Por José Miguel Gómez

La política es una ciencia, una disciplina y un método. Como toda actividad dinámica está sujeta a cambios, revisiones, reflexiones y adaptaciones sociales. Influyen en ella la economía, la cultura, la sociedad, los factores externos e internos que se presentan como circunstancia o adversidades que generan crisis o cambios estructurales.

De ese aprendizaje social se construyen sistemas de creencias que influyen en las personas o en grupos sociales; las creencias son “verdades” absolutas que se asumen quedando registrados como pensamientos, que luego son palabras y pasan al comportamiento social a través de hábitos reforzados para expresarse en resultados sociales. Es decir, las creencias configuran pensamientos, los pensamientos configuran los comportamientos y estos configuran los resultados de vida.
Las creencias pueden ser distorsionadas o limitantes, de miedo, de prejuicio y alimentadas por actitudes emocionales negativas o positivas.

En política y en los comportamientos sociales, las respuestas emocionales llegan primero e influyen más que lo racional. Si observamos los comportamientos de los partidos, líderes y actores sociales se expresan con sus emociones, a través de su ego, su subconsciente que moviliza sus creencias, sus defensas y conflictos no resueltos que limitan, desajustan y no permiten fluir o ser asertivo o empático en términos psico-emocionales.

La empatía y la conciencia emocional son las que enseñan a ponerse en el lugar del otro, a valorar cómo se siente, qué le afecta, si siente miedo, dolor, sufrimiento o indefensión social. El político que pierde la conexión emocional y social, va perdiendo las habilidades y destrezas de entender la evolución del sistema de creencia, el pensamiento, las emociones, la conducta, las necesidades y prioridades de la ciudadanía en un contexto histórico determinado.

De ahí que exista la estrategia y la táctica, el desmonte de los sistemas de creencias distorsionadas o limitantes que sostengan las mismas conductas, los mismos métodos y las mismas percepciones.

En los últimos años, el electorado de las clases media y media baja ha cambiado su nivel de acatamiento social, se ha empoderado, es más activo, más comprometido y más vigilante. Además, los temas de la corrupción, impunidad, inequidad, exclusión social, pobre acceso al desarrollo social y los servicios públicos de baja calidad y calidez, son deudas pendientes o temas muy sensibles en los ciudadanos.

Los países que disponen de cobertura de medios de comunicación, donde las personas viven enteradas de lo global y lo local, de cuanto sucede en la vida pública de los políticos, la economía, la salud, educación, inseguridad, empleo, bienestar social, acceso a vivienda y desigualdades, producen expectativas y modelos de demandas en los jóvenes y adultos, en edades productivas que no ven resultados sociales pese a que han estudiado o trabajan, pero los salarios no les alcanza para vivir decentemente .

Cuando los partidos o los políticos viven anclados en los viejos modelos, o bajo los esquemas que no conectan con las demandas de las nuevas expectativas sociales, emocionales, estructurales y culturales, se va construyendo un divorcio o distanciamiento psicosocial entre el ciudadano y los partidos.
En las ciencias sociales hay que estudiar los indicadores, la gerencia de expectativas, la comunicación, los niveles de esperanza o desesperanza de las personas y de los grupos vulnerables.

Las personas que viven en “déficit” y la ciudadanía positiva, entran en expectativas diferentes que, al final se conjugan en actitudes emocionales negativas que les lleva a luchar o demandar resultados diferentes, sin importar el color del partido o del político.

La ausencia del político renovado para entender al nuevo ciudadano, a los nuevos cerebros, emociones y pensamientos de las personas que buscan resultados diferentes de sus vidas.
El ciudadano ha cambiado, pero los políticos se han desconectado de las emociones y de las nuevas creencias potencializada del ciudadano positivo. En la actualidad la sociedad y los ciudadanos han evolucionado más que los partidos políticos y que los líderes, solo falta, que la ciudadanía de a pie continúe participando y demandando desarrollo con oportunidades.

Por Domingo.com/la Revista

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