Rusia contra el Imperio de la Mentira


EE.UU. está aplicando la estrategia del desgaste y efecto distractor y desestabilizador contra Rusia y China, a través de la imposición de un sinnúmero de medidas coercitivas unilaterales.

EE.UU. está aplicando la estrategia del desgaste y efecto distractor y desestabilizador contra Rusia y China, a través de la imposición de un sinnúmero de medidas coercitivas unilaterales. | Foto: EFE

Tal parece que para EE.UU. y sus aliados la retórica de la libertad de expresión sólo existe cuando son medios que responden unidireccionalmente al discurso que favorece sus intereses.

Si algo ha evidenciado el actual conflicto entre Rusia y Ucrania es que la desinformación, propaganda mediática, fake news o posverdad, cualquiera que sea el término con que se le defina, se ha convertido en una herramienta geoestratégica de poder blando, empleado por los países occidentales para desestabilizar y crear un entorno de opinión desfavorable para un Estado que consideren su adversario.

En una era de la revolución tecnológica, donde la comunicación global está monopolizada por corporaciones o conglomerados mediáticos occidentales, es comprensible que desde occidente se ha fomentado e instaurado el “Imperio de la Mentira” contra Rusia; y más aún, cuando dichos gobiernos aliados de EE.UU. han censurado y bloqueado a cadenas de comunicación internacional de origen ruso como RT y Sputnik.

Tal parece que para EE.UU. y sus aliados la retórica de la libertad de expresión sólo existe cuando son medios que responden unidireccionalmente al discurso que favorece sus intereses.

El discurso como objeto político posee una dimensión ontológica y es que constituye y moldea al sujeto que lo escucha, adopta y reproduce, formando sistemáticamente hechos u objetos, aunque estos sean falsos o carente de sustento.

La geopolítica en el siglo XXI está mediada por las tecnologías de la comunicación, y en el contexto actual, permite identificarla o comprenderla a partir de qué tanto las grandes corporaciones mediáticas occidentales repiten y fomentan el odio y discurso antirruso, más no hablan o censuran aquellos aspectos que tienden a evidenciar y revelar los verdaderos intereses de los países que apoyan financiera y militarmente al gobierno neonazi de Ucrania.

Lo que muchos no entienden ni aceptan es que el conflicto al que occidente ha empujado a Ucrania, responde y forma parte de la guerra económica que EE.UU. viene promoviendo precisamente contra Rusia y China.

Desde hace décadas el sistema Bretton Woods y estructura económica capitalista están presentando síntomas de crisis estructurales, y mientras EE.UU. atraviesa una grave recesión económica e inflación, China y Rusia han venido presentando superávits y creando nuevas alianzas económicas y comerciales con el resto de regiones del mundo.

EE.UU. está aplicando la estrategia del desgaste y efecto distractor y desestabilizador contra Rusia y China, a través de la imposición de un sinnúmero de medidas coercitivas unilaterales y movilización militar de la OTAN en áreas geoestratégicas o fronterizas de estos dos últimos países, a fin de externalizar efectos negativos en sus respectivas economías. Contra Rusia el peón es Ucrania, y con China lo están intentando hacer a través de la provincia de Taiwán.

Decir que Ucrania está defendiendo su soberanía, es un argumento iluso, porque desde que se efectuó el golpe de Estado promovido por occidente en 2014, se rompió el status de neutralidad que éste poseía, y se instauró un gobierno neonazi que responde directamente a EE.UU., y al resto de miembros de la OTAN, quienes han movilizado enormes cantidades de recursos financieros para la adquisición de armamento militar.

Si existe un país que ha demostrado mayor compromiso a una salida diplomática al conflicto, a través de rondas de negociaciones, es la delegación rusa, no la de Ucrania. La delegación de Ucrania más bien retrasa y obstaculiza las negociaciones “por órdenes estadounidense”, según lo ha indicado el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, aunque los medios occidentales intenten vender otra imagen. Incluso, el reciente acuerdo de establecer corredores humanitarios para evacuar civiles, ha sido una propuesta de Rusia.

A EE.UU. no le conviene exista un acuerdo entre Rusia y Ucrania, sencillamente porque este país norteamericano saca ventaja de la economía de guerra, tal y como lo hizo durante la Segunda Guerra Mundial con Europa, a quienes les vendía armas y suministros de materias primas, además de brindar financiamiento que resultaron en enormes deudas.

La hipocresía de EE.UU. es tan evidente que mientras Biden impuso a Alemania frenar el Proyecto de gaseoducto ruso Nord Stream 2, las compañías estadounidenses continúan comprando petróleo y gas natural a Rusia, aumentando los niveles de importación, de acuerdo a datos brindados por Sputnik. Y paradójicamente, EE.UU. exporta gas a Europa con ventas que han llegado a un 40% más caro que el que la eurozona recibe de Rusia.

También es irónico que mientras la Unión Europea decida aplicar un arsenal de medidas coercitivas e ilícitas contra empresas, bancos y sectores estratégicos de la economía rusa, los diputados de la eurozona decidieran no desconectar del sistema SWIT a dos bancos rusos (Sberbank y Gazprombank) porque son los encargados de realizar las transacciones del gas proveniente de Rusia.

Entonces, es más que evidente que quienes están sacando provecho de este conflicto son las grandes oligarquías y gobierno americano y europeos, quienes a costa del sufrimiento de poblaciones civiles inmersa en el conflicto, y los altos costos en los bienes y servicios de primera necesidad, a consecuencia del mismo, encontraron en el gobierno neonazi de Ucrania al mejor postor para favorecer sus mezquinos intereses.

De igual manera, el discurso de los grandes medios monopolistas occidentales señalan que Rusia ha violentado el Derecho Internacional, sin embargo, es importante observar que los acuerdos y tratados internacionales son instrumentos de Derecho Internacional, y Rusia lleva más de tres décadas solicitando a los miembros de la OTAN que se respetaran los acuerdos contraídos tras la desintegración de la URSS en los 90´s, que indicaban que la OTAN no se extendería hacia el este, y es hasta la fecha, y la OTAN ha realizado “5 oleadas de expansión”, colocando bases militares y sistemas de misiles cercanos a las fronteras de Rusia, ignorando y saboteando las demandas de Moscú.  Siendo Ucrania el objetivo más próximo de la OTAN.

También, desde hace tiempo Rusia venía proponiendo a los Estados europeos la formulación de una “nueva arquitectura de seguridad”, demanda que tampoco fue atendida. Al igual que se desatendieron los reclamos que, por 8 años, el gobierno ruso hizo a la comunidad internacional sobre el genocidio que el gobierno ucraniano estaba cometiendo a población civil en las regiones de Donetsk y Lugansk, en una clara violación a los acuerdos de Minsk 2014 y 2015.

Si EE.UU. y sus aliados de la OTAN piensan que Rusia va a sacrificar su seguridad nacional y verse doblegado ante todas esas medidas inhumanas e ilegales coercitivas aplicadas hacia el pueblo ruso, están muy equivocados.

Rusia se ha propuesto un objetivo de seguridad nacional respecto a las acciones militares de la OTAN en su frontera, que consiste en desmilitarizar y desnazificar a Ucrania, y lo va a cumplir; y más pronto de lo que imaginan, los efectos de esas medidas coercitivas terminarán afectando drásticamente a los mismos Estados europeos y demás países que se han prestado al juego sucio de EE.UU.


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Por Domingo.com/la Revista

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