«El Tratado, ratificado el 30 de mayo de 1848, estableció que México cedería la mitad de su territorio: la totalidad de lo que hoy son los estados de California, Nevada, Utah, Nuevo México, Texas, Colorado, Arizona y partes de Wyoming, Kansas y Oklahoma», recordó la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en un comunicado.

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El 2 de febrero de 1848, hace 174 años, se firmó el Tratado de Guadalupe Hidalgo que puso fin a la guerra entre México y Estados Unidos, una decisión que cambió el panorama de ambas naciones de manera radical.

«El Tratado, ratificado el 30 de mayo de 1848, estableció que México cedería la mitad de su territorio: la totalidad de lo que hoy son los estados de California, Nevada, Utah, Nuevo México, Texas, Colorado, Arizona y partes de Wyoming, Kansas y Oklahoma», recordó la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en un comunicado.

El investigador del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM Alfredo Ávila recordó que el tratado puso fin a la invasión estadounidense, primero desarrollada contra Tamaulipas, Nuevo México, California y Nuevo León, luego con bloqueos a los principales puertos del país y finalmente en un avance desde Veracruz hacia la Ciudad de México.

Estas hostilidades obligaron al Gobierno mexicano a salir rumbo a Querétaro para continuar la gestión política del país. Tras la derrota, la salida era la cesión obligada del territorio, recordó Ávila, que se firmó con un gobierno mexicano dividido, pues había sectores que querían mantener la resistencia mediante la guerra de guerrillas.

La responsabilidad política de la división territorial, consideró Ávila, fue la Cámara de Diputados, que promovió la firma y el reconocimiento del tratado.

La negociación también ordenaba el pago de indemnizaciones por el territorio perdido, que contemplaba seis millones de dólares de entonces, además de que Estados Unidos erogó otros cinco millones de dólares a sus ciudadanos con reclamos contra el Gobierno mexicano.

El artículo 11 del tratado, recordó el historiador, obligaba al Gobierno estadounidense a controlar las tribus indígenas transfronterizas, que hacían pillaje en México y regresaban a territorio en Estados Unidos.

«México renunció a ejercer su soberanía en la frontera, dejándola en manos de los estadounidenses. El resultado es que los norteamericanos le pusieron mayor atención a zonas demasiado pobladas, como Texas, e hicieron poco caso a Nuevo México, con poca población», distingue la universidad.

Tomado de Sputnik

Por Domingo.com/la Revista

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