Me sorprendo cuando entro a las páginas de un libro y encuentro una hoja perdida, un documento antiguo, una nota manuscrita en papel o en sus márgenes o simplemente una frase subrayada. En esos documentos escondidos aunque no abandonados, encuentro parte de la vida que otros vivieron antes que yo.
Con los libros viajo a otras culturas, épocas, personajes y siento esa nostalgia de los lugares nunca visitados.
Mis libros desde la juventud me han formado y conformado y a veces hasta consolado y como las personas, cada uno tiene un olor diferente, una textura distinta y una piel propia.
Cuando se acaba de leer un libro, por muy baja que sea su calidad, más si esta es alta, uno ya ha incorporado una vivencia nueva, es como una experiencia más en la vida; un enriquecimiento personal que cuaja de distinta forma a otras artes.

Por Domingo.com/la Revista

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