Evgueni Vodolazkin: El autor ruso ha presentado en Madrid la edición en castellano de ‘Laurus’, su gran obra. Situada en el siglo XV, la novela recorre varios puntos del mapa mientras habla de amor o espiritualidad.

Alberto García Palomo

Corresponsal en España

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Considerado «el Umberto Eco ruso», Evgueni Vodolazkin aún arrastraba una laguna: su gran obra, Laurus, no tenía edición en castellano. Una década después de su publicación, cuando sus libros ya estaban en más de una veintena de lenguas, ha podido cerrar ese agujero. La novela sobre un médico rural que recorre el siglo XV tratando de curar la peste ha visto, por fin, la luz. Armaenia acaba de publicarla gracias a la traducción de Rafael Guzmán.

Para celebrar el acontecimiento, la Casa Rusa en Madrid celebró un encuentro con el autor. Vodolazkin aprovechó la ocasión para reivindicar el papel de la literatura como «producto interior». «De alguna manera, los escritores somos embajadores. Cada obra está creada para su propio pueblo. Si alguien quiere conocer la cultura rusa, debe acercarse a sus novelas», incidió a quien definieron como «un clásico vivo».

Hilvanando anécdotas sobre su pasado como estudiante en la URSS o su papel en la Universidad, Vodolazkin se refirió a Laurus como un relato que se cataloga de histórico solo porque en la solapa dice que es así. «Habla de la actualidad. Porque se puede hablar de la actualidad desde diferentes ángulos. Desde la contemporaneidad, contando lo que se ve, hasta desde otro punto pasado en que aún no puede verse», sostuvo el experto en historia y folclore de la Rusia medieval.

Nacido en Kiev en 1964, el autor de otros superventas como Brisbane o Aviador afirmó que no quería erigirse como «un enemigo de lo nuevo». «Soy una persona que se dedica a la Edad Media rusa, y estoy convencido de que este periodo no es tan terrible como nos cuentan«, matizó Vodolazkin, que dibuja un viaje de redención y espiritualidad a lo largo de varios años en medio de plagas.

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Un trayecto que transita el protagonista, un joven curandero, por zonas aisladas y urbanas de Rusia. Lo hace el protagonista modificando su nombre y atravesando duelos o dichas mientras conecta con su fe. Además, esa faceta benevolente es la que, según apuntó, le otorga una rareza al libro. «Me dio en la cabeza escribir sobre un hombre bueno. Y parece que eso no interesa en la literatura. Es una especie de vida de santos y, sin embargo, los canallas entusiasman, son más atractivos y artísticos. De alguna manera, el éxito del libro es que no tiene héroe», bromeó.

«Si quieres insultar a alguien, le dices que es medieval, pero no fue en esa época, por ejemplo, cuando se quemaron a las brujas. Eso sucedió en el siglo XVI o XVII», defendió el autor. «Y con el tiempo se ha dicho que el hombre es la medida de todas las cosas; también lo era entonces, con un añadido: las cosas eran proporcionadas por Dios. Y se enorgullecían de la vida porque era un regalo suyo», comentó el autor, residente en San Petersburgo.

Vodolozkin enfatizó el carácter divino del libro y, de ahí, su velada comparación El nombre de la rosa y Umberto Eco. Ambos están basados en un siglo pretérito y tienen un componente espiritual. Algo que el miembro del departamento de Literatura Rusa Antigua de la Casa Pushkin desde 1990 quiso aclarar su postura: «Antes, ser creyente era peligroso», reflexionó sobre cómo se crio en el ateísmo en medio del régimen soviético, «pero incluso los agnósticos se plantean qué hay detrás del ataúd, cuál es el sentido de la vida».

El protagonista, un joven médico, camina por zonas aisladas y urbanas de Rusia mientras altera su nombre. Lo hace después de que su padre, curandero y maestro suyo en un pequeño pueblo ruso, fallezca sin poder remediarlo. Por eso va cambiando su forma de ser, su maduración, en tramos que se separan como libros. Están el del «conocimiento», el de la «renuncia» o el del «reposo»: sobre todos sobrevuela el recurrente tema del autodescubrimiento, de la iluminación ante los desafíos cotidianos.

Basado en un siglo donde se propagó la peste, Vodolozkin aclaró que no se puede leer ahora como una analogía con el COVID-19. «Esas comparaciones son algo forzadas. Entonces la calle estaba llena de cadáveres. Esto es un virus que se ha llevado un montón de personas, pero estoy convencido de que no nos hubiéramos enterado de él si no es por la tele; podría haber sido como un aumento de enfermedades respiratorias», afirmó el escritor, que logró el National Big Book Award y el Yasnaya Polyana Award por Laurus.

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Ganador de varias distinciones estatales y heredero de una tradición sólida de compatriotas literatos, Vodolozkin negó una influencia concreta. «Las fuentes son variadas», advirtió, «y, como en la época, se ha compuesto a pedazos», explicó, matizando que mama de grandes genios como Dostoievski o Bulgákov, pero esa inspiración es solo «el marco».

«Como no soy ninguno de ellos, tuve que escribir esto», concluyó, agradeciendo la valentía porque una editorial se haya atrevido a traducirlo al español. Idioma en el que apenas hay una escueta parte de su producción aunque se también se le compare con Gabriel García Márquez. «Aunque suelen decirme más lo de Umberto Eco», zanjó, añadiendo que una vez se lo confesó al intelectual italiano y él, con lástima, le dio sus condolencias.

Tomado de RT

Por Domingo.com/la Revista

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