Entre la medianoche y el amanecer del 15 y 16 de agosto del 1863, catorce héroes entre los cuales uno no ha dejado su nombre a la historia y otro era español, entraron a Capotillo Español para comenzar la Guerra de la Restauración, y el 22 de ese mismo mes caían en manos de los restauradores Guayubin, Dajabón, Monte Cristi, Sabaneta El día 24 el capitán general español declaraba el estado de sitio en todo el país.

El 28 de agosto cayeron en poder de los insurgentes el ayuntamiento y el cuartel de Puerto Plata, La Vega, San Francisco de Macorís, Cotuí. Así como el 30 cayó Moca y el general Gaspar Polanco llevaba a Santiago mil hombres con los que iba a iniciarse ese mismo día la batalla conocida con el mismo nombre de esa ciudad. Bosch sostiene además, que la Guerra de la Restauración fue un acontecimiento popular de guerrillas de liberación nacional y social. Que su rapidez en su acción se debió a una sola razón y es que esta epopeya tuvo desde el primer momento el apoyo resuelto de las grandes masas del pueblo dominicano en las que participaban a la vez hombres animados de poderosos sentimientos patrióticos y de acción que van a los campos de batalla en busca de ascenso social y en ocasiones, como pasó en la Restauración, hombres quienes se daban los dos estímulos, el patriótico y la necesidad de ascender socialmente.

El presidente advitam del PLD sostenía que la Guerra de la Restauración no fue una fiesta ni en ella podían tomar parte todos los hombres. Para hacerla se necesitaban condiciones nada comunes, porque había que enfrentar un medio físico hostil con muy escasos medios para dominarlo y porque se combatía contra soldados españoles, cuyo valor ha sido proverbial desde hace siglos. No fue una guerra hecha por un caudillo, fue una epopeya hecha por el pueblo. Todo esto explica que desde el momento mismo en que Pedro Santana, hasta entonces presidente de la República Dominicana, declaró que esta dejaba de ser República para ser colonia española, desde ese instante el pueblo dominicano comenzó a combatir para restaurar la verdadera independencia. Lo que explica que Bosch defina la guerra restauradora como el acontecimiento histórico más importante del país. Y lo es porque en el tomó parte directa el pueblo dominicano. Bosch en su libro La Guerra de la Restauración, editado en enero del 1991, señala que a pesar de la gran importancia y enseñanza en todo el sentido de la palabra, la Guerra de la Restauración es el menos conocido de los acontecimientos del país en los dominicanos que no han sido puesto nunca al tanto en detalle de lo que fue ese hecho, uno de los más ricos en lecciones de todo tipo, de los muchos que han llevado a cabo los pueblos de América.

Dice Bosch que pocas personas, contando entre ellas las que han estudiado la historia al nivel que se da en las escuelas, saben que antes de cumplirse el primer año de los hechos del 16 de agosto, el jefe político y militar del país, General José de Cándara, decía en un informe que envió desde Monte Cristi a su superior, el ministro español de la guerra, que la de Santo Domingo ha perdido el carácter del movimiento revolucionario, para tomar el de una guerra de independencia nacional El autor de esas palabras, sostenía Bosch, estaba tan convencido de lo que decía que en los días en que escribía ese informe, que aparece con fecha 15 de julio del 1864, se enviaba un emisario a uno de los miembros del gobierno revolucionario de Santiago, el ministro Pablo Pujol, con quien el emisario debía hablar en Isla Turcas de las posibilidades de que el gobierno español y el de Santiago llegaran a un acuerdo de paz.

El historiador, político y escritor Juan Bosch decía que la epopeya de la restauración fue llamada así porque su finalidad era restaurar el Estado que había nacido el 27 de febrero del 1844 con el nombre de República Dominicana. Y en ese sentido, observaba que el pueblo dominicano cree a pie de juntillas que el gran héroe y jefe militar de la Guerra de la Restauración, fue Gregorio Luperón, y sin duda, fue un héroe y un jefe militar. Además el prestigio que Luperón conquistó en esa guerra iba a llevarlo al liderazgo del Partido Azul; pero el gran jefe guerrero fue Gaspar Polanco, a quien se menciona de tarde en tarde como si tuviera menos categoría que Benito Monción, y lo cierto es dice Bosch, que si una mano poderosa hubiera podido sacar a Gaspar Polanco de la fila de los restauradores en los primeros veinte y un días de la guerra, es casi seguro que la historia seria el día de hoy otra. Gaspar Polanco fue, antes de restaurador, general de caballería de las fuerzas españolas, pero dominicano, soldado de las guerras contra Haití en las cuales alcanzó el grado de coronel y fue ascendido por Pedro Santana al de General de Brigada. Era de origen campesino nacido en un paraje de Guayubin, Corral Viejo. Nunca había aprendido a escribir ni siquiera su propio nombre, lo que a nuestro entender -añado yo-influyópara que sea excluido por algunos historiadores. A pesar de que Gaspar Polanco tenía las más extraordinarias condiciones de jefe de armas y valor que hasta el año 1863 se habían reunido en un dominicano, si partimos de las hazañas de sus hechos en batalla.

El profesor Juan Bosch en su inmemorable discurso en los actos que le tocó encabezar en el centenario de la restauración el 16 de agosto de 1963 siendo presidente de la República, decía que los restauradores conquistaron la libertad para todos los dominicanos. Y que nosotros tenemos que darle a esa libertad nacional la sustancia necesaria para que nuestro pueblo pueda sentarse en primera fila entre los pueblos libres de América y pueda hacerlo con justificado orgullo cuando sea una plena realidad esa sustancia, que es la justicia social, aún pendiente de hacerse realidad en la patria de Duarte, Bosch, Manolo y Caamaño. Siempre me he preguntado ¿A qué se debió tanto interés y ahínco del profesor Bosch a esta epopeya de la vida nacional? ¿Qué ha querido Bosch enseñar? Y he concluido pensando que se ha debido a que Bosch quería dimensionar el papel del pueblo en esa guerra restauradora que insistió permanentemente en que fue de alto contenido social, político y popular de carácter de liberación nacional no hecha por el capricho y los intereses particulares de un caudillo.

Por Domingo.com/la Revista

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