sin amantes furtivas, sin dispendio de tiempo ni de recursos.

¡Y dejando la poesía para los escasos momentos de ocio…!

José Báez Guerrero
Ha sido siempre un profesional decente, que cuida las formas, que no agrede gratuitamente a nadie, que ha desarrollado su empresa de servicios con eficiencia y bajo las normas éticas que enmarcan un ejercicio periodístico pulcro por de más de 30 años.

José es respetuoso hasta en la expresión más ácida de sus críticas, no insulta, no ofende, no degrada a nadie, no descalifica… Y personalmente es un caballero en toda la extensión del término.

Se ha distinguido desde jovencito por superarse profesional e intelectualmente, y por consolidar su independencia laboral para asegurar así la independencia de criterio en sus opiniones y en las valoraciones que hace sobre el acontecer dominicano.

Es uno de los articulistas más depurados porque sus opiniones jamás están contaminadas por el interés personal y profesional que domina el periodismo de opinión en nuestro país.

La mayoría de las veces puede uno estar en desacuerdo con las cosas que dice José, pero hay que valorar su independencia, la madurez de sus juicios, la profundidad con que toca cada tema.

Frustrado, mediocre…
Que un maestrico uasdiano de aula vacía insulte a José Báez Guerrero descalificándolo para opinar sobre sus constantes pelambres contra Leonel Fernández, engrandece a José más que reducirlo.

Porque el insulto proviene de un hombre ahíto de frustraciones, sin argumentos para el debate con altura, que en su prepotencia y altanería intelectual recurre a lo único que sabe hacer: denigrar, ofender, subestimar, menospreciar… Exactamente prostituir la palabra.

Criticar el éxito profesional de periodistas fraguados en un ejercicio duro, difícil, exigente, desarrollado por casi medio siglo en el marco de una temeridad riesgosa, es la forma más perversa de rumiar frustración por la incapacidad productiva de quien siete décadas después sigue en el andén del tren…

Pena que la dignidad del retiro no sea alternativa… ¡Pero el culpable es Leonel, que le negó la Unesco!

 

Por Domingo.com/la Revista

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