Diómedes Núñez Polanco


En varios de sus discursos de entonces, en su libro Crisis de la democracia de América en la República Dominicana y en otros momentos de su intensa y agitada vida política e intelectual, Juan Bosch hizo hincapié en la rapidez, o como él señalaba, “…estamos obligados a avanzar de prisa..”, en el proceso de impulsar el desarrollo y la transformación del país, para así recuperar el tiempo perdido como consecuencia de nuestras vicisitudes históricas, que han situado a la sociedad dominicana en nivel de debilidad espantosa y, a veces, hasta de postración, pero que ha podido, en otras tantas ocasiones, levantarse y renacer de sus propias cenizas.

Su visión y actitud explican que Bosch y sus colaboradores, en esa época con el Partido Revolucionario Dominicano, hayan podido realizar, en tiempo récord, tantas cosas importantes: “nunca se hizo tanto en tan poco tiempo”, en lo que fue la campaña electoral hasta lograr el triunfo del 20 de diciembre de 1962, y en lo atinente a los siete meses de Gobierno, unos 210 días de administración eficiente, democrática y patriótica.

El período desde el ajusticiamiento de Trujillo hasta el 19 de noviembre de 1961, fecha en que huyen del país los familiares del sátrapa vinculados a la tiranía, y la petición de protección de Joaquín Balaguer en la Nunciatura Apostólica, el 21 de enero de 1962, fue marcado por manifestaciones y huelgas exigiendo su salida. Es en ese turbulento escenario en el que Bosch y sus compañeros desarrollan sus actividades.

Por su parte, Bosch planteaba la lucha de ese momento como social, por mejores condiciones de vida, no política; lo que definía la sociedad entre Tutumpotes e Hijos de Machepa.
Además, el liderazgo de Bosch era adversado por amplias áreas del empresariado y de la jerarquía católica, pero la prédica de esta última de que él era comunista fue desmontada en la histórica polémica radial y televisiva que lo enfrentó al padre Láutico García, la noche del 17 de diciembre de 1962, tres días antes de las elecciones generales. Su aliada y base de sustentación política en ese tiempo fue la gran masa del pueblo.

Tras 23 años de exilio, aunque siempre se mantuvo espiritual y emocionalmente vinculado al país, al líder del PRD de entonces le correspondió a su llegada informarse en el nuevo escenario. Y empezaría a realizar contactos con diversos sectores de la nación: gobierno, sindicatos, empresarios, iglesias, partidos políticos, figuras emblemáticas del antitrujillismo, academia, etc. Por su trascendencia histórica, se destacan las reuniones celebradas con el entonces mayor Rafael Tomás Fernández Domínguez y el general Miguel F. Rodríguez Reyes.

DIÓMEDES NÚÑEZ POLANCO

Diomedes Nuñez: El regreso de Bosch, 60 años después/ IV entrega