La debilidad social e institucional viciaba las acciones que pretendían impulsar el progreso. «[…] las continuas revueltas armadas —observa Juan Bosch— causaron tantos males al país que contribuyeron a impedir su desarrollo. En una forma o en otra, todos los dominicanos sufrieron las consecuencias de esas contiendas personalistas planteadas y resueltas a balazos».

Por: Diómedes Núñez Polanco

La debilidad social e institucional viciaba las acciones que pretendían impulsar el progreso. «[…] las continuas revueltas armadas —observa Juan Bosch— causaron tantos males al país que contribuyeron a impedir su desarrollo. En una forma o en otra, todos los dominicanos sufrieron las consecuencias de esas contiendas personalistas planteadas y resueltas a balazos».


Esas luchas llegaron a constituirse en sucesos tan cotidianos que, durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, pasaron a ser parte de los jugosos negocios que realizaban los comerciantes europeos del Caribe.


En 1869 el ministro de Finanzas (Hacienda) del gobierno de Buenaventura Báez señalaba en unos 10,801,893.00 pesos las deudas activas y pasivas del país. Que de ellas ocupara el tercer lugar la titulada «Deuda por concepto de Revoluciones» (399,589.00 pesos),da una idea de la importancia que tenían las insurrecciones en la época.


Los centros comerciales del Caribe, cuyos dueños eran casi todos europeos, probablemente obtenían tanta ganancia con el financiamiento de revoluciones como con sus transacciones mercantiles.


En correspondencia con la desnaturalización de esas luchas, el profesor Bosch ha profundizado en sus causas: En agosto de 1966 me dolía de las interminables guerras civiles que había padecido el país, y La Mañosa, escrita algo más de treinta años antes de esa fecha, era la expresión novelada de ese dolor; pero para ese mes de agosto de 1966 ignoraba la causa de esas guerras civiles tanto como la ignoraba cuando escribí la novela; y en agosto de 1968 estaba diciendo, en Composición social dominicana, que la causa de nuestras guerras intestinas era la lucha de clases, una lucha de clases que carecía de orientación ideológica y que además se llevaba a cabo entre capas diferentes de una numerosa pequeña burguesía que peleaban a muerte porque la guerra civil fue, durante muchísimo tiempo, el canal de ascenso social más seguro que conocía el país.


Sería al final de sus «Palabras para la edición especial» de la obra, cuando Bosch puso definitivamente el dedo en la llaga de la razón profunda de ese caos permanente de las asonadas. Luego de señalar «la sensación de inutilidad de nuestras mal llamadas revoluciones», colocó sobre la mesa una granada con la espoleta desprendida: «Gracias a ellas hubo hombres que ascendieron socialmente, pero fueron tan contados que no cuajaron en una burguesía, y sin una burguesía que lo dirigiera el país no tenía salida histórica».


Una clase social de ese peso solo podía surgir con considerable acumulación de capitales tanto en bienes económicos como en recursos humanos. En un siglo el país se ha transformado, especialmente en las últimas cuatro décadas. De una población de 894,665 habitantes en 1920, se cuenta hoy con alrededor de 11 millones.
Las rancherías y bohíos en que habitaba la mayoría de los dominicanos, a principios de siglo XX, han disminuido considerablemente; solo en el año 2000 se consumió más cemento por metro cuadrado de construcción que cualquier otro país de América Latina y Canadá.


En 1963, a un siglo de la Revolución Restauradora, el presupuesto de la República era de 176 millones de pesos, y 37 años después, el del 2000, ascendió a más de 51 mil millones.33 Desde 1905 hasta 1947 el dólar estadounidense era la moneda oficial del país.


Fue en ese último año, con la fundación del Banco Central, que se creó el peso oro dominicano. Apenas pocos años antes, se habían instalado entidades financieras estatales, como el Banco de Reservas de la República Dominicana, en octubre de 1941, y el Banco Agrícola e Hipotecario, en 1945. La primera entidad financiera importante de capital privado vino a fundarse en 1963, el Banco Popular Dominicano. Hoy, entre bancos y financieras, funcionan más de cien.


República Dominicana ha dado un gran salto en términos de acumulación de riquezas e inversiones. En ello Bosch ha jugado su papel: las ejecutorias de su breve gobierno, la Constitución de 1963 y su aporte al desarrollo del ejercicio democrático, con la fundación de dos partidos que han contribuido de manera estelar con el avance de las libertades públicas y el ordenamiento de la sociedad.


Hay notorios progresos en la capitalización del país al encontrarse en la etapa de transición política y económica que, en función de la naturaleza y el ritmo del proceso y lo ha conducirlo hacia mayores niveles de bienestar.

Por Domingo.com/la Revista

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