Jesus de la Rosa

El 29 de noviembre recién pasado, el historiador doctor Euclides Gutiérrez Félix afirmó, delante de oficiales y de altos mandos militares de la nación, en una conferencia que pronunciara con motivo de la celebración del centésimo sexagésimo segundo aniversario de nuestro glorioso Ejército Nacional, que el fundador de esa institución había sido el cacique Enriquillo. La ocurrencia tuvo lugar en el Salón de Actos del local que ocupa la Secretaría de Estado de las Fuerzas Armadas.

Debemos de puntualizar algunos extremos de lo expresado por el reputado intelectual y alto dirigente del oficialista Partido de la Liberación Dominicana. Quisiéramos comenzar por referirnos a la evolución histórica del ejército a través de los tiempos; pero, no disponemos de espacio para hacerlo.

Según la Real Academia «ejército es el conjunto de fuerzas militares de una nación».

En su concepción más general el término ejército envuelve «un concurso numeroso de gente con propósito más o menos circunstancial». Así interpreta ese vocablo el historiador Euclides Gutiérrez Félix cuando afirma que el cacique Enriquillo era un militar que condujo un grupo de ejército integrado por indígenas y por negros insurrectos.

Pero, lo que los militares entendemos como ejército tiene un significado muy distinto a lo que el doctor Euclides Gutiérrez entiende como tal.

El ejército, en su sentido estricto, ofrece como características la organización, la jerarquía y la disciplina.

El ejército, como institución de carácter permanente y pública, debe servir a la defensa del territorio nacional, conservando su independencia e integridad.

El grupo de insurrectos que encabezó el cacique Enriquillo no está definido como ejército en la terminología castrense como lo están los ejércitos regulares, nacionales, mercenarios, coloniales, etc. Y, al igual a como han hecho con el significado del vocablo grupo guerrillero, los teóricos de la guerra lo colocan en el campo de las vaguedades.

La causa de la exclusión de estos grupos de la terminología castrense puede atribuirse al carácter de ocasionales y fugaces de éstos y al hecho de que en sus postrimerías, esos grupos tienden a fundirse con los propios ejércitos, a cuya categoría podrían elevarse por efecto de su propia evolución.

La historia de las instituciones militares dominicanas tiene encastrada la milicia popular; y en su rico abolengo guerrero aparecen y reaparecen milicias. La República Dominicana desde su fundación en 1844 hasta noviembre de 1916 fue la patria de la montonera, de los salteadores de camino, de los guerrilleros, y, por antonomasia, la de los ejércitos populares. No obstante, siempre será dado establecer una diferencia entre un ejército propiamente dicho y un grupo de insurrectos que lucha por una causa por más noble que ésta fuera.

Ni el integrante de una banda ni el miembro de una guerrilla puede calificarse de militar porque ni la banda ni la guerrilla son ejércitos. Por ello, en un conflicto bélico entre países, concretamente durante el desarrrollo de la Segunda Guerra Mundial, a los guerrilleros prisioneros ni a los civiles combatientes se le reconocía el estatus de prisioneros de guerra. Simplemente, se procedía a fusilarlos sin preguntarle siquiera como se llamaban.

El cacique Guarocuya (Enriquillo), aunque muy españolizado -leía y escribía latín y hablaba castellano- conservó las «malas mañas» de sus progenitores indígenas por lo que se alzó junto a otros de su raza y dejándose acompañar por otros que no eran de su estirpe.

Si bien es cierto que el cacique Enriquillo entabló en la sierra de Bahoruco una lucha contra el conquistor español en defensa de los derechos de los aborígenes no significa que fuera militar ni mucho menos que comandara un ejército.

Lo planteado por el historiador Euclides Gutiérrez podría interpretarse mejor estableciendo comparaciones y similitudes entre la insurrección de Enriquillo y las batallas libradas por los ejércitos dominicanos en la guerra de la independencia y en la Guerra de la Restauración. También, si observando las características del Ejército Constitucionalista y las de las tropas de San Isidro en la Revolución de Abril de 1965. Trataremos de hacerlo cuando nos volvamos a referir a este tema.

Hoy

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