La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es 24294407_10208047869232808_3383947903669641853_n.jpg
Papa Francisco

Hay expresiones que surgen y quedan para todos los tiempos. No hablo  de frases comunes; de ese reiterado, digamos, “no somos nada”, que escuchamos invariablemente en todos los velorios ni de aquel “estaba escrito” que se esgrime a modo de conformidad. No aludo tampoco a los refranes, dichos sentenciosos que encierran siempre una sabiduría y generan enseñanza.

En video, El Bodeguero

Por: Ciro Bianchi Ross

Publicado en: Apuntes del cartulario

En este artículo: Cuba, Cultura, Historia, Historia de Cuba, La Habana

Eduardo Abela. Foto: Arte Cubano

Quiero referirme a esas frases que, en una circunstancia  dada, brotan del ingenio popular y que luego se usan más allá del evento que le dio origen. Hay muchas en Cuba, como debe haberlas en cualquier otro país, y las incorporamos a la conversación sin que conozcamos a veces de dónde proceden.

Imagino que no sean muchos los que sepan cuándo y por qué surgió la frase “la caña a tres trozos”. O aquella de “la culpa de todo la tiene el totí” ni otra que habla de “cambiar la chiva por la vaca” para significar un negocio desventajoso.

¿Sabía usted, por ejemplo, que la expresión “a cajas destempladas”, que equivale a decir que se despidió a alguien en mala forma, se asocia al garrote, aquella máquina de matar que estuvo vigente en la Isla durante un siglo después de su introducción en1832? Pues así es. Caja es sinónimo de tambor y una ejecución en el garrote se anunciaba con el sonar de tambores de parche flojo, no tirante.

Son a veces los humoristas y los compositores musicales los que crean frases que perviven. Sin ir muy lejos, ese “toma chocolate”, estribillo de un sabroso chachachá popularizado por la orquesta Aragón, ha servido de manera proverbial para recordar a alguien el pago de una deua, el cumplimiento  de una promesa. La palabra “guataca”, como sinónimo de adulador, la estampó el dibujante y pintor Eduardo Abela en tiempos de la dictadura de Machado. Y fue Abela asimismo quien, también en esa etapa, puso a circular la voz “guayaba” como equivalente de mentira.

La aduación a la figura del déspota llegó a la abyección, lo proclamaron “primer obrero de la patria” y le dieron el título de Egregio. Se cuenta incluso que en una ocasión en que preguntó la hora, le respondieron: “La que usted quiera, General”, mientras que el senador Wifredo Fernández le susurraba al oido: “Gerardo, ha comenzado tu milenio”. Y en el Aula Magna de la Universidad de La Habana (la única que había entonces) cuando le confirieron el título de Doctos Honoris Causa, el rector, que hacía el elogio del homenajeado, detuvo en un momento su parrafada, elevó lo ojos como para buscarlo en el cielo y exclamó: “Perdóname, Martí, pero Machado te ha superado,

Abela captó la seña y en sus dibujos empezaron a aparecer personajes que, azada en mano, despejaban el camino por el que transitaría el dictador. Llegó más lejos y en uno de sus cartones escribió al pie: “Porque los maestros saben inspirar a esos niños, los hombres del mañana, cariño y respeto para el Presidente de la República”, y en la imagen se veía a alguien que repartía guatacas entre los estudiantes. Dice en otro de sus cartones: “Diez vagones cargados de guayabas han salido para el Norte”, y los vagones del dibujo llevaban estos letreros: “Los maestros retirados cobran puntualmente”; “Las libertades públicas están garantizadas”; “El pueblo está conmigo”.

Por Domingo.com/la Revista

Tiene por propósito poner a disposición de nuestros amigos lectores temas e informaciones de carácter social, económico, político, entre otras variedades que le permitan tener informaciones veraces y oportunas para su formación e información. Por igual, nos proponemos empoderar a nuestros amigos lectores de conocimientos de prácticas de salud para una vida placentera y productiva.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: