Como dijo Henry Kissinger “el mayor afrodisiaco es el poder”, no hay nada más expectante ni más atrayente para una mujer que tener a su lado un hombre con poder, sin importar que su apariencia física no sea atractiva, siempre y cuando sea visible su poder.

José Francisco Peña Guaba es el autor de Reflexiones atrevidas.

Como dijo Henry Kissinger “el mayor afrodisiaco es el poder”, no hay nada más expectante ni más atrayente para una mujer que tener a su lado un hombre con poder, sin importar que su apariencia física no sea atractiva, siempre y cuando sea visible su poder.

Desde tiempos inmemoriales la mujer ha sido atraída por los hombres de poder y riqueza, se ha comprobado que no es solamente el interés económico, el arribismo o el oportunismo, es el que hace una mujer caiga rendida ante esas excepcionales condiciones, expertos demuestran que en verdad las damas se llegan a enamorar de estos hombres por su inteligencia, su capacidad de protección, su conversación interesante, su nivel cultural, su entorno social, su vida resuelta, y sobre todo su imponente autoestima que irradia un magnetismo atrayente hacia la mujer que siente que por él tener más poder, estabilidad económica e influjo social, es dueño de un “halo mágico” que lo hace más viril.

En la lógica histórica de la mujer escogida por un hombre de poder, esta se siente importante con cualidades especiales, porque al estar a su lado esto la hace sentir que también son poderosas, tanto que terminan influyendo decididamente en él y en muchos casos, el poder inmenso de ese hombre, está sujeto a la consideración, opinión, consejo u aprobación de su amante, compañera de turno.

La erótica del poder está más que comprobado, según los especialistas en el comportamiento humano, la mujer de verdad se enamora, ama al hombre poderoso que a la vez le hace fuerte a ella, porque junto a él, su compañero, ella se siente así misma también valiosa.

Esto siempre ha sido así y los anales de la historia recogen millares de tan naturales y normales casos, el hombre de poder es pues deseado por casi todas las féminas, es la paradisiaca oportunidad a la que todas las mujeres aspiran, mucho más en esta nueva sociedad líquida, donde los comportamientos tradicionales han cambiado y se degeneran o se degradan a efecto de una sociedad, que está imponiendo nuevas reglas triviales de conducta, que conduce a un nuevo modelo de vida light, insulsa e insustancial, casi siempre de interés nocivo y mercurial que cada día se pone más al descubierto; lo que ha construido mujeres ambiciosas que usan sus encantos físicos solo para seducir a hombres acaudalados, buscando al final que estos terminen con la cartera vacía.

El erotismo del poder o la parecida sapiosexualidad de la atracción de la mujer por la inteligencia, es algo muy diferente, que se cae ante el muro de la vergüenza de la más infame de las acciones femeninas, la de la venta de caricias o de servicios sexuales en búsqueda de grandes retribuciones económicas, es ese carácter bursátil o comercial del sentimiento, donde como en cualquier mercado de valores, se compran y se venden favores amorosos o de deliciosas compañías, como las que ofrecen las escorts.

Muy a diferencia de las mujeres en el pasado, a las que de verdad les atraían el poder, están las hoy conocidas como “chapiadoras”, que solo les interesa el dinero fácil, cuyo Dios es la plata y todo lo que se puede alcanzar con la misma, estás sinuosas damas se dedican a ubicar a todo hombre de influencia en esta sociedad, la más de las veces a los altos integrantes del gobierno de turno o a la caza de un viejo rico nacional o extranjero deseoso de febril acompañamiento.

Esta nueva clase de mujeres son las amantes furtivas y efímeras del poder, porque solo están con el hombre mientras le puedan sacar provecho, ya que lo único que le interesan es elevar su nivel social para vivir una vida llena de comodidades, lujos y placeres, a estas no les interesan los problemas sociales ni económicos de su país, son indiferentes a la injusticias y su único afán es acumular dinero con el fin de darse la gran vida a costa del abultado bolsillo de su amante de turno.

Las mismas le siguen el rastro al dinero cómodo y hoy son parte fundamental en todo el entramado corruptor de la Nación, porque donde está la mano larga de la corrupción, el lavado y el narcotráfico, siempre estará el chapeo femenino presente, haciendo galas de su amorfa y amoral conducta siempre en búsqueda de la oportunidad de hacerse de fortuna fácil, ofreciendo para ello sus servicios sexuales como monedas de cambio, asistidas para esa labor casi siempre en sus sensuales planes, de la mano de los cirujanos estéticos que le hacen tener el cuerpo que ellas desean, con tal de agradar a su pareja de momento.

Estas hurgan en el lascivo interés masculino, para hacerse notar para amarrar por medio de una madeja de estudiadas y adquiridas habilidades sexuales, con la intención aviesa de lograr que estos hombres de poder caigan rendidos ante sus lujuriosos encantos, que llevan a estos caballeros a entregar espontáneamente sus billeteras para uso y disfrute de estas eficaces cortesanas.

Estás damiselas están desprovistas de alma, tonto el que piense que ella lo ama, porque solo buscan como objetivo el atrapar a su presa, para sacarle todo ¡cuánto puedan, mientras puedan!, por eso le es más atractivo y beneficioso el levantarse un alto funcionarios público, porque éstos les permiten accesar a los caudales estatales, que por no ser de nadie en particular, no tienen quien al momento vele por ellos, convirtiéndose esto en terreno fértil de las libidinosas mozas que buscan hacer suyo lo ajeno.

Antes los hombres de poder eran mucho más prudentes, experimentados y por ende cuidadosos, por lo que siempre trataban de mantener aisladas a estas doncellas de su quehacer laboral, pero estás saben donde está la ruta del dinero, y buscan afanosamente acercarse a él, es por eso que obligan a sus amantes funcionarios en la gran mayoría de los casos a que la hagan parte de su staff de colaboradores, así hacen que sus funcionarios amantes la designen en sus instituciones, para que ellas puedan beneficiarse de las acciones, operaciones y actividades gubernamentales; es por ello que las nombran en posiciones delicadas, para en la menor oportunidad que le depare el destino hacerse mangantes de los fondos públicos.

Ellas forman parte del gran ejército (junto a la sociedad civil, popis, oportunistas, familiares e inversionistas electorales) de los que han sustituidos a los políticos de oficios, los verdaderos artesanos del poder, de los cargos públicos, porque le será casi imposible a un dirigente o cuadro político por meritorio que esté sea, competir con los atributos de estas casi modelos de pasarelas, la verdad es que el chapeo esta en boga, porque esta tan enferma esta sociedad del desenfreno que todas las manifestaciones de inmoralidad se ven ya como normales, por entenderse que les asiste también a estas voluptuosas damas, el tan acostumbrado “derecho a búsqueda”.

El problema no es el chapeo privado, que solo se siente en los bolsillos del empresario o del famoso deportista u artista, ni del lavador o narcotraficante, a los cuales les puede sobrar por mucho el dinero y se pueden dar el lujo de comprar a presupuesto abierto estos sugerentes y adictivos servicios femeninos, pero cuando estas ambiciosas damas llegan a tener acceso, a través de sus tórridas relaciones con el poder y terminan por convertirse en amante de un alto funcionario estatal, estás se acercan al manejo de los dineros públicos, haciendo de las suyas para con su insaciable e interminable apetencia, lograr hacerse de fortuna, afectando con ello a todos los ciudadanos que pagan impuestos.

Muy a diferencia del erotismo del poder que tiene sus códigos, que se alimenta de la pasión y de la admiración que encandila el corazón de una dama que aspira a lo alto, pero con normas y con mucha prudencia, porque el dinero en estos casos es una herramienta no un fin, muy por el contrario a lo que sucede con el actual comportamiento agreste y desproporcionado de la llamadas “chapiadoras”, término en peyorativo, propio de nuestra jerga dominicana, que infiere a describir a la mujer cuya única prioridad y objetivo es obtener dinero o bienes materiales de su pareja o de personas con las cuales tiene una relación sentimental.

Hoy por hoy, no hay nada que sea más buscado, demandado y perseguido por estás féminas, desde hace un buen tiempo, que un alto funcionario público, porque estas meretrices saben que si lo cazan eso es lograr un triple play, ya que obtienen de manera casi simultánea dinero, influencias y capital relacional, lo que les abre las puertas a una especie de paraíso terrenal para ella y sus familiares más cercanos, claro está, este es un vuelo corto principalmente para el funcionario público, pues solo disfrutará del placer de ese deleite libidinoso, el mismo tiempo en que dure en el cargo o posición, ya que este especie de sortilegio mágico desaparecerá de inmediato como por arte de magia, cuando éste pierda la posición designada.

El juego de la seducción se esfuma cuando el glamour y la parafernalia del efímero poder del funcionario se va, cuando termina la vigencia de los decretos y los militares a su servicio se retiran y se ponen a la orden de los nuevos jefes de turno, así mismo de rápido e impetuoso es el apartamiento de esa compañera de ocasión, que ve terminar su agradable y productiva labor, ya que no existe interés por parte de ella, en mantener esa oportunista relación después que su amante perdió el cargo.

Lo peor es que cada día crece más ese sórdido mercado laboral, y mucho más cuando se paga con recursos públicos, convirtiéndose estas en depredadoras del erario nacional y finalmente de la honra de sus amantes funcionarios que extasiados en su frenesí sexual, la llevan a las posiciones, y que después tienen que pagar éstos sus escandalosos estragos, como los connotados y abusivos casos que se dieron en el gobierno anterior, en donde de manera infame algunas de estas novias de la oportunidad, sacaron fortunas inmensas, por la que hoy paga en brutal desprestigio la partidocracia nacional.

Este creciente deterioro moral ha creado a estas depredadoras de fortunas que buscan también a adinerados hombres de edad, que lo asumen como proyecto para enquistarse y cebarse en ellos, hasta lograr quitarle todo lo que más puedan, estas habilidosas mujeres han logrado desde hace ya varios años entrar al funcionarato público, para en connivencia con su entregado amante funcionario también hacerse beneficiaria de los inmensos recursos gubernamentales.

Hay que admitir que las codiciosas chapis están de moda y que estas tienen los cuerpos más esculturales del país, porque están milimétricamente hechas de arriba a abajo, como ordenadas a una fábrica, para el disfrute de su dueño temporal, que está más que claro, que es el que paga esas artísticas adecuaciones corporales.

En todas las tertulias políticas propias de nuestra proverbial idiosincrasia, en comentario banal por parte de los contertulios, salen a relucir las amantes de los altos funcionarios a las cuales les ha ido o les va de maravilla, porque estás, sin tener que hacer militancia partidaria, ni campaña electoral y mucho menos agenciar votos, son las reinas en las instituciones públicas, simplemente porque ejercen el lascivo y controlador poder de la cama.

En honor a la verdad hay que admitir, sin embargo, que ellas no son las únicas que se dedican con ansiedad a la búsqueda del dinero fácil, ya que no existe paralelismo más auténtico y sincero que el que expresó hace años en un artículo de opinión una joven de apellido Liranzo, en donde critico acremente a esas mozas del placer, pero sin defender su impúdica actuación, significó también que no solo ellas actuaban de esa manera, y creo estar muy de acuerdo con la articulista cuando definió: “Como puede observarse, algunos políticos y funcionarios se enamoran del Estado, lo toman de novio, lo conquistan, le cogen cariño y lo asumen como pareja, por conveniencia y beneficio, e igual que las chapiadoras estos “chapeadores”, buscan que el Estado lo mantenga de todo”.

JOSÉ FRANCISCO PEÑA GUABA

Por Domingo.com/la Revista

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