“Olore, bajo y petes” entre dominicanos (2)

César Nicolás Penson Paulus

Nuestra rica cultura recoge, con sentido de la lógica, todos los aspectos de la cotidianidad, de los elementos de la vida común del criollo, del acontecer diario de nuestro folclórico medio, que se transporta a todo espacio que un dominicano ocupa. Ello nos identifica y crea el lazo común que une a pesar de las diferencias económicas, de ambientes, de barrios, de color, de lugar de residencia.

El olfato, uno de los cinco “sentidos”, ha delineado expresiones para definir las características de olor cuando se refiere a perfume o que resulte grato o “bajo”, cuando se trata de uno que resulta desagradable. En cambio, el diccionario lo define bajo como: “Que tiene una altura inferior de lo que se considera normal o inferior en comparación a la de otra cosa de su misma naturaleza. Un sinónimo nuestro es el “malolor”, el “bajo’a…” para representar el olor que despide un ser, animal o cosa. Hay que dice que “tiene un bajo’a decuido” cuando el asunto se trata de “conflictos” con la higiene personal.

El “bajo’a macutico e’pecador; a “bragueta e’cura” o a “verija e’quécher”, intentan definir una “familia” de tufos propiciados por la escasez de “jabón de cuaba”, en el cuido de la ropa interior.

Existen olores propios de los sexos: El “bajo’ a cuca” y el “bajo a bacalo” se refieren a los “descuidos” higiénicos en las partes íntimas femeninas y el “bajo a borsa” cuando de hombres se trata.

El “bajo’a boca” que sin existir halitosis, mal aliento y otros males propios de la “jeta” o de la “chemba”, resulta característico de teléfonos públicos y de artefactos de uso de varias personas. Quizás la fetidez característica más común, es la que producen las axilas, hediondez a la que llamamos “grajo”. “Tiene un violín…” ó “un machete” se decía en círculos de alta sociedad, para referirse a la pestilencia del “sobaco”, cuando no había sido apropiadamente “vacunado” con un desodorante apropiado y en casos extremos, “Litargirio” (óxido simple de plomo) que, aunque efectivo, hoy lo sabemos muy dañino por tratarse del metal “mentao”.

El “bajo’a chinchilín” implica un hedor poco definido pero desagradable por más. El nombre le viene de la avecilla de negro plumaje brillante y ojos amarillos, (Quiscalus Niger) súper abundante en la zona norte y en la zona este del país, especialmente en los “resorts” donde tienen comida abundante. El “bajo’a pollo mojao”, propio del sudor humano, sobre todos de jóvenes “tinegers” con abundante carga hormonal activa. Cuando la cabeza exhala sus “humores” propios de la falta de “champú” se dice: “le jiede er caco”. Cuando no se quiere herir sentimientos, se dice: “le sale un mariquito a…” para señalar una fetidez evitable…

César Nicolás Penson Paulus

El Caribe

Por Domingo.com/la Revista

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